Se alquila niño para mendigar

Menores de siete años son alquilados para mendigar según un estudio de la Liga Marroquí para la Protección de la Infancia

Óscar Gutiérrez
Periodista
Agencia de información Solidaria

Fecha Publicación: 30 de septiembre del 2004
Entre cuatro y nueve euros, no más, cuesta alquilar durante toda una semana un niño menor de siete años para mendigar las calles de Marruecos. Lo hará en lugar de su arrendatario, mendigo que en un día recuperará esos nueve euros semanales que le cuesta alquilar al menor. Una vuelta de tuerca al negocio que depende del buen samaritano, pero, sobre todo, a la explotación infantil, la de la calle, la del trabajo forzoso. Lo denuncia la Liga Marroquí para la Protección de la Infancia en un estudio firmado en colaboración con el Ministerio de Sanidad marroquí: el 15 por ciento de los niños menores de siete años que se utilizan para mendigar son alquilados por menos de 100 dirhams (los nueve euros). ¿En qué condiciones? Obligados a ejercer la calle con enfermedades crónicas-malnutrición, uno de cada tres, y bajo la adormilera de los tranquilizantes.

Es un estudio con base en la capital del reino alauí, Rabat, pero pudiera ser cualquier ciudad bien poblada del mundo en desarrollo. Son datos de la ONG internacional Casa Alianza los que estiman que más de 100 millones de niños y niñas –“los nuevos parias de la tierra” los llama esta ONG– viven y trabajan hoy en las calles de los países del Sur. Lo hacen mendigando, pero también comerciando con baratijas, lavando automóviles o limpiando zapatos. La mayoría son varones, tres de cada cuatro, y la mayoría son adictos a las drogas, a los inhalantes, la cocaína de los más pequeños.

Dice UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) que de estos 100 millones de niños y niñas de la calle, 40 millones residen en América Latina y, de éstos, la mitad dependen para deambular por la aceras de pegamento para el calzado y narcóticos industriales de base solvente. Es lo que les aleja del frío, del hambre, de la soledad; pero les acerca a los daños cerebrales, la malnutrición crónica, las disfunciones nerviosas, la depresión, el suicidio y la muerte. Aunque les permite trabajar. Porque en Bolivia, Perú y Ecuador trabajan el 20 por ciento de los menores de 14 años; en Brasil son dos millones los trabajadores precoces; algo menos en Argentina y la región centroamericana.

Ejemplo es el eje Haití-República Dominicana, bazar de intercambio de menores con destino a la mendicidad. Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones, más de dos mil niños abandonan cada año Haití para ejercer de mendigos, de esclavos, en la ciudad dominicana de Santiago. Por cada uno de ellos, los traficantes, entre 45 y 50 agolpados a ambos lados de la frontera, ganan de 60 a 80 dólares. Los padres, generalmente, dan su permiso.

Lejos de allí se repite la indefensión de los niños. En la ciudad de Lahore, Pakistán, el 95 por ciento de los 5.000 menores sin hogar consumen los adhesivos para calzado más baratos del mercado para pasar el trago de la calle. ‘Project Smile’, ONG que trabaja con estos niños es testigo de cómo estos menores, muchos antes de cumplir los 10 años, sufren verdaderos problemas psicológicos que les llevan, incluso, a mutilar partes de su cuerpo con la intención de escapar de las autoridades o, simplemente, ejercer la mendicidad.

De nuevo en Marruecos. De siete a 18 años; llegados de chabolas, barrios superpoblados o el campo; hijos de analfabetos, de familia numerosa; con dos años máximo de periodo escolar; con experiencias profesionales de explotación o esclavitud; con una perspectiva de futuro: Eldorado europeo. Es el perfil que la ONG marroquí Bayti dibuja de los niños de la calle. Sólo en Casablanca, la capital económica del país, son más de cien mil. El porqué, señala Baity: explosión demográfica, trastornos familiares, trabajo infantil y ausencia de alternativas. Los que no tienen padres que animan, obligan o echan la vista a un lado cuando sus hijos mendigan en las calles. Casablanca será, precisamente, el primer punto hacia donde se dirijan los esfuerzos del gobierno marroquí escandalizado por el alquiler de niños mendigos. Así sea controlando el negocio de la mendicidad, el trabajo de los menores, la venta de disolventes a niños, el tráfico de mano de obra infantil... y así sea empezando por las familias que es donde el niño es niño, pero es también donde puede dejar de serlo.


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