¿Una imagen vale más que mil palabras?

Hemos escuchado tantas veces eso de que “una imagen vale más que mil palabras” que normalmente lo aceptamos sin cuestionarnos si será verdad siempre.
Sin duda el rostro de una persona que sufre nos “dice” mucho más que el intento de explicarlo.
Las palabras van dirigidas a la cabeza, a la razón del que escucha o lee; la imagen pasa antes por el corazón, por el sentimiento y de golpe “sugiere” un montón de cosas a las que llegamos por intuición.
Imagen y palabra se necesitan una a otra. Las palabras solas pueden ocultar el rostro humano de aquello de lo que hablamos y nos van alejando de ello. Las imágenes solas pueden ocultar los motivos de aquello que vemos y nos sentimos impotentes para cambiarlo.
Una imagen por sí sola nos puede llevar al “prejuicio”. Al no haber palabras que nos expliquen su sentido, le añado una interpretación que nace de mi ideología.
Es la forma de caer en la esclavitud del prejuicio.

Ernesto Duque

Publicado el 01 de febrero de 2008

Las personas somos complejas; el mundo es complejo. Por eso tendemos a ver y valorar la realidad desde ideas ya hechas; a veces son nuestras, con frecuencia las tomamos de grupos, instituciones, personas… que piensan por nosotros.

Es una forma cómoda de evitarnos el esfuerzo por comprender a los otros desde ellos mismos, de comprender la realidad social desde sus propios mecanismos, o de entrar en nuestro propio interior para vernos tal cual somos.

Para colmo las personas –incluido yo mismo- y el mundo van cambiando y cada vez más rápido. De forma que mis opiniones que hoy pueden ser válidas, quizás mañana ya no lo sean. La realidad ha cambiado.

Y, seamos sinceros, a la mayoría nos cuesta eso estar replanteándonos nuestra opinión. Un cambio de opinión deberá ir acompañado de un cambio de actitud hacia las personas y hacia la realidad en la que nos movemos.

Es algo que nos crea inseguridad. Resulta mucho más rentable pensar que las personas no cambian, que la realidad no cambia. Y si hay un grupo o institución que me da criterios claros y “seguros” para entender, valorar y juzgar me evitaré un esfuerzo, me sentiré más seguro… aunque el precio sea estar cada vez más lejos de las personas, de la realidad y de mí mismo.

Movernos por prejuicios nos “aliena”. Y alienar significa enajenar, hacer “extranjero”, es decir nos hacemos lejanos porque nos salimos del mundo de las personas y de la realidad.

Los prejuicios destruyen la paz del hombre
Resulta paradójico. Nos movemos en base a prejuicios para no crearnos problemas y vivir en paz. Pero a la larga los prejuicios destruyen nuestra paz. Crean un abismo entre nosotros y los demás, entre nosotros y la realidad, entre la idea que tengo que mí y mi auténtica verdad.
Llega un momento en el que vivir al borde del abismo crea inseguridad, miedo, soledad… perdemos la paz. Para algunos la solución es amordazar la propia conciencia convirtiéndose en esclavos de un pequeño grupo que comparte nuestros mismos prejuicios. Pero eso significa renunciar a ser y vivir como personas maduras.

La misión y los prejuicios
Son numerosos los ejemplos que podemos encontrar en los evangelios donde Jesús se enfrenta y rompe con los prejuicios religiosos de su propio pueblo. Él no tiene inconveniente en comer con publicanos y pecadores sin hacer caso de las críticas de “los buenos” (Mc 2, 15), o en tocar a los leprosos, en hablar con los samaritanos (Jn 4, 6-9), las mujeres (Jn 8, 1-3) y los extranjeros (Mc. 7, 31).

A ejemplo de Jesús, el misionero está llamado a encontrarse permanentemente con personas, pueblos, culturas, religiones diferentes, que han recorrido caminos distintos a los que él ha transitado.

Y a ese encuentro no puede ir con ideas o juicios ya hechos. Sabe que esas personas, culturas… van cambiando, igual que él mismo va cambiando. Para que ese encuentro sea fecundo nunca puede tener una actitud de condena porque sabe que : “Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él” (Jn 3, 17).

El misionero transmite Vida. El prejuicio siempre mata.
Liberarnos de todo prejuicio es algo que podemos aprender de la misión.


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