China
Pekín pierde la batalla de la imagen de los Juegos
Rafael Poch 11/04/2008
A 120 días, China ya ha perdido la batalla de la imagen, y parece irremediablemente condenada a perderla aun más en el futuro
“La historia de los juegos olímpicos es un reto, y esto es un reto, pero los actuales sucesos no pueden compararse con lo que tuvimos en el pasado”, dijo ayer en Pekín el comedido Presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge.
Ban Ki Mun, secretario general de la ONU no asistirá finalmente a la ceremonia de apertura de los Juegos de Pekín
El COI exige a Pekín que cumpla su “compromiso moral” con los Derechos Humanos
El Parlamento Europeo plantea el boicot a la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín .
¿Se refería Rogge al precedente de 1968 en Ciudad de México, cuando, diez días antes del inicio de los juegos, el ejército mexicano mató a tiros a entre cien y quinientos estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas?. A aquellos juegos se les llamó “olimpiada de la Paz”. ¿O quizá a Munich 1972, cuando un comando palestino mató y tomó rehenes a atletas israelíes, para acabar casi todos ellos, rehenes y secuestradores, muertos en la operación rescate que siguió?. ¿A los boicots de Moscú (1980, por el Afganistán que hoy sigue ocupado por otros extranjeros), y de Los Ángeles de 1984?. Rogge no lo dijo, pero es verdad que lo de ahora es diferente.
Los juegos de Pekín se le están desmoronando a China, que tanto dinero e ilusión había puesto en ellos. Una campaña civil de ONG’s con larga historia de animadversión hacia el país anfitrión, más un poderoso complejo mediático occidental que le es marcadamente hostil, y los propios defectos de su régimen, en materia de Tibet y derechos humanos en general, ya ha sentenciado el primer acto. Pero no hay ninguna garantía de que la situación alrededor de la antorcha, no continúe en los siguientes capítulos del proceso, incluidos los propios juegos, que comienzan el 8 de agosto y ofrecen una amplia galería de oportunidades para los nacionalistas de Tibet, de Xinjiang, por no hablar de la secta Falung Gong, que, seguro, tiene preparado algo sonado.
La situación es muy difícil de gobernar para Pekín, porque aunque juega en su campo, el terreno de juego es global, y las normas deben estar de acuerdo con un estándar que se comprende mal en China porque no es el suyo. Coincidiendo con los preparativos, se está poniendo “orden” en Pekín; se hacen redadas de prostitutas y camellos, y de la forma más natural, en el mismo paquete se mete en la cárcel a los pocos disidentes que critican los juegos. Al mismo tiempo, las autoridades estudian “soluciones” como la de crear determinados espacios en la zona olímpica para las protestas, en la ingenua idea de que los extranjeros van a respetar tales zonas para sacar sus pancartas. Si la idea se lleva a la practica, será, probablemente, ridiculizada, en caso contrario será condenada. Se va confirmando así el pronóstico que este diario adelantó el año pasado, en el sentido de que un boicot civil y mediático podía convertir los juegos en un campo de minas.
De momento, los sucesos de Londres y París, y en menor medida los de San Francisco, sugieren que esa presión, está empezando a ser irresistible y provoca efectos encadenados entre los políticos occidentales. El parlamento europeo pide en una resolución una posición europea conjunta para no asistir a la inauguración. Uno tras otro, los políticos europeos comienzan a declarar que no asistirán al acto de inauguración; Nicolás Sarkozy se lo piensa, el Presidente alemán ya lo ha decidido, Gordon Brown, el primer ministro polaco y el Presidente checo también. El presidente Bush se lo piensa, mientras los candidatos demócratas a la presidencia compiten entre si en su censura a China.
Hasta el timorato Rogge recordó ayer en Pekín la promesa china, antes de que se les adjudicaran los juegos del 2008, de realizar avances en materia social y de derechos humanos con ocasión de estos. “Diría que fue un compromiso moral, más que jurídico, y pedimos resueltamente a China que respete aquel compromiso moral”. Por su parte, la portavoz de exteriores china, Jiang Yu, respondió instando a los responsables del COI a,”no introducir factores políticos fuera de lugar” y ceñirse a la Carta Olímpica.
No fueron declaraciones espontáneas, sino respuestas a preguntas de periodistas que tienden a buscar la contradicción entre el COI y las autoridades chinas. Éstas intentan trabajar, a su manera, con el “cuarto poder”. El acceso a Tibet y a las zonas tibetanas de Sichuan, Gansú, y Qinhai está vetado para los periodistas, pero se organizan visitas guiadas a algunas zonas.
El miércoles 9 le tocó a la ciudad de Xiahe, en Gansú. Visitando un templo, un grupo de lamas irrumpió pidiendo el regreso del Dalai Lama a Tibet y hundió la visita, porque el incidente fue la noticia. Se repetía la situación que se dio en Lhasa el 27 de marzo cuando el tour de periodistas extranjeros visitaba un monasterio de la ciudad. China ha perdido la batalla de la imagen y está condenada a perderla en el futuro. Y los juegos son un evento mediático.