El cotillón
¡Ha pasado el “cotillón”! Momento en el cual queríamos compartir con nuestros amigos y familiares, en una ocasión especial de fin de año. Y con el “cotillón”, hemos tenido algo muy especial: la oportunidad de volver a estar con algunos que hacía mucho que no veíamos, otros con quienes nos hemos encontrado algunas veces y otros con quienes más frecuentemente nos vemos.
Por P. Tiziano Viscardi
Publicado en febrero 2004
Hemos comido, bebido y hasta bailado, pasando
un rato muy chulo y luego hemos recogido lo que ha quedado (aunque para algunos
ha sido aún en medio de la resaca). Para preparar todo esto hemos tenido
que hacer un poco de esfuerzo y hasta un poco de sacrificio ya que no siempre
todo lo que se quiere se tiene.
¡Pues si! Todo eso lo hemos vivido unos
y otros en nuestra sociedad y los cristianos no nos hemos quedado atrás;
lo único es, que nos ha durado un poco más. Y vaya que si, porque
nos hemos gastado cuatro semanas antes del día de navidad preparándolo,
un día celebrándolo y por lo menos ocho días en la resaca
tratando de digerirlo. Y como si fuera poco a cada momento le hemos dado un
nombre especial: Al tiempo que duramos preparándolo le hemos llamado
adviento, al día que duramos celebrándolo le llamamos “natividad
del Señor” y a los ocho días de la “resaca”
octava de navidad.
La preparación tampoco fue fácil: En la primera semana, lo primero
que se nos pidió, fue que “levantáramos la cabeza”,
porque se acercaba el día de la gran celebración (se ve que
andábamos un poco cabizbajos). Levantar la cabeza como queriendo mirar
hacia el horizonte, y ver que era lo que realmente queríamos celebrar
el día de navidad, y es que el cristiano es alguien que vive con la
cabeza levantada, consciente de su dignidad y su grandeza.
Luego, en la segunda semana, apareció un tío llamado Juan, a decir verdad un poco “chalado”, gritando en el desierto (pero yo creo que donde este gritaba, era en el desierto de nuestra vida), y nos invitaba a convertirnos, a enderezar la senda y abrir caminos, y es que el cristiano también es alguien que tiende a abrir caminos.
Luego, a la tercera semana, este tío siguió hablando y no tuvo otra idea que “invitarnos a compartir lo que teníamos”. Aquí ya me parece que este tío ya estaba un poco “bolao”, imagínate, invitándonos a hacer algo que ya muy pocos hacen hoy día en nuestra sociedad; pero bueno, el cristiano también es así: alguien que comparte lo que tiene sobre todo con el más necesitado.
Y para variar en nuestra última semana de preparación, apareció una mujer que se llamaba María, que no dijo nada, pero que agarro, acepto lo que un ángel le dijo, y se puso en camino para ir a servir. …¡Pero bueno!... ¿Qué clase de fiesta estábamos preparando? …Pero sabéis una cosa: Es que el cristiano también es así, que le vamos a hacer hijo, alguien que acorta distancias para servir a los demás.
Bueno, pero finalmente llegamos al gran día
de nuestra celebración, a nuestro gran “cotillón”
cristiano. Nos dimos cita muchos, de diversos lugares y muy variados: blancos,
negros, morenos, rubios, gordos, flacos, ricos, pobres, en fin de todo lo
habido y por haber. Y al llegar hemos quedado perplejos ¡¡¡Vaya
sorpresa que nos hemos llevado!!!. Después de cuatro semanas esperando
y preparándonos para este día, y al llegar, todo lo que se nos
ha dado, ha sido un niño; igual a los demás, tal vez más
pobre que los de nuestra familia y nuestra sociedad, porque no tenía
ni casa donde vivir, ni hospital donde nacer, porque nació en un pesebre,
sin medico ni enfermera que lo atendiera. Tampoco tenía familia, ni
amigos que lo acompañaran, porque los únicos que lo acompañaron
y le dieron calor, fueron un burro y un buey. ¡Podéis creerlo!
En fin, que esto no era lo que nos esperábamos, y aún así,
en esta gran sorpresa, lo que se nos ha dado ha sido un salvador, y nada mas
y nada menos que el Hijo de Dios. A esto era a lo que se refería Juan
cuando nos gritaba que teníamos que convertirnos. Y es que Dios es
así: Alguien que nos sorprende todos los días y alguien que
se hace humano para compartir con nosotros nuestra humanidad y para desde
ahí animarnos a entender su lógica y seguirlo a él.
