Salir de la comodidad
Cuando nació estaba condenado a no ver la luz.
Las “circunstancias” hicieron que durante años viera muchas
luces y de muchos colores.
Hasta que la vida le puso en una encrucijada difícil: seguir viviendo
“como un príncipe” o convertirse en un caminante pobre
y perdido en medio del desierto.
Como a tantas personas se le planteó el dilema de salir de una vida
cómoda para ser fiel a sí mismo, a su historia, a su pueblo.
Lo conocemos con el nombre de Moisés.
Ernesto Duque
Publicado el 01 de
abril de 2007
En Egipto el Faraón decidió cortar por
lo sano
Todo varón israelita debía morir apenas nacer. Había
puesto en marcha medidas represivas contra los israelitas sometiéndolos
a esclavitud. Pero no conseguía resultados.
Los israelitas se multiplicaban y empezaba a temer una revolución que pusiera el peligro su poder. Un poder que estaba dispuesto a defender a cualquier precio.
El Faraón juega otra baza, esta vez al parecer más eficaz y de acción más rápida: el genocidio. El mismo sistema que hoy se sigue utilizando en muchos rincones de la tierra.
Pero Dios andaba por medio y algo falla.
Salvado de las aguas
La astucia de las mujeres israelitas y de su hermana hacen que Moisés
sea encontrado en las aguas del Nilo por la hija del Faraón y que le
pongan como comadrona a su misma madre para que no pierda las raíces
de su pueblo.
Salvado de las aguas, Moisés crece en un ambiente de terribles contrastes.
Goza de prestigio, poder, comodidades y seguridad; forma parte de la élite egipcia. Pero al mismo tiempo no rompe los lazos con su pueblo amenazado de exterminio... Su madre se encarga de mantener ese lazo.
Si había sobrevivido a las leyes del Faraón y vivía en sus palacios podía sentirse a salvo de cualquier peligro.
Extender la mano
Educado en la corte. Siendo el preferido de la hija del Faraón, Moisés
¡vive como un príncipe!
En él se ha hecho realidad el sueño de muchos, la aspiración de tantas personas y, además sin ningún esfuerzo. Es como si le hubiera tocado el gordo de la lotería o el pleno de la quiniela.
Cuando extiende su mano, un gesto tan común que todos hacemos, normalmente es para que alguien deposite en ella aquello que desea.
Con el tiempo aprenderá que a veces se extiende la mano no para recibir, sino para dar y compartir.
Vive cómodo, pero son muchas las preguntas que bullen en su interior, que nacen de lo más profundo de su ser.
Buscando respuestas, Dios le hará entender que el único camino es “salir”.
Moisés sale de la Corte
Aspiraciones y sueños se mezclan dentro de él. Un buen día
tiene que decidirse.
Se encuentra en medio de una confrontación entre un hebreo y un egipcio,
no duda en ponerse de parte del oprimido; se arriesga a perder sus privilegios
y, de hecho, los pierde; de ser un miembro de la corte pasa a ser un perseguido
a muerte por el propio Faraón.
Pero a Moisés no le importa su posición
social, ni sus privilegios, ni su riqueza.
A él le interesa el por qué de la esclavitud de su pueblo, o
mejor aún: el cómo terminar con ella; si el precio para conseguirlo
es pasar de la corte a la esclavitud, Moisés da el paso sin vacilación.
De forma apresurada tendrá que huir al desierto como exiliado...aunque lo parezca Dios no lo ha abandonado... pero de eso seguiremos hablando.
Puedes leer esta parte de la historia de Moisés en los capítulos 1 y 2 del Libro del Éxodo.
Antes de seguir
Seguiremos con la historia de Moisés, pero antes de hacerlo es bueno
tomar nota de algunas cosas.
Dios había pensado en Moisés para encomendarle una misión y, aunque fuera un condenado a muerte prematuro siempre estuvo cerca de él.
Le permitió que gozara de la vida cómoda de la corte del Faraón.
Pero llegado el momento le puso ante un opción nada fácil. Seguir viviendo como un príncipe o vivir como un exiliado. Y esa forma de vivir dependía de por quién optara Moisés: por el hebreo oprimido por el egipcio opresor.
Moisés decidió salir de su comodidad.
Sin embargo ese paso no era suficiente. En la soledad y el silencio del desierto tendrá que ir madurando su corazón y sus opciones hasta que llegue el momento en el que Dios le encargue su misión.
Es importante no confundir “ser felices” con “vivir cómodamente”, vivir como príncipes... uno de los primeros pasos del misionero será siempre salir de la comodidad para adentrarse en el desierto que le permita ser solidario con sus hermanos.
El camino es largo, pero no hay atajos.
Lo seguimos comentado
el próximo mes...