Nace un movimiento contra la violencia en México
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La columna humana empieza a moverse por la Avenida Insurgentes en el sur de la capital. No es la marcha más grande ni la más pequeña que ha visto esta ciudad, que se moviliza y se desmoviliza constantemente como forma de vida. Pero tiene algo distintivo. Son varios miles de jóvenes, exigiendo fin a la violencia que se ha vuelto el contexto social en el cual tienen que desenvolverse.

Para ellos, la guerra contra el narcotráfico lanzada por Felipe Calderón enmarca un presente sangriento que vislumbra un futuro incierto y lleno de riesgos. Además de la violencia de todos los días, los jóvenes mexicanos de hoy viven en "una sociedad asfixiada por la pobreza, la injusticia, la desigualdad, el desempleo, la corrupción y la indiferencia…”
Marchan contingentes de la UNAM, la UAM, UACM, las escuelas preparatorias, y las mujeres organizadas desde hace años en contra de los feminicidios que se han disparado en el contexto de la guerra contra el narcotráfico. Llegan también de otras luchas que han enfrentado respuestas militares y violentas por parte del estado o elementos paramilitares vinculados: el Sindicato Mexicano de Electricistas, la Coordinadora Nacional del Trabajadores de la Educación, y los indígenas triquis de San Juan Copala, entre otros.
Los hombres trajeados del gobierno observan con evidente desdén la marcha de los jóvenes. Hablan en voz baja por sus celulares, siguen la marcha registrando detalladamente los "daños a la propiedad” causados por las pintas. Los policías vestidos de civil caminan con prisa al lado de los estudiantes y activistas, buscando problemas, reales o imaginados.
No hay actos de violencia. En la breve trayectoria de la marcha, que va desde el Parque de la Bombilla —donde por muchos años estuvo en exhibición pública el brazo desmembrado de Álvaro Obregón, antes de que la guerra contra el narcotráfico pusiera en boga eso de exponer partes corporales en lugares públicos—, hasta la UNAM, no se ve una sola ventana rota, sólo pintas que muestran el compromiso con la no-violencia de los participantes frente a la violencia del estado: "No más sangre”.
Más que por los medios masivos, es gracias a sus propias redes sociales y a internet que el movimiento para la paz sabe lo que está pasando en el resto del país y puede organizarse. Entre las consignas son muchas las referidas a Ciudad Juárez, lugar elegido por el gobierno como laboratorio de la guerra con la Operación Chihuahua y que se ha vuelto el Frankenstein de Calderón, una máquina de sangre que no se controla a sí misma y que ha convertido a Juárez en la ciudad más violenta del mundo.
Se escuchan las consignas en solidaridad con este lugar fronterizo. "¡Juárez, Juárez no es cuartel, fuera el ejército de él!”
La marcha fue organizada por la Coordinadora Metropolitana Contra la Militarización y la Violencia, una agrupación integrada después de que la Policía Federal disparó al estudiante Darío Álvarez el 29 de octubre, en el contexto del Foro Internacional Contra la Militarización y la Violencia, en Ciudad Juárez. Forma parte de una creciente red de organizaciones estudiantiles y ciudadanas contra la militarización, que exige fin a la guerra contra el narcotráfico y busca crear formas no-violentas para enfrentar al crimen organizado y reconstruir el tejido social. Reconoce que la guerra contra el narcotráfico no sólo lleva a la militarización y la violencia, sino que los recursos que se dedican a este fin se sustraen de la atención a las necesidades sociales; una de las consignas más escuchadas es "Queremos escuelas, queremos trabajo; queremos hospitales, no queremos militares”.
Federico, estudiante de primer año de la UNAM, explica: "Nuestras demandas son: no más sangre, que se termine la guerra y que el ejército regrese a sus cuarteles. Nos dicen que esta guerra es la única forma de enfrentar al crimen organizado y que estamos ganando, yo pregunto al presidente: ¿en qué país vive?”.
Es que la situación en algunos lugares se acerca al "juvenicidio”: la matanza selectiva de jóvenes. Es difícil averiguar el número de jóvenes asesinados en la guerra contra el narcotráfico porque sus bajas se encuentran mezcladas en las cifras inventadas del gobierno del 90% de las víctimas que supuestamente son miembros de la delincuencia organizada, suma presentada sin distinguir edad o aclarar cómo es que los muertos estuvieron involucrados en el crimen. Los jóvenes de la marcha rechazan esta justificación oficial sobre los asesinatos de sus compañeros; gritan a lo largo de la manifestación: "Otra vez el mismo cuento de antes, ¡no somos sicarios, somos estudiantes!” Fue el comentario de Calderón de que los jóvenes masacrados en Villas de Salvárcar tuvieran vínculos con el crimen organizado lo que incitó la indignación de la comunidad juarense hace un año, y detonó este movimiento de jóvenes contra la guerra.
Las estadísticas hablan de por lo menos 7,000 jóvenes y niños muertos en tres años, y de estados del país donde la tasa de homicidios de jóvenes se ha incrementado entre tres y cinco veces desde el inicio de la guerra.
Laura Carlsen
01/05/2011
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