Paraguay
Hacia otro Paraguay posible
Beatriz Tostado 25/04/2008
Hijo y hermano de encarcelados y torturados durante la ditadura de Stroessner; de familia de rancio abolengo en eso de plantar cara a la oligarquía represora hacedora y heredera de aquellos años negros y que cubrió de gris la vida de los paraguayos, presos de la pobreza, de las desigualdades, de la corrupción y de una más de las seudodemocracias que han caracterizado la América Latina de gran parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI. Es Fernando Lugo, ex obispo, que ha logrado arrebatar la presidencia de Paraguay al partido Colorado, lo cual no significa que tenga el poder, pero es un paso para empezar a construir otro Paraguay.
La de abril ha sido una primera victoria, de Lugo, rodeado de guardaespaldas que lo han vigilado y lo vigilan, porque vive con la sombra de un asesinatoo de una conspiración a sus espaldas y a muchos, a los poderosos, no les interesa que a la cabeza del país estar alguien incómodo; alguien en cuyo programa y en cuyo pensamiento resaltan objetivos que suponen dar la vuelta a tantos años de oligocracia e inequidad.
Algunas de estas aspiraciones pudimos escucharlas hace ya unos cuantos meses en una encuentro en Madrid con paraguayos (exiliados económicos en su mayoría y que carecen de derecho a voto en su país de origen) y españoles. El reclamo principal de sus paisanos fue este, “no se deje llevar por la tentación y líbrenos del mal”.
Visibilidad, soberanía e igualdad
Entre sus intenciones del obispo de los pobres destacaban las siguientes. “Recuperar la dignidad de los paraguayos y construir un nuevo Paraguay”, en el que “todos sean iguales”. Además, desarrollar “una política de Estado para pueblos indígenas”, tradicionalmente invisibles cuando no avasallados; y transformar la Administración para hacerla “menos corrupta y más honesta”, un trabajo este que reconoció “difícil”, pero que, aseguró, con decisión y valentía, “se puede llevar a cabo”..
Si de puertas hacia dentro pretende que que haya más justicia (o justicia, a secas) y que el pueblo tome el espacio que le fue robado, de puertas hacia afuera, Lugo asegura trabajará para “recuperar la visibilidad y la soberanía de Paraguay” (su lugar en el mundo), algo así como un Paraguay que también existe, estado libre, soberano, fuerte y dueño de sus recursos. Y, junto con ellos, “diseñar una buena política exterior”, uno de cuyos puntales será la “mejora de las relaciones con los países donde hay más paraguayos (Argentina, EE.UU. y España)”. Todo esto con la “concertación social” como fórmula.
Y todo esto lo hará si lo dejan, si no le ponen la zancadilla desde el norte de las Américas ni desde los grupos de poder que sospechan que quizás se les acabó el chollo. Pero parece que algo está cambiado en América Latina y hay muchos que aseguran que hay razones para ser positivos y tener esperanza en quienes creen en crear algo mejor, más justo (o simplemente justo) y más digno para esas poblaciones tan machacadas y que tanto lo merecen.
“No nos traicione”
Todo eso y mucho más ofreció, ante quienes lo escuchaban y con el dialogaban ávidos de cambios reales, tan lejos y tan cerca a la vez de su tierra, y muchos con los ojos húmedos de la emoción de pensar ¿y si fuera verdad que quizás gane este obispo? Y también con rotundidad y con reclamos, ¿qué le pidieron? Sobre todo “que se devuelva la dignidad a los paraguayos” y que “no sea la misma historia de siempre”; porque, como recordó alguien, “nos enfrentamos a quienes se aprovechan de la pobreza y de la miseria”.
Y para que no sea lo mismo que se ha venido repitiendo durante tantos años, le exigen mucho trabajo y un buen reparto de esa labor y de los dineros de que disponga. ¿Qué le solicitan? “Que invierta en educación y en salud, en las escuelas, en el trabajo, en la universidad y en la atención médica”; y también, “que haya oportunidades para los jóvenes”, para que no tengan que salir corriendo desahuciados como ellos. Como base para realizar esas transformaciones le demandan, “transparencia, honestidad y luchar contra la corrupción”, y desde ahí aplicarse en que “haya justicia” y en llevar a cabo “una reforma agraria radical, no para unas minorías privilegiadas”. De la mano de ello, mirando hacia dentro y a modo de aviso a los de fuera también, “defender el territorio, los recursos naturales y la riqueza”.
Así lo resumían, a modo de duda y advertencia también, varios de los paraguayos esperanzados con los vientos de mudanza y de reforma. “¿Va usted a hacer un cambio de verdad?, ¿es usted cuerpo completamente limpio? Confiamos en usted, no nos traicione”.