Mongolia
El “Dzud” asesino
Misna 12/02/2010
‘Dzud’, en la lengua local, es el término con el que los pastores nómadas de las estepas de Mongolia designan la devastadora combinación de un verano particularmente seco y un invierno especialmente duro, acompañado de nieve, tormentas y hielo.
Uno de estos ‘Dzud’, como no se recordaba ninguno en décadas, está afectando en estas semanas a 19 de las 21 provincias del país, con temperaturas que llegan a 50 grados centígrados bajo cero. Se calcula que a consecuencia de estas condiciones, ya han muerto más de dos millones de cabezas de ganado, la principal fuente de sustento y de supervivencia de casi dos tercios de la población del país.
Según cálculos de la Cruz Roja Internacional y de las principales entidades de la ONU (desde la Organización mundial de la Salud hasta la FAO, que en los últimos días enviaron un equipo de evaluación a Mongolia), más de 20.000 familias en el país están sufriendo hambre. En una nota difundida por Cruz Roja, que movilizó a más de 14.000 voluntarios para coordinar las ayudas, la gran mortandad del ganado –otros dos millones de cabezas podrían morir en poco tiempo– amenaza directamente la supervivencia de casi 180.000 personas nómades, entre ellos 72.000 niños, y ya 52 localidades se encontrarían “al borde del colapso”.
Después de las primeras verificaciones, la ONU y el gobierno de Mongolia lanzaron un llamado internacional pidiendo ayudas de emergencia por valor de más de seis millones de dólares para tratar de garantizar la supervivencia de la población afectada durante los próximos dos o tres meses, pero las pérdidas económicas causadas por el ‘Dzud’ ya se calculan en más de 60 millones dólares.
Ente las principales consecuencias de este invierno increíblemente rígido, según los expertos, también hay un masivo desplazamiento de la población nómada hacia los centros urbanos, que podría continuar durante varios meses. Este cuadro que pintan las organizaciones internacionales, lo confirman también los testimonios que recogió la MISNA de los misioneros de la Consolata que trabajan en Mongolia.
“El gran frío de este invierno –según la gente, el peor de los últimos 30 años– no causa problemas sólo al ganado (cabras, ovejas, camellos, caballos, vacas y yaks) y a los demás criadores, sino que se vuelve un problema también para la gente común que encuentra dificultad en hallar el combustible mínimo (carbón y leña) para calentarse. De manera especial, se ven afectadas las familias sin ingresos fijos, que vive ‘al día’.
El estado se está moviendo para tratar de limitar el desastre, pero en general las ayudas son insuficientes o tardíos para cubrir la emergencia, en parte por la vastedad del territorio”, escribe el padre Ernesto Viscardi, superior de los misioneros de la Consolata en Mongolia. “Al borde de la carretera nacional que conecta a nuestra provincia con la capital Ulán Bator, se encuentran montones de animales muertos”, escribe el padre Giorgio Marengo desde la ciudad de Arvaiheer, capital de la provincia de Uvurkhangai, en el centro de Mongolia. “En el barrio periférico en el que vivimos nosotros –continúa el misionero de la Consolata– algunas familias viven como a caballo entre la cría de ganado y la vida urbana: tienen unos pocos animales, que llevan a pastar a los alrededores de Arvaiheer, pero sus tiendas se encuentran alineadas con otras en un centro habitado.
Muchos otros no tienen ni siquiera ganado, y viven muy pobremente. Para ellos la emergencia principal es el frío: para comprar carbón o leña hace falta un mínimo de dinero en efectivo, del que con frecuencia no disponen. Entonces llegan a quemar en las estufas botellas de plástico y otros desechos recogidos de las calles de Arvaiheer”.
El padre Marengo precisa que en gran parte de Mongolia la cría de ganado se realiza aún según la antigua tradición nómada o seminómada, sin establos ni forraje, y con la pastura libre como único recurso. “En años normales, los animales logran hallar suficiente alimento para resistir, incluso durante el invierno, rascando la superficie generalmente poco nevada, para mordisquear lo poco que queda de la pradera. Pero cuando la nieve supera los 30 o 40 centímetros, o incluso llega a más de un metro de profundidad como este año, los animales quedan literalmente atrapados y en un par de días pueden morir rebaños enteros” escribe el misionero.