El agua, la llave de los Objetivos del Milenio

P. Bernardo Baldeón

Publicado el 01 de mayo 2010

Nuestras vidas giran en torno al agua. Es la clave de nuestra existencia. De ella dependen nuestra salud, alimentación, energía, medio ambiente… Y sin embargo, se trata de un recurso limitado y vulnerable, que no cuidamos ni repartimos de forma adecuada. Por ello, la construcción de un futuro igualitario y sostenible depende, en primer lugar, de que todos los habitantes del planeta tengan acceso al agua.

Nuestras necesidades más básicas dependen de ella. La alimentación, la inmunidad frente a ciertas enfermedades, el desarrollo económico y social, el equilibrio medioambiental… incluso nuestra cultura. Desde el simple hábito de lavarnos las manos o la cara hasta las fuentes que jalonan pueblos y ciudades, todas las facetas de nuestra existencia están ligadas a ese elemento esencial que es el agua.

Por ello y por muchas otras razones, el acceso universal al agua potable y al saneamiento es un objetivo íntimamente ligado con la consecución de no uno, sino todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Las malas condiciones de los servicios de saneamiento, la falta de agua potable y una higiene inadecuada son factores que contribuyen a engrosar la terrible cifra de muertos cada año a nivel mundial. El cambio de saneamiento donde ha mejorado, por ejemplo, se ve acompañado de una reducción superior al 30% en la mortalidad infantil.

Alcanzar la meta fijada de reducir a la mitad para el año 2015 el porcentaje de personas con acceso sostenible al agua y a unos servicios básicos de saneamiento permitiría evitar unas 470.000 muertes al año y tener unos 320 millones más de días hábiles productivos. Pero el reto va mucho más allá, porque este logro abriría una puerta hacia el éxito de todos los ODM ya que, sin agua, es imposible alimentar a los 800 millones de personas que pasan hambre; llevar energía doméstica a los 2.000 millones de personas que carecen de ella; evitar, por ejemplo, el millón de muertos que provoca la malaria; enviar a niños –y sobre todo niñas que emplean gran parte de su tiempo en acarrear agua (en un 72% de los casos la labor de acarrear agua recae en las mujeres y niñas)– al colegio… y enseñarles hábitos de higiene que les protejan de diversas enfermedades… El líquido elemento es la clave del círculo vital en todos los sentidos, incluyendo el vínculo que supone entre el sistema climático, la sociedad y el medio ambiente.

Un derecho universal
Proteger y administrar de forma sostenible los cada vez más escasos recursos hídricos es determinante para la supervivencia de todos los sistemas naturales, sociales y económicos. Hay que tener en cuenta que, mientras que la población mundial se ha triplicado durante el siglo XX, el uso de los recursos hídricos renovables se ha sextuplicado. Si el ritmo de crecimiento demográfico se mantiene, dentro de 50 años la población mundial habrá crecido otro 40% o 50% lo que, sumado a la industrialización, provocará un incremento exponencial en la demanda de agua. Y eso en un planeta en el que en febrero de 2005 éramos 6.500 millones de personas, y el agua potable un lujo fuera del alcance de 1 de cada 6 habitantes. Si no hacemos nada para evitarlo, en 2025 dos tercios de la población mundial vivirá en países con problemas de abastecimiento.

El derecho humano al agua es indispensable para vivir dignamente y es condición previa para la realización de otros derechos humanos. Por ello, es nuestro deber facilitar que pueda ejercerse ese derecho a un agua de calidad respetando el equilibrio de los ecosistemas, industria, agricultura y sector energético. Ahora, si bien todos reconocemos la importancia vital del agua y el saneamiento, el quid de la cuestión está en cómo acelerar los avances para lograr el acceso universal a los mismos y hacerlo con equidad, garantizando que los más vulnerables participen de los éxitos ya logrados en otros lugares.

Las últimas cifras
Hace unas semanas se hizo público el Informe de actualización 2010, el último informe del Programa Conjunto OMS/UNICEF de Monitoreo del Abastecimiento de Agua y el Saneamiento –mecanismo oficial de la ONU encargado de vigilar los progresos en suministro de agua potable y saneamiento- en el que se presentan la situación y las tendencias actuales en 209 países o territorios, así como los avances logrados y una evaluación de las tendencias que se manifiestan.

