La Iglesia católica y el diálogo interreligioso
“El diálogo interreligioso forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia. Entendido como método y medio para un conocimiento y enriquecimiento recíproco, no está en contraposición con la misión ad gentes, es más, tiene vínculos especiales con ella y es una de sus expresiones. En efecto, esta misión tiene como destinatarios a los hombres que no conocen a Cristo y su Evangelio, y que en su gran mayoría pertenecen a otras religiones. Dios llama a sí a todas las gentes en Cristo, queriendo comunicarles la plenitud de su revelación y de su amor; y no deja de hacerse presente de muchas maneras, no sólo en cada individuo, sino también en los pueblos mediante sus riquezas espirituales, cuya expresión principal y esencial son las religiones, aunque contengan 'lagunas, insuficiencias y errores'. Todo ello ha sido subrayado ampliamente por el Concilio Vaticano II y por el Magisterio posterior, defendiendo siempre que la salvación viene de Cristo y que el diálogo no dispensa de la evangelización” (Redemptoris Missio, 55).
Publicado en: 28 febrero 2005
“La
iglesia católica a lo largo del siglo XXha realizado una profunda reflexión
sobre su relación con las distintas culturas y las otras tradiciones
religiosas. Esta reflexión llegó a su madurez en los documentos
del Concilio Vaticano II. En ellos se crean las bases para el diálogo
con las culturas y las religiones. El contenido de estos documentos ha sido
posteriormente profundizado en los documentos publicados por Pablo VI y Juan
Pablo II.
VATICANO II
En el Vaticano II se trata por vez primera en la historia de la Iglesia, desde
la perspectiva ecuménica, la relación de la Iglesia católica
con los creyentes de otras religiones. El tema fue abordado fundamentalmente
en los siguientes documentos:
Este tono de diálogo y respeto por las culturas y las religiones es evidente en la 'Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo', de Gaudium et Spes donde se proclama el respeto de la iglesia por todo lo bueno que existe en los distintos movimientos sociales, culturas y religiones. La Iglesia tiene que promover todo lo que es Verdad, Bueno y Bello. Y no puede excluir a nadie del diálogo.
La idea del diálogo con las otras culturas y religiones fue retomada en otros documentos que acentúan aún más la necesidad de una actitud abierta y de encuentro. En el 'Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia', de Ad Gentes, se dice que todos los cristianos debemos por medio de un diálogo sincero y paciente aprender de la rica tradición que Dios ha distribuido en todas las naciones y culturas, y compartir con ellos nuestra propia riqueza que es el Evangelio. Incluso ve la necesidad de preparar evangelizadores capaces de dialogar con las otras religiones a todos los niveles eclesiales.
De estos tres documentos es sin duda Nostra Aetate el que aborda el tema del diálogo interreligioso de un modo más directo.
La 'Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas', de Nostra Aetate parte de la idea de que todos los seres humanos formamos una comunidad, un pueblo creado por Dios a su imagen y semejanza (Génesis 1,26), y por tanto todos tenemos un mismo destino, es decir, el mismo Dios.
El punto básico en el que fundamenta el diálogo con las otras religiones es el siguiente: “Los valores éticos y religiosos positivos que existen en las otras tradiciones religiosas deben ser reconocidos y apreciados; y es por esto que la Iglesia rechaza lo falso, pero reconoce lo verdadero que se encuentra en esas religiones”.
El documento continúa animando a todos los cristianos a entrar en diálogo y colaboración sincera con los miembros de las otras religiones. Los cristianos, al mismo tiempo que dan testimonio de su propia fe y modo de vivir, deben reconocer, preservar y fomentar la verdad espiritual y moral que hay en las otras tradiciones religiosas, y en sus modos de vida y cultura.
El documento concluye haciendo una llamada para que todos los hombres y mujeres vivan en hermandad, porque todos hemos sido creados a imagen de Dios. Y por tanto no existe espacio para la discriminación:
“No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relación del hombre para con Dios Padre y con los demás hombres sus hermanos están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: 'el que no ama, no ha conocido a Dios” (1 Jn 4,8).
“Así se elimina el fundamento de toda teoría o práctica que introduce discriminación entre los hombres y entre los pueblos, en lo que toca a la dignidad humana y a los derechos que de ella dimanan” (Nostra Aetate, n.5).
DESPUÉS DEL VATICANO II
La encíclica de Pablo VI, Ecclesiam suam (Cf. ES, nn. 34-68) se puede
considerar la carta magna del diálogo. En ella nos presenta el diálogo
como un medio para colaborar en la acción salvífica de Dios
a favor de las personas y de las comunidades humanas a lo largo de su camino
histórico.
El diálogo para la Iglesia es una forma de adaptarse a la metodolo-gía de Dios en relación con los hombres. “La revelación es la realiza-ción sobrenatural que Dios ha tomado la iniciativa de establecer con la humanidad, puede ser ejemplarizada por un diálogo, en el cual el Verbo de Dios se expresa en la Encarnación y, por lo tanto, en el Evan-gelio... La historia de la salvación narra precisamente este largo y variado diálogo que parte de Dios, y establece con el hombre una variada y admirable conversación” (ES, n.41). El diálogo es un medio para colaborar en la acción salvífica de Dios en favor de las personas y de las comunidades humanas a lo largo de su camino histórico.
