Simplificar la vida

En estos tiempos en que la genética ocupa un lugar tan importante en la investigación científica, no estaría de más que algún científico se pusiera a buscar el “gen de la complicación”.
La verdad es que no sé si se trata de un arte o de una enfermedad, pero los humanos tendemos a complicar las cosas y cuanto más complejas las hacemos o presentamos, más engrandecidos nos sentimos.
La capacidad de simplificar las cosas más importantes de la vida, pienso que es una de las riquezas más importantes que podemos conseguir las personas.

Ernesto Duque

Publicado el 01 de junio 2009

El P. Eduardo, que lleva años en África nos cuenta esta historia real:
“Estaba enseñando a un visitante los alrededores de nuestra misión en Tanzania. No habíamos recorrido aún treinta kilómetros cuando mi Land Rover dio una sacudida y se paró. Saqué el manual del usuario para tratar de localizar el origen del la avería.

Pasamos en ello varias horas, pero no hicimos grandes progresos. Entonces paró una camioneta y el conductor, un anciano africano, se bajó para ayudarnos. Se echó al suelo y se deslizó con dificultad debajo de nuestro coche. Mientras lo hacía, nosotros continuábamos absortos con el manual.
Finalmente, salió sonriendo y puso en marcha el Land Rover. Mientras tanto, uno de sus pasajeros estaba comentando que teníamos un espléndido manual.

El anciano explicó:
- Los extranjeros utilizan libros, pero nosotros, los africanos, usamos la cabeza.”

Manuales y sentido común
Con el desarrollo de la tecnología, los manuales son imprescindibles. Pero ¿quién no se ha encontrado con esos manuales interminables, donde antes de llegar a leer la mitad ya no recuerdas el inicio?

Pero el verdadero problema es cuando utilizamos los “manuales” no para entender un aparato, sino para intentar explicar la vida.

Existen manuales políticos, manuales médicos, manuales religiosos … con la excusa de utilizar un “lenguaje preciso”, lo único que hacen es complicar el lenguaje, dejando de lado el sentido común, para que el común de los mortales no lo entendamos.

Una forma de dominio
¿Qué hay detrás de esos manuales? Frecuentemente el deseo de que los demás no entiendan lo que yo se, o creo saber. Si les diera todas las pistas ya no necesitarían de mí. Si a través de un lenguaje, complicado artificialmente, me guardo algunas claves para entender la realidad, cuando surja algún problema los otros tendrán que recurrir a mí.

En el fondo, el “arte” de complicar las cosas es una forma de mantener mi dominio y mi poder, a la vez que la dependencia de los demás.
Los manuales religiosos.

Gran parte de las religiones tienen sus manuales propios. Manuales complejos, accesibles para una pequeña minoría que son los únicos capaces de interpretarlos. Con eso se consigue la “dependencia religiosa”, cuando no la “esclavitud religiosa”. Posiblemente una de las más peligrosas.
Jesús de Nazaret era conciente de esa esclavitud en la vivía su pueblo. Y tenía la conciencia de que la auténtica religión debía hacer a los seres humanos más libres y más felices.

No creó ningún manual religioso. Al contrario hablaba en parábolas que podían entender todos… o casi todos. Por eso exclamará: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal es tu voluntad” (Lc 10, 21).

Pablo se lo repetirá los cristianos de Galacia: “Para ser libres nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes y no dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud” (Gal 5,1).

La misión siempre es liberadora
Siguiendo el ejemplo de Jesús la misión de la Iglesia siempre ha de ser una misión liberadora. Cualquier mensaje religioso que lleve a la dependencia, a la esclavitud… que no haga al hombre más libre y feliz, nada tiene que ver con el mensaje de Jesús. No importa con qué ropaje se vista.

El mensaje de Jesús es sencillo: el camino que lleva a la vida es el camino del amor a través de la entrega diaria y del servicio desinteresado. Todo lo demás vale en la medida en que nos ayuda a recorrer ese camino.

Esa es la Buena Noticia que estamos llamados a anunciar a toda la humanidad.


VOLVER   IMPRIMIR