El conocimiento de Eva:
teología feminista

A pocas leguas de Madrid, dentro de la ciudad amurallada de Ávila, allá por el 1515, nació Teresa de Ahumada, alma impetuosa y heroica, en un cuerpo admirable. Tuvo incertidumbres e indecisiones, desequilibrios y dolores, años de forcejeo hasta que sus ricas cualidades naturales, en las manos de Dios, empiezan a transparentarse: oración mística, matrimonio espiritual, mujer andariega y emprendedora. Recorre casi toda España con su pie menudo, encerrado en unas feas alpargatas. Funda numerosos conventos, emprende reformas para una mejora de la observancia de las reglas. Le ponen dificultades y apela con desafío al rey y al General de la Orden, sin miedo a decir:
“Aunque las mujeres no somos buenas para consejos, alguna vez acertamos”

Publicado en: febrero 2004

La mujer, pro-vocación y profecía para el hombre
Fijémonos por un momento en una pagina clásica de la Biblia: (Gn. 2, 1 – 25)s

Dios ha terminado su creación; de ella se complace, pues ve que todo lo que ha hecho es bueno (Gn.1, 1-31) e invita a Adán, la última obra “buena” salida de sus manos, a tomar posesión y adueñarse de las cosas puestas por Él en este maravilloso jardín.

“El hombre puso nombre a todos los animales, a las aves del cielo y a las fieras salvajes. Pero no se encontró en ellos un ser semejante a él para que lo ayudara” (Gn. 2, 18)

Adán está triste porque se encuentra solo y no puede compartir y Dios reconoce que esto “no es bueno” (Gn 2, 18).

“Entonces Yavé hizo caer en un profundo sueño al hombre y éste se durmió. Y le sacó una de sus costillas, tapando el hueco con carne. De la costilla que Yavé había sacado al hombre, formó una mujer y la llevó ante el hombre Al encontrarse junto a Eva el hombre exclamó:

“Ésta sí que es hueso
de mis huesos
y carne de mi carne.
Ésta será llamada varona
Porque del varón ha sido tomada.”

Por eso el hombre deja a sus padres para unirse a una mujer, y son los dos una sola carne (Gen 2, 20 – 25).

Es evidente. Hombre y mujer tienen un camino común para recorrer. Si han sido confiados, el uno al otro por el Creador, ese camino pasa por el ejercicio de una mutua pro-vocación y profecía. Lo dice Jesús contestando a aquellos fariseos que lo interpelan sobre la licitud del divorcio (Cfr. Mc 10, 2 –16; Mt. 19, 1 – 12). Sin embargo, por la dureza del corazón humano las cosas no van como las dispuso el Creador.

La mujer transparencia del “no” de Dios
Son muchas las situaciones humanas, socio-culturales y religiosas por las que atraviesa la mujer histórica que revelan el “no” de Dios al hombre. Entre tantas resaltamos unas emblemáticas:

“Él te dominará” (Gn. 3, 16): Lo importante de este texto no está en que contenga una predicción, si no en que constata un hecho: la dominación de la mujer por parte del hombre poniéndolo en relación causal con el pecado, es decir, con la ruptura de algo que al principio no fue así. Al principio, es decir, lo primordial del hombre y la mujer, el plan de Dios sobre ambos no se dirigía a un resultado como el históricamente constatable entonces y ahora, sino que a ambos, varón y mujer se relacionasen entre sí según la clave de su ser y vocación profundos: “ser imagen de Dios” (Gn 1, 27). Ser imagen de Dios y estar hechos a su semejanza significa existir como amor hacia los demás, como don de uno mismo que produce vida en el otro.

Romper esa imagen de Dios en nosotros, eso es el pecado original, el del comienzo y el de ahora: y este pecado toma precisamente la forma de una relación dominante del hombre sobre la mujer. Todas aquellas formas históricas, por tanto, en que la mujer queda sometida, humillada, vejada por parte del hombre, son consecuencia de una no semejanza con Dios. En ellas emergen otros tantos “no” que Dios dirige al hombre.
Al principio no fue así. Ni la vocación originaria de la mujer fue la dependencia, ni la del hombre el despotismo. Fue más bien una llamada a existir uno frente a otro como existen las personas de la Trinidad de Dios: dando y recibiendo amor según su propia peculiaridad.

“La mujer paga y paga sola”: Fijémonos en otra pagina maravillosa de la Biblia: (Jn 8, 1-11)

“Los maestros de la Ley y los fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio y le dijeron: Maestro, han sorprendido ésta mujer en flagrante adulterio. La Ley de Moisés ordena que mujeres como esta mueran apedreadas. Tú, ¿qué dices?” Con esto querían ponerlo en dificultades para poder acusarlo.

Jesús se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como le seguían preguntando, se incorporó y dijo: “El que no tenga pecado lance la primera piedra”. Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo.