Este camino de diálogo ha tenido una continuación a lo largo de todos estos años y tal vez uno de los momentos más importantes en este camino fue el encuentro de oración por la paz organizado por Juan Pablo II en Assisi en 1987. Este encuentro se convirtió en una referencia clave para todos los encuentros interreligiosos que posteriormente se han ido celebrando.Y el mismo Juan Pablo II en la 'Carta encíclica sobre la permanente validez del mandato misionero', Redemptoris Missio, define muy claramente en qué consiste este diálogo y cuáles son las actitudes con la que los cristianos deben acercarse a él. Un diálogo en el respeto, la igualdad y la sinceridad; un diálogo realizado a nivel del testimonio de vida, con las acciones de solidaridad, el conocimiento doctrinal y la espiritualidad (RM 55-57).
El diálogo es una expresión de caridad hacia todos los hombres. Parti-cipación en el amor trinitario, mandato fundamental de Cristo, la caridad es el motor de la misión, “el único criterio según el cual todo debe hacerse y no hacerse, cambiarse y no cambiarse” (RM, n. 60).
Los motivos de fe en favor del diálogo confirman sus dimensio-nes humanas. La persona tiene necesidad de diálogo, de respeto y de atención para poder desarrollarse. El convivir humano tiene necesi-dad de contraposición y colaboración. Sin embargo, no se puede disociar el diálogo de las exigencias de la verdad, de la libertad y de la justicia.
Las religiones desempeñan un gran papel y tienen una gran respon-sabilidad en la promoción del diálogo. Para todos los creyentes el diá-logo se puede convertir en”método y medio para un conocimiento y enriquecimiento recíproco”(RM, n. 55), para dar testimonio de los propios valores humanos y espirituales y ayudar “a vivirlos para edificar una sociedad más justa y fraterna” (RM, n. 57).
“De aquí deriva el espíritu que debe animar este diálogo en el ámbito de la misión. El interlocutor debe ser coherente con las propias tradiciones y convicciones religiosas y abierto para comprender las del otro, sin disimular o cerrarse, sino con una actitud de verdad, humildad y lealtad, sabiendo que el diálogo puede enriquecer a cada uno. No debe darse ningún tipo de ab-dicación ni de irenismo, sino el testimonio recíproco para un progreso común en el camino de búsqueda y experiencia reli-giosa y, al mismo tiempo, para superar prejuicios, intolerancias y malentendidos. El diálogo tiende a la purificación y conver-sión interior que, si se alcanza con docilidad al Espíritu, será es-piritualmente fructífero”(RM, n.56).
EVOLUCIÓN TEOLÓGICA
Las posiciones sobre el diálogo interreligioso desde una reflexión
teológica también han ido evolucionando a lo largo del siglo
pasado y lo sigue haciendo en este. Las posiciones de los teólogos
con respecto al modo de ver las otras tradiciones religiosas y cómo
entablar el diálogo interreligioso se pueden resumir en tres y pueden
ser representadas metafóricamente como la subida a una montaña
para hacer más fácil su compresión. Cuando un grupo de
personas intenta subir a una montaña lo puede hacer de tres modos distintos:
Para subir a la cima existe un único camino.
Ésta es la postura que defiende que sólo es posible la salvación
a través de Jesucristo. Una postura excluyente. Sólo si te conviertes
y crees en lo que predica la iglesia te puedes salvar. Esta postura se puede
resumir en la famosa frase “Fuera de la Iglesia no hay salvación”.
Para subir a la cima existe un camino principal y otros
secundarios.
Ésta es la postura de asimilación. Según esta posición
una religión tiene la Verdad a través de la cual se llega a
la salvación y las otras religiones tienen algo de verdad y valores
que pueden ayudar a sus fieles a llegar a la salvación. Pero, porque
no han tenido la posibilidad de conocer a Cristo, no han podido hacerse cristianos.
Éstos serían los llamados “cristianos anónimos”
(Karl Rahner). Estos caminos secundarios terminan por unirse al camino principal
que es el ofrecido por la Iglesia.
Existen diferentes caminos pero todos llegan a la cima.
Ésta es la postura del pluralismo religioso. Todas las religiones ofrecen
un camino para llegar a la salvación y no se puede decir que uno sea
mejor que otro. Cada uno tiene la Verdad. Todas las religiones se sitúan
al mismo nivel. No hay unas religiones superiores y otras inferiores. No puede
existir la competición entre las religiones sino una actitud de mutuo
respeto y querer aprender los unos de los otros. Conocerse y aprender mutuamente
para poder trabajar conjuntamente por la paz, sin rivalidades religiosas.
Para la reflexión en grupos
1. ¿Cuáles crees que han sido los puntos más acentuados por la Iglesia con respecto al diálogo interreligioso?
2. ¿Por qué considera importante la Iglesia católica el diálogo interreligioso?
3. ¿Cómo crees que la Iglesia católica debería potenciar el diálogo interreligioso?
4. ¿Cómo podríamos ayudar a nuestras comunidades locales a que fueran más dialogantes?