Jesús y las mujeres
Nos proponemos en esta escuela conocer y valorar, la relación de Jesús con las mujeres de su tiempo y el aporte de las mujeres al plan de Salvación en nuestras propias comunidades.
Publicado en: agosto / septiembre 2004
Un
poco de Historia
La historia nos indica que en los tiempos de Jesús, las culturas eran
patriarcales. Las mujeres estaban subordinadas primero a sus padres, y luego
a sus maridos. Si conocemos el mundo greco-romano como un mundo masculino,
el mundo judío lo era multiplicado varias veces. Las libertades de
que disfrutaban las mujeres gentiles, no judías, de Roma y Grecia eran
inconcebibles para los judíos.
El mundo Hebreo es una religión de varones. Filón -contemporáneo de Cristo- nos cuenta que toda la vida pública, con sus discusiones y negocios, en paz y en guerra, son cosa de hombres. Conviene, dice, que la mujer se quede en casa y viva en retiro. En fin, la mujer era considerada como posesión del marido. Estaba obligada a las faenas domésticas, no podía salir de casa sino a lo necesario y convenientemente velada, no podía conversar a solas con ningún hombre so pena de ser considerada indigna y hasta adúltera.
Bajo estas condiciones las mujeres hebreas de
Palestina estaban entre las más pobres y desfavorecidas en la época
de Jesús. Esto era, probablemente, porque no tenían derechos
hereditarios y no podían divorciarse ni aún por el más
sólido de los motivos. Los hombres hebreos, en cambio, podían
divorciarse de sus mujeres por cualquier motivo, desde encontrase quemada
la cena (Hillel) hasta el adulterio (Shammai).
Así era el mundo en que se movía Jesús. Éstas
fueron las costumbres en las que fue educado. Vale la pena que nos preguntemos:
¿compartió Jesús estas discriminaciones de la cultura
judía?
Una mirada rápida, pero atenta, al evangelio
nos permite percibir a Jesús en postura diametralmente opuesta a la
mentalidad corriente de los judíos.
Podemos decir entonces que dentro del contexto palestino, el comportamiento
de Jesús hacia las mujeres se considera radicalmente inclusivo. Esta
experiencia de igualdad condujo a las primeras discípulas de Jesús
a considerar absolutamente natural sus papeles de líderes en las Iglesias
cristianas de los primeros tiempos. Esto queda reflejado en las cartas de
San Pablo, en los Hechos de los Apóstoles y en otros documentos cristianos
de esa época.
Jesús y la mujer
En los Evangelios, vemos que Jesús desafía, con cierta regularidad,
los preceptos patriarcales establecidos por su cultura. Por lo tanto creemos
que Jesús aceptó, animó, consoló y promovió
de manera significativa la presencia de la mujer en su vida y en la sociedad.
Veamos algunos ejemplos concretos.
Habla con ellas, Jesús se entretiene con las mujeres tal como con los
hombres; sin atajos, sin prejuicios ni condicionamientos de ningún
tipo ni comportamientos maliciosos.
Les permite que le sigan de cerca. Esto era inaudito en ese tiempo. Jesús permite que algunas mujeres le sigan, le sirvan y también provean a su sustentación y a la de los apóstoles (cf. Lc 8,1-5). Esto era verdaderamente revolucionario, ya que las mujeres normalmente no podían dirigirse a los hombres en público, y mucho menos andar por los caminos con ellos.
Las corrige con amor y respeto, cuando es necesario.
A la madre de los Zebedeo le echó en cara su ambición al pedir
privilegios a sus hijos (cf. Mt 20, 22). A las mujeres que lloraban en el
camino al Calvario les pidió que sus lágrimas las reservasen
para quienes estaban lejos de Dios, a fin de atraerles a la conversión
(cf. Lc 23, 28).
Les premia su fe, confianza y amor con milagros, como a la hemorroisa y a
la hija de Jairo (cf. Mt 9, 18-26). A la suegra de Simón Pedro (cf.
