Un largo camino que hay que recorrer descalzos

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Sergio nació en Castellón de la Plana hace 39 años. Después de algún tiempo en el seminario diocesano ingresó en los misioneros de la Consolata.


Durante 3 años terminó sus estudios de filosofía e hizo de postulantado en Italia. En 2009 va a Argentina para hacer el noviciado. Desde principio de 2010 está en la República Democrática del Congo completando los estudios de teología.

 


 

Un largo viaje al que aún le queda camino. Desde el corazón de África nos escribe contándonos nos escribe contándonos algo de su experiencia y cómo vive su presencia en una cultura tan distinta.

 

Recuerdo que era el 6 de febrero de 2010, estaba anocheciendo. Junto al P. Andrés García llegaba al aeropuerto de Kinshasa capital de la R.D. del Congo.


La primera pregunta que vino a mi mente mezclada con el calor de aquel día y el caos reinante en el pequeño aeropuerto fue: ¿por qué hay tantas velas encendidas al borde de la carretera? La respuesta no fue nada del otro mundo, sólo que cada pequeña mesa en donde se vende cualquier cosa vendible lo indica de este modo ya que la corriente eléctrica suele interrumpirse con facilidad. Velas encendidas para indicar la posibilidad de un encuentro, ésta es mi breve y humilde reflexión que quisiera compartir desde aquí con todos vosotros.


Desde hace tiempo hay un texto del Antiguo Testamento que me ido marcando: “Moisés era un pastor del rebaño de Jetró su suegro, sacerdote de Madián. Una vez llevó las ovejas más allá del desierto; y llegó hasta Horeb, la montaña de Dios. El ángel de Yahveh se le apareció en forma de llama de fuego, en medio de una zarza. Vio que la zarza estaba ardiendo, pero que la zarza no se consumía. Dijo, pues, Moisés: “Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza”. Cuando vio Yahveh que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza, diciendo: “¡Moisés, Moisés!”. El respondió: “Heme aquí”. Le dijo: “No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.”(Ex 3,1-5).

 

Quitarse las sandalias
Después de este breve periodo de tiempo transcurrido en esta cultura tan diferente a la nuestra las palabras de Yahveh dirigidas a Moisés resuenan en mi corazón cada día con la esperanza de que también yo seré capaz de descalzarme, “quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada.”


En los tres años que pase en Italia -quien por aquel entonces era mi formador el P. Francesco Discepoli el cual estuvo durante 26 años en Sudáfrica- nos decía: no conocer la lengua local nos lleva a tener que escuchar y observar muchísimo antes de hablar y de este modo nos impide equivocarnos aún más de lo que lo solemos hacer. Así y todo, la tentación sigue siendo muy grande y las ocasiones no faltan. La primera y gran tentación que he sentido aquí ha sido por un lado juzgar y por otro idealizar, cada una por su parte fruto de la siempre compañera ignorancia y es por esto que Yahveh le dice a Moisés “ quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estas es tierra sagrada” y también de este modo el Señor me repite cada día incesantemente: Sergio, descálzate, pues de lo contrario seguirás viendo a este pueblo desde el trono de tus suelas, y qué son las suelas de mis zapatos sino mi propia cultura no llegando a comprender que la tierra que pisas es sagrada y esto no por el mérito de aquellos que la pueblan, como es tu caso en estos momentos, sino porque tus valores al igual que los suyos son sagrados ya que soy Yo quien os los he dado y por esto necesitas desprenderte de tus sandalias y pisar el suelo con tu pie desnudo y así comprender que es el mismo que aquel que has dejado, sólo que tal vez buscados y vividos de modo diferente.


Pequeñas heridas que ayudan a caminar
Esto en la teoría no se me representa como algo extraño sino necesario, más bien es en la práctica diaria cuando mis pies se lamentan a consecuencia de su caminar desnudo o más bien semi desnudo ya que desprotegerse del todo es algo serio para llevarlo a cabo después de un breve periodo de tiempo.


Hay pequeñas heridas que van surgiendo debido al caminar en medio de un mar de verdades las cuales sólo pueden ser discernidas en el encuentro cotidiano con Aquel que me ha llamado, de lo contrario la pregunta resulta evidente. ¿Tiene sentido en realidad estar aquí o allí sin comprender casi nada y dudando hasta de lo que se cree haber comprendido?
Para que nuestra fe sea apoyo en Cristo y abandono en Él, debemos ser conscientes de que únicamente Él es nuestra verdadera seguridad. A todos nos cuesta caminar de forma distinta a la que aprendimos de pequeños.


El total abandono en Cristo, resultante de la fe que depositamos en su Palabra, es la única respuesta apropiada al inconmensurable amor que Él nos tiene. Y de este modo poder descalzarnos sin importarnos las heridas que esto conlleve seguros que sólo de este modo podremos caminar junto con nuestros hermanos sea cual sea su cultura raza o creencia religiosa. Y juntos hacer presente esa realidad, ese sueño, esa esperanza que es el Reino de Dios.


Mientras tanto siguen resonando en mi interior cada día las mismas palabras: “Moisés: quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estas es tierra sagrada.”(Ex 3,1-5).


 

Sergio Granell Gavara

01/05/2011