México
Los Misioneros de la Consolata en México
Antonio Fenandes, imc. 02/01/2009
La llegada de los misioneros de la Consolata a México es un momento significativo para nuestra familia misionera. Es el fruto de varios años de camino, fruto de un discernimiento nada fácil pero hecho con esperanza y espíritu de comunión de los países de Latinoamérica donde estamos presentes y se han involucrado en este proyecto. Un proyecto en el que participan sacerdotes y laicos.
El 1 de diciembre de año pasado llegaron el matrimonio formado por Wilder y Gianette con sus dos hijos, Francisco y Andrea de ocho y siete años, procedentes de Venezuela; en sus maletas llevaban mucha esperanza y entusiasmo misionero. Ese mismo día fueron llegando el P. Alex Conti, también desde Venezuela y María Elisa, colombiana, que con sus 67 años no tiene miedo en afrontar este desafío humano y cultural. Por la tarde llegaron los padres Antonio Noe y Abishu Morke, desde Colombia y Argentina. Al día siguiente llegaba desde Brasil el P. Ronildo França. El sueño alimentado durante años se empezaba a hacer realidad.
Entre ellos no se conocían. Así que han dedicado un buen tiempo al conocimiento personal y la visita a personas en instituciones preparando su trabajo misionero. A la vez que iban conociendo más e cerca la realidad social y religiosa mexicana.
En sus cartas durante este mes, subrayan dos aspectos de su presencia misionera:
La acogida: “no existe misión si no hay personas que nos acogen, que nos abren sus casas y comparten su vida y su fe. éste ha sido un signo muy visible para nosotros en estos días. Las personas que trabajan en las Obras Misionales han sido las primeras en hacer visible esta acogida. No podemos olvidar a la familia Huertas que con alegría, fe y hospitalidad nos han ofrecido su casa para comenzar nuestra presencia en la arquidiócesis de Guadalajara. La nuestra es una presencia que comienza con gran humildad”.
La comunión en la misión: “éste camino está hecho en base a la comunión, en todas sus formas. Formamos una comunidad con gran diversidad cultural y ministerial: cinco nacionalidades, religiosos y laicos, tenemos entre 7 y 67 años de edad… una expresión de la comunión y fraternidad que estamos llamados a vivir en la misión.
El camino es largo. Tenemos mucho que aprender, sobre todo estar atentos apara conocer y tener un corazón abierto para conocer y dejarnos amar por este pueblo mexicano en su gran diversidad cultural, social, económica y religiosa.
En poco tiempo nos separaremos para formar una segunda comunidad al sur del país.
Creemos que el largo camino hecho, en medio de muchas dudas, perplejidades, y nuestra llegada a México ha de ser un continuo desafío en la búsqueda de la fidelidad a nuestra vocación misionera”.
Cuando en tiempos de crisis la mayoría tienden a reducir sus presencias, los misioneros de la Consolata hemos optado por buscar nuevos lugares donde estar presentes y diversificar nuestro trabajo. Una apuesta arriesgada. Pero un desafío de la misión.