Pues bien a este “cotillón” yo también he sido invitado. También he comido, bebido y hasta celebrado junto a otros que conocía, y muchos más que nunca había visto, pero aún así, he pasando un rato muy chulo. Ahora, si nos hemos gastado cuatro semanas preparándolo, pues luego también hemos necesitado de una semana para recoger lo que ha quedado; y es que como decía antes, esto no era fácil de digerir. Eso de que Dios se haga niño y humano como nosotros, de que nazca en medio de la más absoluta pobreza, él que todo lo puede y todo lo tiene, y que lo haga justamente en el último rincón del mundo, donde ni siquiera los mismos que vivían por ahí cerca, sabían que ese lugar existía, eso no tiene explicación lógica desde nuestro punto de vista humano. Y ahora, a ver como digerimos todo eso.
Ahora yo me pregunto y te pregunto a ti que estas leyendo esto: ¿Para qué toda esta celebración? ¿Qué buscábamos unos y otros con todo esto? Y aquí yo me atrevería a decir esta el punto donde todos nos encontramos. Yo creo que lo que unos y otros buscábamos en cada celebración, no era otra cosa que la felicidad, …¿a que si?... Si hombre, y es que con tal de ser feliz hasta hacemos lo que sea, si es necesario.
Y ahora que estamos hablando de la felicidad yo también quisiera que nos preguntáramos que cosas hacemos para ser felices. ¿Será que siempre necesitamos de celebraciones extraordinarias? ¿Será que tenemos que esperar a que vuelva el próximo año para buscar un momento de encuentro con nuestra familia y amigos para pasarla bien? Pues yo creo que no, o al menos eso es lo que yo he descubierto en muchas personas, que para ser felices no se necesitan de grandes cosas; todo lo contrario, lo que muchas personas hacen es asumir la vida con sencillez. Es entonces desde ahí, que yo entiendo la invitación que a los cristianos se nos hacia en las cuatro semanas de adviento.
Si queremos ser felices efectivamente hay que levantar la cabeza y mirar hacia el futuro positivamente, porque es que a veces nos quedamos llorando los errores pasados y no nos damos cuenta que en el presente y en el futuro todavía hay mucho por hacer, y que el pasado esta para aprender de las metidas de pata que hemos tenido y para disfrutar de los logros que ya hemos alcanzado, que por cierto son muchos, solo que a veces hasta pasan y ni nos damos cuenta.
Ahora bien, en ese levantar la cabeza, tal vez descubramos que también hay otros que tienen los mismos problemas y las mismas necesidades que yo tengo, y quizá, hasta mucho mas que las mías. Y entonces porque no compartirlo con otros que tienen menos, si dicen por ahí que “hay mas felicidad en dar que en recibir”. Pero ya me imagino que aquí muchos dirán, “pero es que yo no tengo nada que compartir”. ¡Pero vamos a ver! Es que eso de compartir no siempre tiene que ser algo material. A veces una simple sonrisa basta, o un abrazo a aquellas personas que se sienten solas, o una palabra de aliento a aquel o aquella que esta pasando por un momento difícil. Vamos… que tenemos mucho para compartir y muchos caminos para ser feliz.
Si hacemos eso entonces también entenderemos el porque aquella mujer que apareció en la cuarta semana de adviento y que se llamaba María, no dijo nada pero se puso a servir. Y es que ella en el servir encontró su plena realización y fue permanentemente feliz. Por querer servir fue posible que el hijo de Dios naciera, por servir también se hizo no solo madre de Dios, sino madre nuestra, y por servir no solo ayudo a los de su tiempo sino que nos sigue ayudando a todos ahora, aunque también a veces ni nos demos cuenta de eso. ¡¡¡Pero cuidado!!! Que eso de ser feliz no quiere decir que no nos encontremos con baches, o que tropecemos con algo o con alguien, o que entremos en crisis. No, el ser feliz yo creo que es justamente el ser capaz de superar todo eso y levantando la cabeza seguir adelante auque nos cueste lo que nos cueste.
Ahora bien a que voy yo con todo esto. Pues simplemente a un compartir con vosotros como misionero, algo que estoy viviendo y que he vivido en otros lugares donde he estado. Yo un día también estando lejos de estas tierras españolas y en mi ciudad natal me hice la pregunta sobre como y donde podía ser más feliz. Buscando y buscando descubrí que eso de compartir y servir a otros como misionero me llamaba la atención y me decidí a hacerlo y hasta ahora me siento feliz con lo que estoy haciendo. Eso de ninguna manera quiere decir que ese sea el camino de la felicidad, pero yo por ahora lo he ido descubriendo por ahí. Tratando de mirar hacia el horizonte, compartiendo con unos y otros de diferente raza y cultura que no conocía y sobre todo tratando de servir a aquellos que más lo necesitaban. Eso fue lo que me llamo y me sigue llamando a ser misionero hoy y por eso lo quería compartir con vosotros.
P. Tiziano Viscardi
C/ Morando, 2, 1º, 1ª
28029 MADRID
Tfno. 91 733 15 62
morandoimc@telefonica.net