Africa, ¿comienza una nueva era?

No hay duda de que el cambio está fermentando en el corazón de los pueblos africanos. Algo importante ha ocurrido en estos últimos 15 años: Nelson Mandela, Desmon Tutú y otros han recorrido un camino que ha servido de modelo para otros países del continente (Zambia, Malaui, Kenia...). Un camino caracterizado por la exigencia de multipartidismo, la elección democrática de los gobiernos, la creación de organizaciones regionales hasta culminar en el 2000 con la Unión Africana.

Editorial de la Revista Éxodo- 04/01/2005

Fecha Publicación: 04 de enero del 2005
Hay una mayor conciencia popular, albergada sobre todo en el mundo de la mujer, que realiza el 70 % del trabajo agrícola, el 80 % de los bienes de consumo y del 60 al 90 % de su comercialización y está creando numerosas actividades profesionales que enriquecen y dan mayor protagonismo a la vida y tejido de la sociedad civil. Todo eso a pesar de que una de cuatro muchachas está poseída por el Sida y conocen como en ningún otro lugar los estragos de las violaciones y de los malos tratos.

Y hay una Iglesia nueva, consciente del pecado de su alianza en el pasado con los poderes coloniales, que conecta ahora con la religiosidad del pueblo africano, siempre a favor de la vida y en contra de la opresión, y está , desde la perspectiva de la teología de la liberación africana, estimulando la identidad e idiosincracia africana (se puede ser cristiano sin renunciar a ser africano) con los valores básicos de la participación, fraternidad y responsabilidad comunitaria.

Pero estos signos de luz y esperanza, no despejan los negros nubarrones de un nuevo colonialismo. Africa, que representa 1/5 del planeta tierra, que tiene unos 850 millones de habitantes con algunas de las mayores ciudades del mundo, que en 2003 la inversión extranjera se ha puesto en 15.000 millones de dólares, sufre un terrible infortunio que le viene -¡oh paradoja! – de sus materias primas: diamantes, oro, uranio, cobalto, petróleo, etc. Esa riqueza inmensa no evita que su deuda externa suba a 305 billones de dólares ni sirve para conjurar las grandes amenazas del Sida, la malaria y la guerra.

Sus inmensa riquezas –y no otras razones- son las que determinan las guerras. Detrás de cada golpe de Estado, de cada guerra están las multinacionales, países ricos que, bajo el disfraz de democracia y de instituciones internacionales ( G-8, F.M.I., B.M.) , siguen ejerciendo el neocolonialismo y practicando el robo y expolio de los recursos de este continente. ¿Resultado? Reserva y extracción de recursos para las necesidades artificiales de países industrializados y mayor empobrecimiento y muerte para los africanos. De los 46 países con menos nivel de vida, 20 son africanos y hoy son más pobres que hace 20 años.

Esperanza hay, no la que viene de fuera, sino la que surge de la nueva conciencia del continente africano, hasta que consiga consolidar su unión y disponer de su propio destino como dueño, frente a los regímenes corruptos, impuestos desde fuera.

 


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