Sin justicia estamos muertos

"Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque esos van a ser saciados".

El deseo de justicia es algo compartido por Dios y por el hombre. Y la metáfora que usa Jesús es fortísima: "hambre y sed".

Quiere decir que, sin justicia, el hombre no puede vivir. La vida en la injusticia es de muertos en vida. Lo mismo que el que no tiene que comer y no tiene que beber se muere, el que no tiene justicia es un muerto en vida.

Esa es una vida que no es digna de vivirse. Justicia supone igualdad, supone dignidad, ser tratado como persona, supone libertad, autonomía, derecho a decidir por uno mismo, en fin, todo lo que constituye a la persona humana.

P. Manuel Loro Jover

Publicado el 1 de mayo de 2005

Justicia y Alianza
La justicia a la que refiere Jesús en esta bienaventuranza, incluyendo el sentido auténtico de la justicia humana, lo supera. Hunde sus raíces en la Biblia. Es un concepto de “justicia” inseparable del concepto bíblico de “alianza”.

El acontecimiento central de la historia de Israel es la experiencia del Éxodo. Vivían como esclavos en Egipto. Dios no es indiferente al sufrimiento injusto del pueblo y llama a Moisés para llevar al pueblo a la libertad (Éxodo, 3).

El camino de la esclavitud a la libertad marca el concepto bíblico de la justicia. El contenido de esa justicia se aclarará en la alianza que Dios hace con su pueblo (Éxodo 19).

Esa alianza será la garantía de que pueblo no vuelva a caer en la esclavitud y que no caiga en la tentación de someter a otros pueblos a esclavitud. Es la garantía de la auténtica libertad.

La alianza supone restablecer relaciones que han roto o deformado:
- la relación entre Dios y el hombre. Una relación basada en la confianza de Padre a Hijo, no en el miedo, porque Dios ama profundamente a su pueblo;

- la relación entre los hombres. Si en Egipto era una relación de patrón a esclavo, la nueva relación ha de ser de hermanos, porque todos son hijos de un mismo Padre;

- la relación del hombre consigo mismo. En la esclavitud el hombre se siente roto en su interior, sus aspiraciones más auténticas se ven truncadas. Ahora el hombre puede vivir reconciliado consigo mismo;

- la relación del hombre con la naturaleza. El hombre se siente agredido por la naturaleza y a su vez destruye la creación. En la situación de libertad el hombre vive en armonía con la creación.

Ese es el sueño de Dios para el hombre y el sueño del hombre para sí mismo, es la búsqueda de la felicidad. Pero el hombre rompe una y otra vez esa alianza. Cada vez que actúa de forma injusta pierde su libertad.
Dios no renuncia su sueño. Vuelve a proponer la alianza a través de los profetas. Y como Palabra última manda a su Hijo Jesús para sellar esa alianza no en piedra, sino en el corazón de la humanidad.

Dos actitudes
Seguimos rompiendo la alianza de Dios. Seguimos buscando la justicia, la libertad, la felicidad por otros caminos.

Frente a la propuesta de Dios podemos tomar dos actitudes opuestas:
* Hay quienes se refugian en decir: “somos así y no hay nada que hacer, siempre terminamos metiendo la pata por algún lado; lo mejor es aceptarse a uno mismo como es, aceptar las cosas como son y dejarnos de quimeras y cosas imposibles”.

* Otros, siendo conscientes y aceptando sus límites y los de los demás, no tiran la toalla, mantienen el “hambre y sed” de que la humanidad se convierta en la gran familia de Dios, familia de hermanos, donde la creación sea un hogar para todos, y en su interior se vayan armonizando cabeza y corazón…

Quiénes son y qué producen
A quienes cada mañana, a pesar de sus limitaciones y errores, siguen luchando por un mundo en armonía, es a quienes Jesús llama felices. No se conforman con cómo están las cosas. Se esfuerzan por cambiarlas y así cumplir en ellos la voluntad de Dios. Son aquellos que sienten y son sensibles ante todo lo que es injusto.

Y no se quedan en la sensibilidad. Se comprometen y trabajan por una relación más justa entre los pueblos, por el fin de las guerras y la violencia, por el respeto de la vida humana, por la preservación de la creación.

“Esta es la nueva Alianza sellada con mi sangre” dijo Jesús en la última cena.
Quien quiera seguirlo ha de sellar también esa Alianza capaz de calmar el “hambre y sed de justicia”.


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