La persona por encima de la ley
Frente a las estructuras que pretenden reducir al hombre a un producto en serie, Jesús dejó muy claro en su predicación que leyes y estructuras están al servicio del hombre y no al revés
El testimonio evangélico no se da por el hecho de haya una buena organización como base. El Espíritu y la libertad, no las leyes, son la base de la actuación del hombre.
Espíritu y libertad son también las bases de toda la acción evangelizadora y misionera de la Iglesia.
Ernesto Duque
Publicado el 01 de
mayo de 2008
Jesús: trasgresor de la ley…
Una de las acusaciones más frecuentes de los piadosos judíos contra Jesús era el hecho de que violara reiteradamente las normas establecidas en la Torá (la ley del Antiguo Testamento).
Cura a enfermos en sábado, toca a leprosos, no guarda los ayunos prescritos, come con pecadores, se junta con prostitutas y recaudadores de impuestos, acepta a gente violenta en su grupo, habla de destruir el templo…
Los cuatro relatos evangélicos están llenos de transgresiones de Jesús a la ley sobre la cual se fundamentaba la religiosidad del pueblo judío y su conciencia de ser el pueblo elegido por Dios.
... y con pretensiones divinas
Para colmo no se conformaba con saltarse la ley. Tenía el descaro de decir que con sus palabras y sus obras estaba manifestando la voluntad, el sentir y el actuar de Dios.
A los ojos de cualquier persona religiosa de su pueblo era el “despropósito” total, propio sólo de un “blasfemo”. No sólo ponía en cuestión la ley atribuida a Moisés, sino que hacía tambalearse la autoridad de quienes se consideraban sus legítimos guardianes.
Para colmo se atrevía a decir que él no había venido a abolir la ley, sino a llevarla a su plenitud (Mt 5, 17).
Y por si fuera poco, no era más que el hijo de un carpintero que no podía exhibir ningún título de estudios.
Los “sabios” lo desprecian, pero cuando se dan cuenta de que los “ignorantes” descubren que enseña con una “autoridad nueva” y lo siguen, pasan del desprecio a la persecución y a la condena a muerte. No pueden permitir que un simple galileo haga tambalear su prestigio y su influencia sobre el pueblo.
El secreto del galileo
¿Cuál era el secreto de aquel galileo? Desde el principio Jesús lo manifiesta con claridad, pero era evidente que se les iba a atragantar a aquellos que pretendían manipular a las personas utilizando la ley según sus intereses.
Leemos en el evangelio de Marcos: “Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Le decían los fariseos: « Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito? » (…).
Y les dijo: « El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado.»
Entró de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada.
Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle.
Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio.» Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?» Pero ellos callaban.
Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano. »Él la extendió y quedó restablecida su mano.
En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra él para ver cómo eliminarle. (2, 23—3, 6).
La ley nunca puede ser una losa que aplaste al hombre. La ley está en función del hombre y vale en la medida en que le ayuda a ser más libre y responsable.
La evangelización
La misión evangelizadora de la Iglesia debe seguir los criterios de Dios, manifestados en Jesús. Nunca puede ser una losa de normas y leyes que caigan como fardo pesado sobre la vida y conciencia de las personas.
Al contrario, ha de ser Buena Noticia que nos llama y nos ayuda a ser más libres y responsables. Algo a lo que llegamos desde la conciencia de la fraternidad ya que tenemos un único Padre.
Una buena síntesis nos la ofrece San Pablo: “Hermanos, habéis sido llamados a la libertad; sólo que no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos por amor los unos a los otros. Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gal 5, 13-14).