Todos somos protagonistas
P. Bernardo Baldeón
Publicado el 01octubre de 2007
Cada vez más las jóvenes iglesias, nacidas de la acción misionera, van tomando un mayor protagonismo en la acción evangelizadora de la Iglesia. Las iglesias de “vieja cristiandad” han dejado de ser las únicas protagonistas de la misión. Las nuevas comunidades cristianas van asumiendo un papel cada día más importante en la misión “ad gentes”, en la misión universal.
Ese cambio supone una mayor riqueza ya que al cambiar
la figura del misionero, ahora perteneciente a distintas razas, culturas y
experiencias religiosas y eclesiales, la misión permite presentar un
rostro más amplio de la persona y del mensaje de Jesús.
En este sentido va el mensaje del Papa para el día del DOMUND de este
año, del que extraemos algunos párrafos:
“El tema elegido para la próxima Jornada mundial de las misiones :«Todas las Iglesias para todo el mundo», invita a las iglesias locales de los diversos continentes a tomar conciencia de la urgente necesidad de impulsar nuevamente la acción misionera ante los múltiples y graves desafíos de nuestro tiempo. Ciertamente, han cambiado las condiciones en que vive la humanidad, y durante estos decenios, especialmente desde el concilio Vaticano II, se ha realizado un gran esfuerzo con vistas a la difusión del Evangelio.
Con todo, queda aún mucho por hacer para responder al llamamiento misionero que el Señor no deja de dirigir a todos los bautizados. Sigue llamando, en primer lugar, a las iglesias de antigua tradición, que en el pasado proporcionaron a las misiones, además de medios materiales, también un número consistente de sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, llevando a cabo una eficaz cooperación entre comunidades cristianas. De esa cooperación han brotado abundantes frutos apostólicos tanto para las iglesias jóvenes en tierras de misión como para las realidades eclesiales de donde procedían los misioneros.
El buen Pastor invita también a las iglesias de reciente evangelización a dedicarse generosamente a la misión ad gentes. A pesar de encontrar no pocas dificultades y obstáculos en su desarrollo, esas comunidades aumentan sin cesar. Algunas, afortunadamente, cuentan con abundantes sacerdotes y personas consagradas, no pocos de los cuales, aun siendo numerosas las necesidades de sus diócesis, son enviados a desempeñar su ministerio pastoral y su servicio apostólico a otras partes, incluso a tierras de antigua evangelización.
De este modo, se asiste a un providencial «intercambio de dones», que redunda en beneficio de todo el Cuerpo místico de Cristo. Deseo vivamente que la cooperación misionera se intensifique, aprovechando las potencialidades y los carismas de cada uno. Asimismo, deseo que la Jornada mundial de las misiones contribuya a que todas las comunidades cristianas y todos los bautizados tomen cada vez mayor conciencia de que la llamada de Cristo a propagar su reino hasta los últimos confines de la tierra es universal.
El compromiso misionero sigue siendo el primer servicio que la Iglesia debe prestar a la humanidad de hoy, para orientar y evangelizar los cambios culturales, sociales y éticos; para ofrecer la salvación de Cristo al hombre de nuestro tiempo, en muchas partes del mundo humillado y oprimido a causa de pobrezas endémicas, de violencia, de negación sistemática de derechos humanos.”
Siguiendo el pensamiento del Papa, por fortuna se va superando la división, en otros tiempos tan clara entre quien da y quien recibe. La misión es cada vez más un compartir entre pueblos, culturas e iglesias donde todos aportamos y aprendemos, y donde juntos hacemos presente el Reino en nuestro mundo.