María y la evangelización
Publicado el 01 de mayo de 2010
Tradicionalmente la Iglesia ha relacionado el mes de mayo con la figura de María.
Por ello os ofrecemos estas reflexiones de los obispos
latinoamericanos en la asamblea de Puebla.
El P. Lerma nació en El Palmar (Murcia) el 4 de mayo de 1944. Después de sus estudios en el Seminario San José de Murcia, ingresó el los misioneros de la Consolata.
La Iglesia con la Evangeli-zación, engendra nuevos hijos. Este proceso que consiste en “transformar desde dentro” en “renovar a la misma humanidad” (EN 18) es un verdadero volver a nacer. En ese parto, que siempre se reitera, María es nuestra Madre. Ella, gloriosa, en el cielo, actúa en la tierra.
articipando del señorío de Cristo Resucitado, “con su amor materno cuida a los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan” (LG 62); su gran cuidado es que los cristianos tengan vida abundante y lleguen a la madurez de la plenitud de Cristo.
María no sólo vela por la Iglesia. Ella tiene un corazón tan amplio como el mundo e implora ante el Señor de la historia por todos los pueblos. Esto lo registra la fe popular que encomienda a María, como Reina maternal, el destino de nuestras naciones.
Mientras peregrinamos, María será la Madre educadora de la fe (LG 63). Cuida de que el Evangelio nos penetre, conforme nuestra vida diaria y produzca frutos de santidad. Ella tiene que ser cada vez más la pedagoga del Evangelio en América Latina.
María es verdaderamente Madre de la Iglesia. Marca al Pueblo de Dios. Pablo VI hizo suya una concisa fórmula de la tradición: “No se puede hablar de la Iglesia si no está presente María” (MC 28). Se trata de una presencia femenina que crea el ambiente familiar, la voluntad de acogida, el amor y el respeto por la vida. Es presencia sacramental de los rasgos maternales de Dios. Es una realidad tan hondamente humana y santa que suscita en los creyentes las plegarias de la ternura, del dolor y de la esperanza.
(Documento de Puebla nº 288-291)