Recetas para la felicidad
Sabíamos que existen recetas de cocina, recetas de medicamentos y otras muchas recetas, pero lo que no sabíamos es que existen recetas para la felicidad.
P. Luis Jimenez
malagaimc@terra.es
Publicado el 28 de abril
de 2005
Se nos ofrecen recetas que nos aseguran que seremos muy felices. Las más
interesantes son las de los grandes viajes, cruceros, y se nos dice: “Y
serás muy feliz, es un placer...”
Hay otras recetas para la felicidad que se refieren al yoga, a nuevas técnicas de relajación, de acupuntura, que nos ofrecen un gran placer y felicidad.
Pero sobre todo hay dos grandes apartados en las recetas para la felicidad: las sensaciones fuertes y el aislamiento.
La receta de las sensaciones fuertes es muy antigua; recordemos cuando éramos niños y nos montábamos en los cacharros de la feria del pueblo; cuanta más sensación de vértigo o miedo, mejor. Yo recuerdo la primera vez que me monté en la montaña rusa. Sentí la sensación de que el corazón se me salía por la boca; hoy hay cacharros más sofisticados que te ponen boca abajo y tienes una sensación fantástica.
Pero hay ofertas para la felicidad más sofisticadas. Tirarse por un puente atados por la cintura con una larga cuerda elástica, o lanzarse desde un avión (caída libre). Los que lo han probado dicen que es una sensación fantástica, maravillosa...
La otra receta para la felicidad es el aislamiento. Me pongo los auriculares, le doy al volumen y ya está, me aíslo de todo y de todos. Hay que desconectar, es la forma de ser feliz.
Pero la pregunta sigue ahí: estas sensaciones y esta felicidad, ¿cuánto duran? Se trata de una felicidad y unas sensaciones momentáneas, pasajeras, no perduran en el tiempo ni en el corazón.
Y hablando de recetas, yo te propongo una receta que no falla. Y esta receta no te hace feliz sólo por unos momentos, sino que perdura en el tiempo y llega hasta lo más íntimo de tu ser, es una receta, una oferta hecha por Jesús hace 2000 años: LAS BIENAVENTURANZAS.
Jesús nos propone ser inmensamente felices siguiendo una receta: las bienaventuranzas; es más que una receta, es una propuesta en libertad para aquellos que quieren ser realmente felices.
“Felices los que saben que son pobres”. Pobreza que no significa estar vacíos de ideas, ilusiones o deseos. Pobreza que significa no estar aprisionados por lo material ni sentir ansiedad por aumentarlos, sino compartir con desprendimiento. Serás feliz en la pobreza cuando no seas valorado o correspondido por los demás, cuando aceptes el segundo puesto, cuando no tengas tiempo para tí mismo porque lo empleas para los otros; feliz tú porque te has despojado de tu orgullo, altivez, tu autosuficiencia y te apoyas en el poder de Dios. Ya no es cuestión sólo de sensaciones fuertes lanzándose al vacío o de aislarse con los auriculares, se trata de lanzarse con convicción y entusiasmo a un espacio llenado por Dios y donde encuentras a Dios. Se trata de lanzarse a vivir el maravilloso mensaje de las bienaventuranzas. Se trata del dominio de tí mismo. El objeto de tus ansias te delata y te define. Cada uno se identifica con aquello que busca o con aquellos a los que anda buscando por los caminos del mundo. Algunos buscan acaparar tesoros, bienes y dinero. Otros satisfacer sus gustos. Y otros aumentar o evidenciar su dominio sobre los demás, a cada uno le arrastra su capricho. Jesús te ofrece esta receta de la plena felicidad.
“Dichoso tú, el manso”, el que no
impone, más bien expone y propone (como Jesús).
La violencia, contraria a la mansedumbre, es estéril. El arrebato de
cólera es signo de debilidad; el dominio de tí mismo te hará
comprensivo, conciliador.
Esta es la nueva receta: dejar de ser mediocre, dejar de ir tirando, de conformarse con decir que los hay peores que yo. Jesús te propone la magnanimidad, la generosidad en tus sentimientos y en tus obras.
Dichoso tú si amas incondicionalmente a tu prójimo y lo consideras tu hermano, y has renunciado a la envidia, la intolerancia, el rencor, la venganza y optas definitivamente por la benevolencia, la comprensión, el perdón. Jesús te dice: ”Porque tuyo es elReino de los Cielos”.
“Feliz el limpio de corazón”, el que no tiene doblez, el que busca la sinceridad, la coherencia, la amistad como un don. Esta búsqueda te hace inmensamente feliz, como la que te empuja a trabajar por la paz. Feliz el que da su tiempo, su inteligencia, sus capacidades a trabajar por la paz, sin aislarse con los auriculares o meter la cabeza bajo el ala como el avestruz, sino que sale con coraje al mundo y lucha por cambiar tantas situaciones de violencia y de injusticia que se dan a nuestro alrededor.
Tuya es la elección. O sigues las recetas falsas, las recetas trampa que no llenarán nunca tus ansias de felicidad, o sigues con coraje y entusiasmo estas otras recetas que te ha propuesto Jesús de las Bienaventuranzas, es decir: la felicidad para siempre.
Esto mismo es ser misionero; una persona que un buen día se decidió por la receta de Jesús y sin dudarlo optó por la construcción de un mundo mejor tomando como empuje las bienaventuranzas y luchando con esperanza por la fraternidad y la igualdad entre todos los seres humanos. Y vio sin darse cuenta que esta receta le hacía inmensamente feliz.