Pobres para seguir a Jesús
Durante un tiempo la mayoría de la gente que seguía
a Jesús de Nazaret lo hacía “fascinada” o “interesada”
por los signos milagrosos que realizaba.
No tardó en ponerse más exigente. Quienes quisieran seguirlo
no podían hacerlo por un interés material. Jesús marca
a sus discípulos un “camino de felicidad”: las bienaventuranzas,
que son al mismo tiempo las condiciones para seguirlo.
P. Manuel Loro Jover
Publicado el 1 de febrero
de 2005
Bienaventurados los pobres
Muchos libros se han escrito sobre esta primera bienaventuranza. Mateo dice:
“Bienaventurados los pobres de espíritu”. Lucas afirma:
“Bienaventurados los pobres”.
Poner o quitar estas dos palabras: “de espíritu” ha dado lugar a posturas enfrentadas, desde una pobreza puramente espiritual a una pobreza puramente material. Algo que muchos han utilizado para justificar actitudes de vida que poco tienen que ver con el mensaje evangélico.
Corazón y espíritu
Corazón y espíritu son dos palabras que en la Biblia expresan
la interioridad del hombre. Pero con sentido distinto.
El corazón indica lo que el hombre “es” en su interior. Por eso Jesús hablará más adelante de los que “son de corazón limpio”, los que son transparentes en su interior.
El espíritu indica, más bien, lo que el hombre “elige” libremente desde su interior. Se trata de una opción de la persona.
Empobrecidos
Jesús no beatifica la pobreza. Muchas personas y pueblos viven en situaciones
de desnutrición, hambre, enfermedad, subdesarrollo, muerte psicológica
o física.
Decirle a alguien que es feliz o bienaventurado porque vive en esas condiciones, suena a tomadura de pelo a algo peor. Para encontrarse con ellos Jesús cura enfermedades, da de comer, restablece la dignidad de la persona que la tenía perdida.
Son las personas o grupos que han sido “empobrecidos” por otros. Son situaciones inaceptables para Dios, como lo era la situación de esclavitud del pueblo de Israel en Egipto. Y Dios actúa para sacar al empobrecido de una pobreza que lo deshumaniza.
Empobrecerse
Frente a quienes son empobrecidos por otros o por situaciones injustas, Jesús
proclamas dichosos y bienaventurados a quienes desde su interior, libremente,
es decir desde su espíritu, deciden hacerse más pobres; a los
que renunciando al afán de acumular optan por empobrecerse, para enriquecer
y no empobrecer a los demás.
Feliz el que se empobrece para ser solidario. Cuando es pobre voluntario, cuando hace una opción contra la injusticia del mundo Dios le dice: “tú eres de los míos”, “tuyo es el Reino”, porque yo me cuidaré de ti.
Un estilo de vida
El evangelio de Mateo lo va explicando en distintas afirmaciones de Jesús.
“Dejaos de acumular riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones abren huecos y roban (…) porque donde tengas tu riqueza tendrás el corazón”.
“Nadie puede estar al servicio de dos amos.
Porque aborrecerá a uno y querrá al otro o bien se apegará
a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero”.
Y al joven rico que quiere seguirlo, aunque ya cumple los mandamientos le
dice: “Ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y luego sígueme”.
La primera condición
A quienes lo siguen Jesús los llama dichosos, felices.
La primera condición para seguir a Jesús no es, como podríamos pensar, ser “buenos”, de hecho lo seguían pecadores, publicanos, prostitutas… La primera condición es elegir empobrecerse para compartir con los más necesitados. Por eso dirá: “¡Qué difícil es que un rico (quien no quiere ser solidario) entre en el Reino de Dios!”.
Así de sencillo. Así nos “complica” la vida Jesús si queremos ser sus discípulos y continuadores de su misión entre todos los hombres, especialmente entre los empobrecidos de la tierra.