Migrante, mujer y madre sola
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“Bautícelo con el nombre de Juan, que la abuela era Juanita”, dice esta muchacha filipina atraída a Japón con empleo eventual, donde cobra menos de lo prometido. Embarazada, por relación con su patrón; le recomienda abortar o rompe con ella. Eligió alumbrar vida apoyada por la comunidad de Madre Teresa. Tras el bautizo invita a la vecindad a compartir en su piso (de pie, porque no cabemos) unos platos de su tierra. “Tuve suerte, encontré casa”, dice, llamando casa al rincón de nueve metros cuadrados que casi consume el sueldo.
En otros casos es corriente el regreso apurado para el parto en su país: madres solas en espera de dar a luz: unas veces, criatura de padre desconocido; otras, de padre conocido que no la reconoce. En cualquier caso, sin acceso a derechos de ciudadanía.
En el vuelo de Tokyo a Manila se escucha la conversación de una azafata que pregunta a su compañera: “¿Cuántas Marías llevamos hoy a bordo?” “Hoy son siete, tres con carrito y cuatro con barriguita”. Las “Marías”, como las llama el personal de a bordo, suelen ser inmigrantes, madres solas, que vuelven a su país, o bien con su bebé en el carrito, o embarazadas que darán a luz en su país, dejando la criatura al cuidado de la abuela, mientras ellas vuelven a emigrar para ganar ingresos con que sostenerlas.
Ante situaciones como éstas, resalta la inconsecuencia de algunas proclamas pro-vida, menos preocupadas de la dignidad y derechos conculcados de las mujeres. Es una incoherencia levantar la voz solamente para defender la vida naciente y no hacerlo para denunciar la explotación de la mujer en la comercialización de la sexualidad.
La situación trágica de la maternidad forzosa da lugar a familias monoparentales de extranjeras del sureste asiático venidas a Japón para trabajar y explotadas por las redes de prostitución, controladas por mafias, bajo el eufemismo del “sector de servicios de distracción y descanso”. Clamar en desierto no arregla el problema. Pero habrá que seguir clamando para despertar a la sociedad anestesiada, que no siente el dolor de los victimados del mundo.
Juan Masiá Clavé *
Jesuita. Profesor de la Universidad Santo Domingo de Osaka
01/05/2011
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