DARFUR:

Una fama no querida

“Si alguien duda de la existencia del infierno, que visite Darfur”. Es el comentario que escuché a un voluntario de una ONG que ha trabajado más de un año en la zona.
Darfur es un pequeño rincón en el país más grande de África: Sudán. Podría seguir siendo uno de tantos lugares “desconocidos”. Pero los constantes conflictos étnicos y la lucha por el poder, especialmente a partir de 2003, han hecho que aparezca en casi todos los medios de comunicación, convirtiéndose en símbolo del sufrimiento humano.

Beatriz Tostado

Publicado el 01 de octubre de 2007
Hasta el año 1916 Darfur era un sultanato independiente. Ese año fue anexionado por el Sudán anglo-egipcio.

La región de Darfur está dividida por una frontera imaginaria en el sitio en que el África árabe choca con el África negra. Aquí se enfrentan diferentes culturas, tradiciones… Durante siglos los árabes sometieron a los negros como esclavos. Hoy el conflicto enfrenta fundamentalmente a distintos grupos musulmanes.

Un caso entre tantos
Lo relata el periodista Carsten Stormer: Mohamed Idris, un musulmán negro de Darfur, había estado apilando leña en su aldea aquel día, cuando escuchó los aviones, las bombas, los explosiones, los gritos. Corrió a su casa y encontró a su hermana ensangrentada y violada por seis hombres, a su madre con un disparo en la cabeza, a su padre y a su hermano quemados vivos en los humeantes restos de su choza. Su familia, su comunidad, su hogar habían sido destruidos. Le encantaría matarlos a todos. Hombres, mujeres, niños. Exactamente como lo hicieron ellos. Ojo por ojo. Lo principal es quedar a mano, vengarse de manera sangrienta de los árabes y de sus milicias Su futuro ha desaparecido, el pasado se ha convertido en un bloque emocional único.

Ya ha liquidado a unos cuantos, dice. Pero no es suficiente. “Nunca olvidaré, nunca perdonaré”, dice el hombre cuyo cuerpo está cubierto de hijabs, bolsitas de cuero negro que contienen versículos del libro sagrado, el Corán. “Me protegen de las balas enemigas, me hacen invencible.”

Mohamed habla como alguien que ha aceptado su destino. “Mataron a tiros a todos lo que no pudieron huir con suficiente rapidez”, dice Mohamed. Se rehace, como si estuviera despertando de un sueño. Es un hombre joven. Apenas diecinueve años, pero poseído por un único pensamiento ardiente: matar. “Soy bueno en eso”, se jacta, y muestra sus inmaculados dientes blancos en una amplia sonrisa. Pertenece a la tribu Zhagava, nómadas, criadores de ganado y pequeños agricultores. Africanos negros.

El fracaso de los intentos de paz
Las emociones conflictivas que han estado bullendo en la memoria colectiva de las tribus durante siglos han estallado ahora en un vacío sin ley donde no hay respeto por los derechos humanos y los musulmanes matan a otros musulmanes.

El deseo de venganza ha ido arraigando en los corazones y posiblemente eso es lo que ha llevado al fracaso de los distintos acuerdos de paz entre las partes en conflicto.

“Las palabras nunca traerán justicia a este país. Sólo esto lo hará”. Es una de las frases más duras que Mohamed Idris dice al periodista que lo entrevista, mientras abraza su arma: una Kalashnikov.

Las negociaciones y los acuerdos de paz que han contado con la mediación de Chad, la Unión Africana y las Naciones Unidas (ONU), hasta ahora han fracasado.

La crisis humanitaria
La guerra prolongada unida a la extrema pobreza ha desembocado en una crisis humanitaria que es la que ha movido la conciencia de la comunidad internacional.

Esta crisis se agravó en la primavera de 2004 cuando varios miles de personas -la mayoría de etnias no árabes- habían sido asesinados, y cerca de un millón desplazados de sus hogares. La crisis alcanzó una dimensión internacional cuando unos 100.000 refugiados se adentraron en el vecino Chad, perseguidos por milicianos Yanyauid, que se enfrentaron con las tropas del gobierno de Chad en la frontera.

Un equipo de observadores internacionales de Naciones Unidas informó que las aldeas no árabes habían sido destruidas por completo, mientras que los poblados árabes permanecían intactos. En algunos lugares, la distancia entre una aldea destruida y un pueblo árabe es de menos de 500 metros.

Los datos que se manejan sobre esta crisis humanitaria hablan de unos tres millones de desplazados y refugiados, parte de ellos en el vecino Chad. Se calcula entre trescientos y cuatrocientos mil muertos. Aunque muchos medios independientes consideran que el número de víctimas es mucho mayor.

Son numerosas las organizaciones que intentan paliar, en lo posible, este drama. Entre ellas un consorcio de ONG cristianas pertenecientes a distintas iglesias: católica, ortodoxa y protestante.

Sin embargo los últimos informes hablan de un empeoramiento de la situación. Las agencias humanitarias siguen encontrando trabas burocráticas; atender las necesidades urgentes de la población desplazada es un reto diario ya que las organizaciones y sobre todo sus vehículos se han convertido en objetivo militar.

Además este empeoramiento de la situación impide a las personas acogidas en los campos de refugiados cultivar sus tierras y poder subsistir a partir de sus propias actividades agrícolas tradicionales.

La violación como arma de guerra
En el curso de los continuos ataques se mata a personas, se viola a mujeres y se obliga a los habitantes de la zona a abandonar sus pueblos después de incendiar sus hogares y de quemar o robar sus cultivos y su ganado, que son sus principales medios de subsistencia.

En mayo de 2004, delegados de Amnistía Internacional fueron a Chad para recabar más información sobre la violencia perpetrada contra las mujeres en Darfur. La organización entrevistó a decenas de mujeres y recopiló los nombres de 250 que habían sido violadas durante el conflicto. Los testimonios recogidos, así como los informes sobre actos de violencia sexual recopilados en Darfur por la ONU, periodistas independientes y organizaciones no gubernamentales, indican sin lugar a dudas que las violaciones y otras formas de violencia sexual constituyen un fenómeno generalizado. En Darfur, la violación y demás formas de violencia sexual no son una mera consecuencia del conflicto o del comportamiento de tropas indisciplinadas, sino que los testimonios recogidos por Amnistía Internacional indican que se están utilizando como arma de guerra con el fin de humillar, castigar, controlar, atemorizar y desplazar a las mujeres y a sus comunidades.

Como en tantos conflictos, la violencia se centra en los sectores más débiles de la población.

Presencia militar internacional
El 31 de Julio de 2007, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó por unanimidad el envío de 19.555 soldados y 6.432 policías a la región (Resolución 1769). La fuerza multinacional, bautizada como UNAMID, complementará a las tropas desplegadas por la Unión Africana.

La ONU quiere reforzar el número de tropas en Darfur pero aún no se ha logrado un acuerdo con Sudán sobre el número de soldados de la ONU que se desplegarían en la región.

Su eficacia está por ver. Al menos confiamos en que no caiga sobre Darfur el manto del olvido.

Antes de fin de año está prevista una nueva ronda de negociaciones de paz en Libia.


 

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