El síndrome del espejo
El síndrome del espejo, conocido como síndrome de Zelig es una afección extraordinariamente rara, de la que existe un único caso descrito en toda la literatura médica. Supone una perdida del control de la propia identidad y se produce una atracción hacia el rol social que propone el ambiente. En este sentido el enfermo puede asumir el papel de médico entre médicos, o mimetizar el rol de psicólogos o abogados, actuando con una sorprendente naturalidad, llegando incluso a inventarse una biografía personal explicatoria. El nombre Zelig se debe a una película filmada en 1984 por Woody Allen en la que el personaje principal, Leonard Zelig, era capaz de mimetizar la personalidad de los que le rodeaban.
Ernesto Duque
Publicado el 01 de septiembre 2008
No pretendo escribir un artículo sobre psicología. Es más, cuando se me ocurrió el título pensaba que el “síndrome del espejo” aunque existiera en la vida real, no estaba catalogado como tal. Acudiendo a un “buscador” encontré lo que cuento más arriba. Curiosamente sólo hay un caso médico descrito y una película que le dio nombre.
Enfrentarse con uno mismo
Mi punto de partida era, y es, algo tan sencillo como la experiencia diaria de levantarme por la mañana y a los pocos minutos mirarme en el espejo.
No siempre es una experiencia agradable. Hay días en los que estoy más dormido que despierto y sólo veo mi cara… me puede gustar más o menos. Hay otros días en los que, de alguna manera el espejo me “traiciona” y veo más allá de la imagen de la cara. Es como si el espejo se empañara en mostrarme la verdad de mí mismo, lo que en realidad soy, los aspectos de mi persona y de mi forma de ser que me niego a aceptar… y eso sí que produce desagrado.
Posiblemente sea eso lo que me lleve al síndrome de Zelig, o síndrome del espejo: como si fuera un camaleón intento asumir la forma de ser de quienes me rodean, o de actuar de forma que pueda ser aceptado por aquellos con los que vivo y trabajo.
Una forma de evitar sentirme rechazado por los demás, de evitar conflictos, de eludir enfrentarme con lo que realmente soy… para ello basta modificar mi forma externa de presentarme y moverme en la vida cotidiana.
El problema está en que me quedo con la sensación de estarme traicionando a mí mismo.
Si fuera sincero tendría que reconocer que hay situaciones en las que no puedo evitar el conflicto y hay realidades en las que tendría que dar un cambio profundo a mi vida.
Por eso, he sentido la necesidad de confrontar esa realidad con el mensaje y la forma de actuar de Jesús de Nazaret.
Llamada a la conversión
El Evangelio nos dice que Jesús comenzó su misión invitando a la conversión, al cambio. Marcos relata así el inicio de la predicación de Jesús: “Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva” (Mc 1, 14-15).
Hay formas de pensar, actitudes que en mí deben cambiar si quiero aceptar la Buena Noticia del Reino, y si quiero transmitirla a los demás.
Hasta el mismo Jesús tuvo que cambiar en determinados momentos su forma de pensar.
Un ejemplo: “Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.»
Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.» Respondió Él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.»
Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
Él respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.»
«Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.» Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.” (Mt 15, 21-28)
Fidelidad a sí mismo
Si bien Jesús cambia su forma de pensar y actuar frente a la mujer cananea, porque antepone el bien de la persona a cualquier norma, se enfrenta de forma dura con las autoridades religiosas y políticas de su tiempo que querían ponerlo al servicio de sus intereses.
Ahí Jesús se mantiene fiel a sí mismo, se mantiene fiel al Padre. No puede ceder ante quienes ponen por delante sus privilegios y su poder a las personas, especialmente a los más pobres y necesitados.
Esa fidelidad le costará la vida. Ser condenado a morir en cruz. Lo que Jesús no puede hacer es actuar como un camaleón buscando conservar su vida.
La actitud del misionero
El “síndrome del espejo” siempre será una tentación para el misionero. Por eso en su forma de actuar, en sus actitudes, en su relación con distintos pueblos y culturas deberá aprender cada día a conjugar la necesidad de conversión y cambio con la exigencia de la fidelidad a sí mismo y al mensaje que ha transmitir. Un equilibrio con frecuencia no fácil de conseguir. Siempre le exigirá una gran sinceridad y el no convertirse en camaleón para salvar el prestigio.