Y todos se fueron retirando uno a uno, comenzando por los más viejos. Y dejaron a Jesús solo con la mujer, que seguía de pie en el medio. Entonces se incorporó y le dijo: “Mujer, ¿donde están? ¿Ninguno te ha condenado?” Ella contestó: “Ninguno, señor.” Jesús le dijo: “Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar en adelante.”
La historia de la humanidad está atravesada por aquella hipocresía social que consiste en que las consecuencias de lo que fue obra de dos personas las tenga que pagar solamente una: la mujer.

La enigmática actuación de Jesús escribiendo palabras en el suelo se parece mucho a una acusación lanzada contra los delatores: “¿no confirma esta mujer vuestra injusticia “masculina?” Al volver hacia sí mismos la agresividad que estan dispuestos a ejercer sobre la adúltera, lapidándola, Jesús convierte a esta mujer en profecía acusadora contra todos los dominadores adúlteros que, además de despreciar a la mujer, pasan por la vida sin “pagar” por el mal que han hecho y sin quererlo compartir.
“Ya no hay hombre ni mujer” (Gal 3, 28)

Porque todos somos uno en Cristo, dice Pablo, ya no hay entre vosotros hombre ni mujer. Toda discriminación basada en la diferencia de los sexos y que resulta humillante por una u otra parte es anticristiana y antihumana.

iscriminación no; diversidad y complementariedad sí. El ser “el uno para el otro” pide que ambas, diferencia y complementariedad, entren como elementos constitutivos de la mútua ayuda para que verdaderamente los dos, hombre y mujer “sean dos en una sola carne”.

Todo esto apunta hacia la superación histórica de todos esos síntomas de muerte que en la mujer se transparentan como el “no” de Dios y que el hombre produjo en la mujer impidiéndole de recorrer de nuevo el camino hacia el principio cuando las cosas no eran así.

Este retorno hacia el principio compromete también a la mujer, si de verdad quiere descubrirse a sí misma como imagen de Dios, amada por Él y capaz por eso de una entrega sincera de sí misma a los demás.

La mujer como pro-vocación para el hombre
La mujer llama hacia delante a la humanidad del hombre: esta función de la mujer se hace hoy más necesaria que nunca, como ya señala Juan Pablo II en su carta encíclica sobre la dignidad de la mujer. En una época de mutaciones profundas como la actual “la mujer puede ayudar mucho a que la humanidad no decaiga”(MD.1).

Hay de hecho zonas oscuras del hombre varón, zonas reprimidas o poco desarrolladas que necesitan de ese tirón pro-vocativo de la mujer:
Ayudar al hombre a transformar la mirada que el varón dirige a la mujer, para que la dominación dé paso a la admiración y al encanto.

Humanizar al varón para que deje aflorar dentro de sí factores consciente o inconscientemente reprimidos, pero que forman parte esencial de su vocación humana y que se hallan mucho más vivenciados y exteriorizados en la mujer como el don de sí misma que la mujer ofrece a lo nuevo que nace en ella y la total disponibilidad de ponerse a su servicio. Que la mujer “llame hacia delante” la humanidad del hombre en lo referente a su especial comunión con la vida y a su humana atención a lo concreto que tira hacia abajo del mundo de las abstracciones.

Ayudar al hombre a pasar del activismo a la pasividad creadora, toda vez que a los hombres nos sobran, según parece, ideas sin sentimiento, razón sin pasión, actividad sin receptividad. Los lugares económicos, políticos, culturales, religiosos, esperan también la presencia transformadora de lo “femenino”.

El hombre y la mujer fueron confiados por el Creador el uno al otro recíprocamente como personas (Gn 2, 22)

Destacando aquí la parte femenina de esa confianza que tuvo el Creador, a la mujer le toca humanizar al hombre y a éste dejarse pro-vocar por la mujer abriéndose a un diálogo integrador con el “ánima” que todo hombre lleva dentro de sí, con lo femenino reprimido. En este sentido habla Juan Pablo II de un “cierto profetismo particular de la mujer en su femineidad”(MD, 29). Ella ha de ser la espoleta que pone en movimiento la recuperación de la humanidad dormida que habita en el hombre.

¡Cuanta razón pues tenía Teresa de Jesús cuando, desafiando el rey y al General de la Orden les decía sin miedo: “Aunque las mujeres no somos buenas para consejos, alguna vez acertamos”

Para la reflexión en grupos


1. Lee detenidamente el capítulo 2 del Génesis y destaca las enseñanzas que de él se derivan.

2. En nuestra sociedad actual ¿cuales son las manipulaciones que más rebajan y quitan dignidad a la mujer?

3. ¿Porqué y en qué se “equivoca” la tendencia feminista actual “en querer que la mujer sea en todo igual al varón?”


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