“Vivir como Dios”:
Salir de la neutralidad
Posiblemente todos hemos escuchado alguna vez la expresión
“Fulano, vive como dios”.
Lo que se quiere decir es que esa persona vive sin problemas, económicos
o de otro tipo. Que hace lo que le da gana sin tener que dar cuenta a nadie.
Que no se inmuta por nada y los problemas de los demás le importan
poco.
En definitiva, tiene el presente y el futuro asegurado y, por tanto, los problemas
le traen sin cuidado.
El que “vive con dios” –y haberlos, los hay- vive encerrado
en su mundo de comodidad, ajeno a lo que pase a su alrededor.
Hace tiempo nos enseñaban que Dios es un ser in-mutable, in-sensible…
que desde “allá arriba” contemplaba impasiblemente la historia,
tantas veces sangrante de la humanidad.
En teoría Dios podía haber sido así. ¿Pero lo
es en realidad?
Ciertamente el Dios de la Biblia no lo es.
Ernesto Duque
Publicado el 03 de
mayo de 2007
En el número anterior hablábamos de Moisés. Podía haber vivido como un príncipe. Pero al entrar en contacto con el sufrimiento de su pueblo salió de su comodidad, dejó de “vivir como un príncipe” para convertirse en un caminante pobre y perdido en medio del desierto.
Y es el desierto donde Moisés se encuentra con Dios. El signo del encuentro es una zarza que arde y no se consume. La curiosidad lo lleva a acercarse. No sabe que va a encontrarse con Dios.
Vale la pena leer el relato. Lo tienes en el libro del Éxodo, al comienzo de la Biblia, en el capítulo 3, desde el versículo 1 al 20. Es un texto fundamental para entender a Dios.
Dios sale de la neutralidad
Dentro de ese episodio nos encontramos con el propio Dios que "sale"
de su cielo, sale de la “neutralidad” para ver la opresión
de su pueblo, sus quejas contra los opresores, sus sufrimientos, y Él
personalmente anuncia que va a bajar a librarlos de la opresión.
Frente a un dios al que los hombres acusamos frecuentemente de vivir cómodamente
en su cielo, el verdadero Dios se nos revela como el que sale de su olimpo
para acercarse al hombre; mejor aún: Dios deja su inmutabilidad para
acercarse al que sufre y librarlo de su opresión. Dios nos muestra
así cuál es su relación con el hombre a la vez que su
actitud se convierte en lección y ejemplo para el hombre.
Dios está dispuesto a jugarse por el hombre que sufre. La prueba más clara será Jesús de Nazaret que se juega su vida por los pobres y oprimidos.
Moisés: actuar desde la debilidad
Es entonces cuando Dios le encomienda a Moisés la misión de
sacar a su pueblo de Egipto. Moisés protesta. Se siente y se sabe débil.
Rechazado no sólo por los egipcios, sino también por su pueblo.
A Dios le cuesta convencerlo de que el único camino de la liberación pasa por la debilidad y no por el poder. Que el mismo Dios ha renunciado al poder, pero que no estará solo.
A regañadientes Moisés acepta la misión que Dios le encomienda. Regresa a Egipto. Va de conflicto en conflicto. Pero al final consigue que el pueblo salga de la esclavitud y se ponga en un largo camino hacia la libertad.
Durante el camino le toca “pelarse”
unas veces con Dios otras con el pueblo. Y cuando están a punto de
llegar a un final feliz, él no lo podrá disfrutar. Lo verá
desde la lejanía.
La misión de Moisés y la misión de la Iglesia
La misión de Moisés será
siempre modelo de la misión de la Iglesia.
Dios dejó de “vivir como dios” para hacerse cercano, solidario,
sensible al sufrimiento del pueblo. Dios vino a caminar con el pueblo para
que encontrara el camino de la libertad, camino que se recorre en la solidaridad
mutua, en la debilidad, en la entrega de sí mismo.
La vida y la misión de Jesús, a quien Mateo presenta como el “nuevo Moisés” confirman ese actuar de Dios.
Moisés era reacio a aceptar el camino de Dios y le costó convencerlo.
Los apóstoles eran reacios a aceptar el camino de Jesús, con frecuencia quieren utilizar el poder, y le costó convencerlos.
También hoy nosotros, como Iglesia, somos reacios a aceptar ese estilo de misión: desde la pobreza, la debilidad, la entrega… con frecuencia elegimos caminos más cercanos al poder del Faraón –que se consideraba “dios”- que nos permitirían “vivir como dios”, antes que los caminos elegidos por el mismo Dios.
La palabra de Jesús es clara: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros será vuestro servidor, y el quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mateo 20, 25-28).
La debilidad será siempre la garantía de autenticidad de la misión.