Felices cuando os persigan por ser justos
Con esta bienaventuranza llegamos al final del discurso
de Jesús en la montaña. Para Él las bienaventuranzas
no son otra cosa que la felicidad para la humanidad. Muchos se entusiasmaron.
Luego, muchos se decepcionaron y lo dejaron. Las exigencias aparecían.
Sobre todo la exigencia de la justicia que tiene su precio… la persecución.
Era la conclusión lógica.
Jesús dice: “Bienaventurados, Dichosos, Felices los perseguidos
por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos”.
P. Enrique Cortés
Publicado el 01 de
diciembre de 2006
Hasta
última bienaventuranza está en paralelo con la primera porque,
como ella, está en presente. Estas dos son las más paradójicas
de todas. “Dichosos los que eligen ser pobres” y “dichosos
los que viven perseguidos” son dos enormes paradojas.
Hoy por hoy, uno se pregunta en qué lógica humana puede caber
que uno sea feliz porque lo persiguen. Seguramente que ni los mismos discípulos
de Jesús fueron capaces de entender y aceptar eso que Él les
anunciaba en ese momento. Les llevó años asimilarlo.
Hay que arriesgarse
Sin embargo, si alguna vez hemos intentado ser sinceros, si alguna vez hemos
luchado por ser coherentes con lo que pensamos, y sobre todo si alguna vez
hemos luchado por defender la verdad y la justicia, entonces las cosas cambian.
Es ahí cuando nos damos cuenta que todo esto tiene algún sentido.
Decir la verdad y actuar con justicia es muy bonito en palabras y todo el mundo lo considera importante y hasta necesario. Cuando hay que ponerlo en práctica, nos encontramos con la barrera de los intereses personales, sociales y políticos, y es entonces cuando las actitudes cambian.
Algunos que lo han intentado, no han tardado mucho en encontrar reacciones en contra y hasta muchas amistades se han perdido por eso. Y es que si por ser justo y verdadero, toco los intereses de otro, entonces ya las cosas cambian. ¿Cuántas veces la verdad ha sido apagada por defender grandes y pequeños intereses sociales, políticos y especialmente económicos?
Cuando la paradoja pasa a ser
lo “normal”
Es en esa paradoja de la vida donde entra esta bienaventuranza. Es conveniente
que nos quede claro que ser felices porque nos persiguen, no significa que
debamos buscar la persecución como algo necesario. Jesús muchas
veces se escabulló de los que querían apedrearlo por decir la
verdad, porque no había llegado su hora. Eso quiere decir que la persecución
debe ser asumida cuando nuestra vida coherente y testimonial la hace inevitable.
Persecución que puede ser muy sutil en nuestros días y en nuestro
ambiente.
Vivir desde esta coherencia resulta más necesario en medio de un mundo que necesita testigos más que maestros. Porque como dice el refrán: “el ejemplo arrastra, las palabras se las lleva el viento”. Palabras y hechos hacen y dicen del testigo. Y si la apuesta es por la coherencia y el testimonio entonces se puede entender la felicidad ante la persecución por ser coherente y verdadero.
Signos de contradicción
A quienes lo siguen, Jesús no les promete una vida fácil. Antes
bien, les anuncia que, viviendo el Evangelio, deberán convertirse en
signo de contradicción. Si él mismo sufrió persecución,
también deberán sufrirla sus discípulos.
Es preciso aceptar que a pesar de nuestra buena voluntad, no podemos ser comprendidos y aceptados por todos y menos aún por los que no comparten nuestra fe. El conflicto en nuestra vida, como en la de Cristo, es a veces inevitable y por ello hay que contar con él y asumirlo.
Ser justos
Ser justos es vivir las bienaventuranzas y por ello esta bienaventuranza es
la prueba de estar viviendo las demás. Si somos pobres, mansos, misericordiosos,
trabajamos por la paz, ansiamos y vivimos el seguimiento de Cristo, sin duda
seremos incomprendidos y perseguidos.
Una a una hemos ido reflexionando las bienaventuranzas
de Jesús en la montaña, y cuando esperábamos que la última
tuviera un poco de respiro, nos hemos encontrado con que Jesús nos
vuelve al punto de partida, y mucho más radical si se quiere.
Mientras la raza humana exista, siempre habrá personas buenas, generosas,
caritativas, mansas de corazón, no vengativas que hagan realidad todo
esto anunciado por Jesús en las bienaventuranzas, en definitiva personas
destinadas según el evangelio, a participar en el Reino.
No estamos solos
Nos queda ciertamente el camino de unos y otros como ejemplo para ponernos
a prueba a nosotros mismos y ver hasta dónde estamos dispuestos a llegar.
Nos queda la certeza de que Jesús nos acompaña en ese esfuerzo
y caminar por el mundo. Nos queda el ejemplo de muchos hombres y mujeres que
lo han dado todo por defender la verdad y creerse totalmente aquel sermón
de Jesús en la montaña que era su proyecto de vida, y su propuesta
radical para todo el que quisiera seguirle.
La felicidad de la que habla Jesús está dada en el esfuerzo personal y colectivo, por vivir una vida auténticamente cristiana, desde estos valores propuestos en el sermón de la montaña, que por supuesto requieren creerlos y asumirlos. Valores que sobre todo, dan sentido a una felicidad que desmonta cualquier barrera, que se queda en lo profundo del corazón y que no te la puede arrebatar nadie por muy amenazado y perseguido que estés, y por muy poderoso que sea el que te persigue o el que intente arrebatarte esa felicidad.