Salir de “mi” verdad

Perdona que te moleste.
Supongo que estarás sentado leyendo estas líneas.
Me imagino que cerca tendrás una mesa.
Te pido que te levantes y te acerques hasta que tu cuerpo toque la mesa.
Ahora ¿dime lo que ves?
No. Olvídate de lo que viste antes. Te pregunto por lo que ves ahora, pegado a la mesa.
Supongamos que, como la mayoría, la mesa es de madera y rectangular.
Mira bien.
Lo que ves es una tabla rectangular de madera que flota en el aire.
Si siempre hubiese visto la mesa así y alguien te pregunta qué es una mesa, sin duda tu respuesta sería: “una tabla rectangular de madera que flota en el aire”.
Nunca habrías visto que tiene patas u otras cosas.

Ernesto Duque

Publicado el 01 de marzo de 2007

El drama humano
Ese es el drama humano. Ser humanos es una grandeza. Pero tiene limitaciones “dramáticas”. Una de esas limitaciones es que sólo podemos ver las cosas, la realidad desde la situación donde estamos colocados.

Nos engañamos pensando que nuestra situación es la única posible.

No te voy a pedir que te tumbes debajo de la mesa. Pero si lo hicieras me darías otra definición de la mesa.

Si te pido que alejes de la mesa, que des vuelta alrededor de ella, tu visión y tu comprensión de lo que es una mesa poco tendría que ver con una tabla flotando en el aire.

Imagina que en lugar de la mesa ponemos cualquier otra cosa o realidad. Tu visión sería parcial. Aunque es lo que tú ves posiblemente defenderías a muerte que esa realidad es tal y como tú la ves. Los ojos no te van a engañar. Es “evidente”.

Sin darte cuenta te estás engañando. Para saber cómo es realmente esa cosa o realidad tendrías que ponerte en movimiento y apreciarla desde todos los puntos de vista posible.

La incapacidad o la negativa a ponerse en movimiento para tener distintos puestos de vista es lo llamamos “fundamentalismo”. Mi punto de vista, parcial y limitado, mi verda la convierto en verdad absoluta.

Los ciegos y el elefante
A un sufí persa del siglo XIII llamado Rumi, le atribuyen la conocida parábola oriental de aquel elefante rodeado por cinco ciegos.

Uno de ellos, tocando una de sus patas, creía estar ante la columna de un templo; otro, tomando la cola, creía tener una escoba entre las manos; a otro, palpando su vientre, le parecía estar bajo una gran roca; otro, dando con la trompa, se asustaba creyendo que tocaba una gran serpiente; el último, palpando sus colmillos, pensaba en la rama de un árbol.

Y se pusieron a discutir entre ellos, cada uno convencido de la certeza de su percepción y la infalibilidad de su interpretación.

Ninguno daba un ápice de credibilidad a lo que los otros habían conocido del elefante.
Si hubieran sido conscientes de su limitación, podrían haber juntado las cinco percepciones, aparentemente –sólo aparentemente- contradictorias y hubieran llegado a una idea mucho más cercana de lo que es un elefante que lo que cada uno había conocido.

Pero los hombres somos ciegos y pretendemos imponer “mi” verdad como si fuera “la” verdad. Así nos va.

Comprender juntos
En el lugar de la mesa o del elefante podemos poner a Dios. No tendremos que hacer un gran esfuerzo para entender los conflictos religiosos que con frecuencia derivan en conflicto bélicos con centenares de miles de muertos porque somos incapaces de movernos de nuestro punto de vista.

Cuando el otro tiene otro punto de vista se convierte, como mínimo, en un estorbo… y sin embargo, el otro, con su visión es una bendición para mí, porque me complementa.
No me mal interpretes. No se trata de relativizar la verdad de cada religión, sino de creer que hay una Verdad más alta, jamás abarcable por nuestras pequeñas verdades parciales.

Jesús era de religión judía. Y sin embargo criticó elementos que eran esenciales de su religión, como el sábado, el templo… Ese fue el motivo central de su condena a muerte: por ser blasfemo.

Posiblemente Jesús tenía claro que las religiones son puntos de vista. Que sólo Dios es el Punto desde el cual todo es mirado.

Si fuésemos capaces de juntar nuestras limitaciones y percepciones sin duda entenderíamos un poco mejor a Dios y veríamos la realidad desde Su punto de vista…

La misión
La misión va por estos caminos. Es un salir permanente. Salir de nuestros puntos de vista religiosos, escuchar otros, enriquecernos y enriquecer experiencias religiosas para que juntos lleguemos a comprender cada día un poco mejor a un Dios Padre de todos, que no excluye a nadie y que a todos se ha ido revelando de maneras distintas.


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