Bienestar o “estar bien”

Publicado el 01 de octubre 2009

J. Altavista

Dicen políticos y economistas que estamos tocando fondo en la “crisis” y que ha empezado la recuperación, al menos en algunos países. No voy a contradecirlos. Reconozco que no tengo suficientes conocimientos como para hacerlo.

Lo que sí constato es que en casa las cosas no mejoran, al contrario, cada día van un poco peor y continuamente tenemos que buscar nuevas formas de campear el temporal, esperando tiempos mejores.

Aunque uno no sea experto, no por eso va a dejar de pensar y decir lo que pienso.

Es importante no perder la memoria. Hace ya muchos meses se echó la culpa del inicio de la crisis a las llamadas “hipotecas basura”. Los causantes eran los grandes bancos y las entidades financieras.

De golpe, el sistema financiero que llevaba años consiguiendo beneficios de miles de millones, quiso ganar más y más barato. Dicen que ahí el sistema quebró. Aunque muchos bancos siguieran teniendo ganancias siderales.
Entonces, el Estado, con el dinero de todos empezó a inyectar millones y millones a las entidades financieras.

¿La justificación? Si se hundía el sistema financiero se hundiría con él el sistema de bienestar conseguido por las naciones más ricas.
Como “compensación”: algunas medidas sociales, que tienen más de simbólico que de real.

Muchos especialistas dijeron que el problema más que económico era ético. Un sistema económico donde el dinero es más importante que las personas es perverso, porque está al servicio de unos pocos.

Las consecuencias más graves de la crisis no las vivimos nosotros. La viven los países, los pueblos y los grupos humanos más pobres de los que no se habla. Que por cierto nada tuvieron que ver en que se produjera la crisis.
Podría haber sido una buena oportunidad para revisar la ética de nuestro sistema económico. Pero a nosotros, los ricos del planeta, no nos interesa.
Era una ocasión para plantearnos qué economía queremos para nuestro mundo: la economía que busca la máxima ganancia a cualquier coste o buscar una economía solidaria. Dicho de otra manera: la economía del “bienestar” para unos pocos, o una economía que permita “estar bien” al mayor número de personas posible.

La segunda opción supondría bajar algo nuestro nivel de vida y consumo. Pero quizás con ello nos sentiríamos mejor como personas, viviríamos menos angustiados y lograríamos que muchos otros estén y vivan mejor. Pero cuando entran en conflicto dinero y solidaridad, sigue siendo verdad aquello de que “poderoso Señor es Don Dinero…”.

Posiblemente recuperemos el estado de bienestar, pero algo en mi interior me dice que, en no mucho tiempo lo pagaremos a un precio más caro que la actual crisis.

Sólo una economía solidaria puede salvarnos. Y en este mundo globalizado, como decía un famoso pensador: “o nos salvamos juntos o nos condenamos juntos”.

Jesús de Nazaret decía en sus bienaventuranzas: “Felices los que prestan ayuda (son misericordiosos), porque recibirán ayuda”.

El cristianismo no es una doctrina, es una forma de vivir. Y una forma de vivir también la economía. No separemos la fe de nuestra vida diaria.

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