Mc 1, 29-39). Al hijo de la viuda de Naín (cf. Lc 7, 11-17). A la hija
de la cananea (cf. Mc 7, 24-30). A la mujer encorvada (cf. Lc 13, 18-22).
Jesús es sumamente agradecido con estas mujeres y sabe consolarlas
en sus sufrimientos.
Jesús acepta la amistad de las mujeres. La inclusión radical de las mujeres realizada por Jesús queda ilustrada por la historia de Marta y María. María asume su lugar a los pies de Jesús, el lugar ocupado tradicionalmente por los varones dedicados a los estudios rabínicos. "María ha escogido la parte mejor, y nadie se la quitará." (Lucas 10:38-42).
Las perdona, cuando están arrepentidas (cf. Jn 8, 1-11; Lc 7, 36-50; Jn 4, 7-42). A María Magdalena la libró del poder del demonio (cf. Mc 16, 9; Lc 8, 2). Jesús no desconoce la realidad del pecado en la adúltera, en la samaritana, en María Magdalena. Jesús sabe que ellas pueden alcanzar la redención de sus faltas, porque aman mucho.
Las motiva a ser misioneras: las mujeres se convierten en las primeras enviadas a llevar la buena nueva de la resurrección de Cristo (Jn 20, 17).Gracias a la metodología de Jesús, la mujer samaritana se convierte en una de las primeras evangelizadoras. El Evangelio nos narra que “muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Jesús por las palabras de la mujer”. (Juan 4, 39.)
Resumiendo, Jesús de Nazaret aparece, en su trato con la mujer, como un revolucionario. Un hombre que desafía el legalismo confuso e inerte que entremezclaba la vida religiosa y social, Jesús, siendo Dios, es un hombre que se asocia con la gente sencilla y desposeída. Un hombre que plantea un programa de vida que acepta y promueve a la mujer, pero al mismo tiempo es desestabilizador e incómodo para el mundo dominador masculino.
Las mujeres y Jesús
Las mujeres del Evangelio, seguidoras de Jesús, muestran el mismo coraje
y entereza que tuvo el Maestro para enfrentarse a la crítica y persecución.
abe destacar que estando Jesús ya crucificado como un delincuente, son las mujeres las que están más cerca de Él y no sus discípulos (excepto Juan). Son ellas quienes le acompañan. Allí están María Magdalena, Salomé y María, la madre de Jacob, que están presentes en el momento de la sepultura.
al tercer día, son mujeres las que van al sepulcro, con el fin de ungir el cuerpo con especies aromáticas. Allí mismo asumen ellas el papel de pregoneras de la resurrección de Jesús, el episodio crucial para la fe cristiana.
Quiero terminar recordando que cuando “la Palabra se hizo carne”, lo hizo en el vientre de una mujer. Este es el mensaje del Evangelio: Jesús, el Cristo, la Palabra hecha carne, habitó entre nosotros, y durante ese tiempo cambió uno de los esquemas más implacables de la época. Con sus palabras y obras, retó a sus contemporáneos a aceptar la igualdad de la mujer como “imagen y semejanza” de Dios mismo, y nos dejó una medida para que los cristianos de hoy podamos evaluar la manera en que valoramos a la mujer en la sociedad, en la Iglesia, y en el mundo.
¡Que viva la feminidad!
¡Mujeres, sean mujeres, conserven sus aspectos femeninos! El mundo,
la sociedad, la iglesia misionera las necesitan como perfectas mujeres. Lo
que vosotras no hagáis no lo hará nadie. El hombre tiene otro
rol.
Para la reflexión en grupos
1- Miremos nuestra realidad
2- ¿A la luz del ejemplo de Jesús, ¿cuál es mi opinión respecto a la violencia de género?
3- Si nos acercamos a cualquier iglesia para ver la asistencia, el trabajo de la catequesis, de Cáritas, obras sociales, etc. ¿Qué vemos más, varones o mujeres? ¿Cuántas mujeres por cada varón? ¿Qué opino ante esta realidad que yo veo?
4- ¿En qué medida valoramos el trabajo, tantas veces anónimo, de las mujeres al servicio de la familia, en la comunidad, y en el plan de Salvación?