Una Iglesia entre la localidad y la universalidad
Eugenio Boatella
Publicado el 01 de octubre
2009
Nacido en Málaga, hace 44 años, está desarrollando su trabajo como misionero de la Consolata en Corea de Sur. Lleva años compartiendo la vida de la sociedad y de la iglesia surcoreana. Hace poco pasó por España y nos dejó estas líneas sobre su experiencia misionera.
Dos ranitas vivían felices en su pozo que les daba todo lo que necesitaban para vivir y el cual consideraban “el mejor lugar del mundo”. Una de ellas llevada por la curiosidad fue saltando de un lado al otro del pozo y así consiguió alcanzar la boca de este y salir al exterior. Continúo este viaje exploratorio hasta que por fin llego a un lugar cuya visión iba a marcar no solo sus ojos sino su vida. Aquello que maravillaba y la dejaba fuera de si no era sino la visión de una mar inmenso y azulado. Después de un tiempo largo, suficiente para asimilar aquella sublime visión, se recordó de su amiga ranita y pensó cuánto disfrutaría también ella de ver aquella espectacular visión. Y así volvió a su pozo para tratar de convencerla. Ya ha pasado mucho tiempo y a pesar de utilizar todos los métodos más persuasivos para convencerla no consiguió hacer caer de su cabecita de que allí fuera hay un mundo inmensamente más grande y hermoso que su pequeño pozo”.
Final pesimista ¿verdad? Ya me gustaría poder contaros este cuento pero con otro final más feliz. Pero creo que aún queda mucho por hacer para convencer a la Iglesia coreana para que salga de su pequeño pozo y alargue su conciencia de misión más allá de sus fronteras. Y para muestra un botón. El día del DOMUND pasa totalmente desapercibido por las comunidades parroquiales. Si este día es así ya te puedes imaginar el resto del año.
Sería sin duda un paso enorme esta apertura misionera para una iglesia como la coreana que, aun siendo minoritaria (un 11% de la población), tiene ya una larga y rica historia de más de 200 años, una clero nativo más que suficiente para acompañar a todas las comunidades, con una gran riqueza de vocaciones religiosas, y con una laicado muy activo y comprometido en la vida parroquial e incluso con la misión de atraer a los no bautizados coreanos a la Iglesia. Podríamos aventurarnos a decir que ya hay un primer despertar misionero como se ve reflejado en los más de 700 misioneros coreanos esparcidos por el mundo.
Dificultades para abrirse
Hay razones históricas que nos ayudan a entender el porqué este pueblo ha tenido dificultad para abrirse a la universalidad. Corea es una pequeña península rodeada de grandes potencias (Japón, China, Rusia) cuyos intereses expansionistas chocaban con este pequeño país que con sangre y uñas se ha defendido de los invasores. Incluso ha sufrido un terrible periodo de colonización de Japón por 35 años. La apertura al mundo occidental ha tenido que esperar al inicio del siglo XX. Hoy día en la época de la globalización Corea del Sur ha alcanzado cotas de desarrollo económico increíbles. Basta ver cuántos productos del alta tecnología que nos rodean son coreanos (coches, televisores, móviles..). Hoy ya no es ese pequeño país ninguneado por las grandes potencias. Esto ellos lo saben y miran con orgullo lo que han logrado en estos últimos 50 años.
Hay otra poderosa barrera que los separa del mundo, la del idioma. Para los coreanos aprender otros idiomas es tarea tan ardua como para nosotros aprender el coreano. Sólo unos pocos privilegiados lo consiguen, a pesar de que todos desde la más tierna infancia dedican mucho tiempo, dinero y energías en esta tarea. Y es que es el idioma el que posibilita la apertura a otras culturas y países. Si no me equivoco el miedo a no poder aprender otros idiomas es que el que echa atrás a muchos sacerdotes y religiosos a dar el salto misionero. Algún misionero extranjero ha dicho que el idioma coreano “ha sido creado por Satanás” para impedir el trabajo evangelizador de los misioneros. Tres cuartos de lo mismo podríamos decir para la apertura universal de la Iglesia coreana.
La misión como comunión entre iglesias
Bien sabemos todos que la iglesia española ha sido históricamente una iglesia muy misionera. Y me atrevería a decir que el testimonio de tantos misioneros que volviendo a su país narraban sus experiencias misioneras han ido creando una sensibilidad solidaria hacia otros países del mundo. Estoy convencido que serán los misioneros coreanos que evangelizan por el mundo los que, con su narración de la misión, irán abriendo puentes e irán convenciendo y seduciendo que allí afuera hay un mar inmenso y hermoso y que merece la pena salir del pozo.
Nuestra pequeña gota de agua como misioneros de la Consolata está en vivir en comunidades internacionales (ahora somos 10 misioneros de 7 nacionalidades) siendo testimonio de comunión, intentando contagiar esa universalidad a través de nuestras actividades de animación misionera , como por ejemplo con nuestra revista misionera que ya lega a unas 3500 familias coreanas, y, entrando todo lo posible en este pueblo y en su cultura para que nuestra amistad y afecto sea un puente que los abra a ese mas allá de la misión ad gentes.
También está en formar a estos jóvenes que se han sentido seducidos por la llamada a la misión ad gentes para después lanzarlos al mundo. De hecho este año podremos disfrutar de la ordenación de nuestros dos primeros misioneros, uno de ellos irá a trabajar en España. Ellos que encarnaran la misionariedad de la iglesia coreana seguro que producirán un efecto multiplicador en esta labor de apertura a la universalidad de esta iglesia coreana.