Sin lazos humanos

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“Aislamiento, muerte en soledad y carencia de vínculos humanos”. Es el tema de un libro sobre víctimas de abandono en la “sociedad asocial”. La televisión NHK presentó un programa recogido en el libro Sociedad sin lazos. 32.000 vidas humanas abandonadas (editorial Bungei, Tokyo, 2010).


“En” es palabra de raigambre budista; significa vínculo, lazo, relación, coincidencia casual y causal, encuentro providencial, interconexión de todo. La negación (“Mu”) de este concepto es “Mu-en”, es decir “desvinculado”.


Característica de la hominización es la capacidad de relacionarse. Un rasgo de la deshumanización actual es la ruptura de lazos familiares, vecinales, cívicos, laborales, culturales, sociales.


El reportaje enfoca a 32000 personas muertas aisladas anualmente. La cifra se acerca a la de 35000 suicidios al año en Japón, sumando más de sesenta y cinco millares de muertes solitarias.


En los registros oficiales, los cadáveres no identificados constan como “fallecidos de la calle”. No es que sean muertes por accidente o desenlace de enfermedad en plena calle; son personas que vivían solas, sin relaciones familiares, ni nadie que reclame sus restos para sepelio. La administración local se ocupa de la cremación e informa en gaceta sobre las desapariciones.


El reportero constata una amplia gama de personas “solas en la noche”: un ejecutivo en quiebra deja a su familia y desaparece huyendo de acreedores: un divorciado se esfuma para vivir en anonimato; un adicto al trabajo vive para la empresa y provoca el abandono familiar, pero en el paro tras su despido no vuelven a acogerle en casa; residentes de apartamentos individuales comprados durante la afluencia económica, pasan su vida octogenaria sin contacto vecinal; unos sin techo son víctimas de maltrato por una tribu urbana juvenil; una anciana de 79 busca compañía y empleo domicialiándose en una ONG de servicios fúnebres para quienes no pueden pagarlos; y todo un largo etcétera de vidas solitarias.


“No tengo a nadie que me eche una mano”, dijo a Jesús el paralítico de Bethesda (Jn 5, 7).


Un clérigo pasó de largo y un samaritano se detuvo conmovido, cuenta Lucas en la parábola (Lc 10, 32-33), para suscitar el compromiso con el movimiento de Jesús: deshacer cadenas de esclavitud y restaurar lazos de humanidad, liberación y esperanza.


Juan Masiá Clavé
*Jesuita. Profesor de la Universidad
Santo Domingo de Osaka (Japón)

03/10/2011