“¡Porque tú lo vales!”

Sin duda todos hemos oído el
anuncio televisivo que nos dice esta frase tan estudiada y que intenta provocar: ¡Porque tú lo vales!
Este anuncio puede ser representativo de toda una cultura en la que el acento está en el Yo, mi persona, porque Yo lo valgo.

Por P. Luis Jiménez

Publicado el 01 de octubre de 2004
Una cultura que nos lleva a preocuparnos de nosotros mismos, de nuestro bienestar, nuestra belleza, nuestro físico, y así se consumen cantidades ingentes de cosméticos, productos para la belleza, baños y saunas, cirugía estética. Todo nos lleva a pensar en nosotros mismos, en nuestro bienestar personal, pero reduciéndose a lo físico, mi bienestar material, el gozo puramente humano. A eso se le llamaba antes “narcisismo”.

¿Nos hemos parado a pensar qué clase de mundo construimos si todos buscamos y anhelamos este narcisismo? Sin lugar a dudas esto es producto de una sociedad y una cultura hedonista, replegada sobre sí misma, donde el valor más importante es el Yo, ¡Porque Yo lo valgo! y a los demás que los parta un rayo ¿no?

Y a lo que nos lleva esta cultura todos lo sabemos. Las relaciones humanas se deterioran, el respeto a los demás se debilita, el pensar en el otro, los demás, se desvanece y aparecen actitudes de puro egoísmo que en la mayoría de los casos llevan a la disgregación, a la separación familiar, porque ya no estoy dispuesto a aceptar al otro como es, no acepto las dificultades ni los conflictos que perturban mi Yo y mi bienestar personal. No estoy dispuesto a confrontarme con el “otro” y mucho menos a pensar que el “otro” pueda ser motivo de crecimiento para mí. Y lo que ocurre a nivel personal ocurre también a nivel social.

¿Aceptamos al vecino? ¿Aceptamos que vengan otros de fuera, los inmigrantes, por ejemplo, a convivir con nosotros, a que nos fastidien? Las actitudes de xenofobia, de rechazo a convivir con otras culturas son fáciles de dar en una sociedad hedonista, opulenta, egoísta porque falta la sensibilidad que olvida algo importante: la grandeza de una persona y una sociedad está en la capacidad de salir de sí mismas y encontrar en la variedad y el encuentro intercultural, la grandeza del ser humano que nos enriquece, que nos hace crecer no-sólo a nivel material y físico, sino a esos otros niveles de solidaridad, respeto, enriquecimiento mutuo de todo lo bueno que cada uno posee.

La novedad del cristianismo está en la convicción de que mi crecimiento no es sólo exterior y físico, existe ese otro crecimiento interior, espiritual, que me hace ser más persona, más humano. Y frente al hedonismo, Jesús nos empuja a salir de nosotros mismos, a amar sin límites, perdonar sin límites, donarse sin límites. Es la otra cultura del saber perder, del darse, olvidándose de sí mismo, incluso amando al que nos odia. Y los que así hemos intentado vivir, no sólo hemos transformado nuestro entorno construyendo una sociedad más justa, más solidaria, sino que hemos sido tremendamente felices.

La experiencia misionera nos “provoca” a esta otra actitud muy distinta al ¡porque tú lo vales! La misión nos modela y nos hace crecer de forma muy distinta porque nos pone en la actitud de escucha y aprecio a los valores de los “otros”, de las “otras culturas” y, sin menospreciar lo propio, no lo considero el valor supremo, al contrario, compartiéndolo con otros diferentes a mí, me doy cuenta de que esos “otros” tienen mucho que enseñarme y en definitiva me hacen crecer en valores que a lo mejor, ni siquiera habría pensado antes. Y esa búsqueda legítima de felicidad que había centrado en mí mismo, descubro que era equivocada, que en vez de hacerme crecer y ser feliz, me hacía raquítico y famélico, depresivo y triste.

Los que creemos que el mensaje de Jesús de salir de uno mismo, de dar la vida y entregar lo mejor de uno mismo, de pagar con la propia persona, de compartir mis valores personales y culturales, tiene aún vigencia, sabemos también que nos lleva a construir un mundo mejor donde ya no soy yo quien busca esa felicidad egocentrista, sino que juntos caminamos y empujamos a este mundo hacia esas metas propuestas por Jesús de Nazaret que son el secreto de la verdadera felicidad.

El mensaje: ¡Porque tú lo vales! Se puede convertir en uno nuevo: ¡porque tú lo puedes! Porque tú tienes la capacidad de desplegar todas esas otras fuerzas y energías hacia esa otra dimensión propuesta por Jesús y que construye un mundo de personas solidarias, abiertas, altruistas y sencillas capaces de apreciar los valores de otras personas y culturas, atentas a descubrir lo bueno que otros poseen y que a mí me puede transformar internamente hasta el punto de hacerme, a mí y a ellos, inmensamente felices. ¡Porque tú lo puedes!

P Luis Jiménez
C/ Ramón y Cajal, 5
29014 MÁLAGA
Tfno. 95 226 07 60
malagaimc@terra.es


VOLVER   IMPRIMIR