¿Qué mundo dejamos a nuestro hijos?
Publicado el 01 de noviembre de 2007
Por J. Altavista
Anoche
me tocó bajar la basura. Tuve que hacer dos viajes cargado de bolsas.
Una iba al contenedor amarillo con residuos reciclables, el resto ya no servía
para nada, así que iban al contenedor naranja.
Esta vez me dio tiempo para ponerme a pensar en la
cantidad de basura que producimos en casa. Gran parte de lo que compramos
es descartable y con fecha de caducidad.
Me viene a la memoria un artículo que he leído no hace mucho
de Eduardo Galeano y, terminadas mis tareas domésticas, busco entre
las revistas hasta encontrarlo. Lo releo y me deja pensando un párrafo:
“Los dueños del mundo usan al mundo como si fuera descartable: una mercancía de vida efímera, que se agota como se agotan, a poco de nacer, las imágenes que dispara la ametralladora de la televisión y las modas y los ídolos que la publicidad lanza, sin tregua, al mercado. Pero, ¿a qué otro mundo vamos a mudarnos? ¿Estamos todos obligados a creernos el cuento de que Dios ha vendido el planeta a unas cuantas empresas, porque estando de mal humor decidió privatizar el universo?”.
La verdad es que cuando me hablan de “defensa del medio ambiente”, “efecto invernadero”o “emisiones contaminantes” instintivamente me viene a la mente que Estados Unidos no ha firmado el acuerdo de Kioto… aunque otros países que lo hemos firmado, como España, estamos a años luz de cumplirlos.
Y si pienso en las bolsa de basura de anoche, resulta que en mi casa también.
A nuestro mundo, o al menos a nuestro planeta tierra, parece que le hemos puesto ya fecha de caducidad. La verdad es que la fecha debe estar bastante borrosa, porque la mayoría de las discusiones se centran sobre cuál será esa fecha.
Mientras tanto se mira de reojo y con recelo a quienes piensan que se puede anular esa fecha de caducidad y algunos andan buscando nuevos planetas donde se puedan realojar los afortunados supervivientes.
Hace ya tiempo se crearon, en distintos ámbitos, comisiones y organismos con el nombre de “Justicia y Paz”. En los últimos años, muchos de ellos han tenido que ampliar su nombre por el de “Justicia, Paz e Integridad de la Creación”. Si no somos capaces de preservar el medio ambiente, poco futuro le queda a la lucha por la justicia y la paz.
Me niego a creer que Dios haya vendido o privatizado el mundo en manos de unas pocas empresas. Sería inconcebible. Más bien pienso que unos pocos países nos hemos apropiado de los recursos del planeta exprimiendo la máximo a la inmensa mayoría de los pueblos de la tierra en un inconsciente intento por acrecentar nuestro nivel de vida.
Pero la jugada se ha vuelto contra nosotros mismos. Al exprimir a los otros estamos exprimiendo nuestras posibilidades de seguir viviendo.
De momento hemos encontrado una “respuesta” inhumana: la anestesia. Y la anestesia consiste en pensar que “total yo no voy a conocer la fecha de caducidad”. Mandamos al cajón de los olvidos lo que conocerán nuestros hijos o como mucho los hijos de nuestros hijos.
Siempre queda la posibilidad de salir de la anestesia y empezar a cambiar las cosas. De nosotros depende. Piénsalo cada vez que cojas una bolsa de basura en tu casa para llevarla al contenedor.