Y, a pesar de lo sombrío que parece presentarse el panorama, no sólo contienen augurios negativos. Entre los hechos que invitan al optimismo destaca un notable progreso hacia el logro de la meta en cuanto a agua potable, que se espera llegue a superarse; una reducción significativa de la mortalidad por diarrea infantil; la evolución de los enfoques de calidad del agua potable, de las aguas recreativas y de las residuales hacia un sistema integral de evaluación y gestión del riesgo…

Entre 1990 y 2002 se logró dar acceso a fuentes mejoradas de agua potable a 1.100 millones de personas y la cobertura llegó en 2002 hasta el 83%. El porcentaje ronda el 60% en el caso del saneamiento, y UNICEF ya ha dado la voz de alarma en cuanto al logro de ese objetivo afirmando que, para lograrlo, sería necesario proporcionar cada día hasta 2015 acceso a nuevos sistemas de saneamiento a cerca de medio millón de personas.

Además, existen grandes desigualdades. En materia de abastecimiento, el mayor déficit se da en zonas rurales de África Subsahariana y Oceanía (con coberturas del 66%) mientras que en saneamiento sucede de nuevo en el África Subsahariana y Asia oriental y meridional (con cobertura inferior al 25%).

Si elevamos los estándares, encontramos que un tercio de la población mundial sufre algún grado de carencia hídrica –referida a la provisión, la calidad o el saneamiento básico–, y se prevé que para 2025 serán dos tercios.

El problema de gestión que se esconde tras la escasez
Uno de los principales problemas radica en el que el agua dulce es un recurso finito y vulnerable. El aumento de la población, su derroche por parte de la industria y la agricultura, la contaminación y el cambio climático vienen a agravar la crisis del agua. Y es que no sólo el acceso a agua potable o saneamiento mejorado muestran desigualdades, la misma disponibilidad de este recurso lo hace.

Los hidrólogos evalúan la escasez a través del binomio población-agua, fijando el umbral nacional apto para satisfacer las necesidades de agua en todos los usos y sectores en 1.700 metros cúbicos por persona. Si no alcanza los 1.000 metros cúbicos hablamos de estrés hídrico y por debajo de los 500 de escasez absoluta. En la actualidad unos 700 millones de personas repartidas por 43 países viven por debajo del umbral de estrés de agua. Medio Oriente es la región más afectada, destacando de forma dramática el caso de los palestinos que habitan en Gaza, que tan sólo cuentan con 320 metros cúbicos por persona.

El África subsahariana es la región que incluye la mayor cantidad de países que sufren estrés de agua: casi una cuarta parte de la población del África subsahariana vive en un país que sufre estrés de agua. Y según los expertos esta situación va a agravarse seriamente de aquí a 2025, alcanzando a 7.000 millones de personas que en 60 países sufrirán escasez de agua, en el peor de los casos, o a 2.000 millones en 48 países en el escenario más optimista.
De ahí la urgencia de una gobernabilidad del agua organizada y coherente. Porque la clave de todo es que la insuficiencia de agua se debe a un ineficiente reparto de los recursos y al ineficiente suministro de servicios, agravado por la mala gestión, la falta de instituciones y de inversiones bien orientadas. En resumen, un problema inducido social y políticamente.
Pese a que las necesidades de financiación de proyectos para el desarrollo económico y la realización de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas en este campo son de 111.000 a 180.000 millones de dólares anuales, la inversión en infraestructuras de agua y saneamiento que se realiza actualmente es sólo de entre 10.000 y 30.000 millones de dólares al año.

Paradójicamente, según la ONU por cada dólar invertido en la mejora del agua y el saneamiento, el beneficio es de 2,34 dólares. Los beneficios económicos de proveer de agua y saneamiento de forma simultánea a los hogares y el sector de la salud ascienden a 84.000 millones de dólares anuales, recortando costes de salud, número de muertes y de días de absentismo laboral por enfermedad, además del ahorro de tiempo y esfuerzo debido a la proximidad de los servicios de agua potable y saneamiento.

Crisis de agua y gobernabilidad
El primer informe mundial sobre el estado de los recursos hídricos de la ONU: “Agua para todos, agua para la vida”, ya afirmaba que la crisis mundial del agua es en realidad una crisis de gobernabilidad: “La crisis del agua es primordialmente una crisis de gobernabilidad, que continuará si la inercia de los responsables de la toma de decisiones persiste. El desafío es desarrollar la voluntad política para implementar los compromisos existentes en relación con el agua. De otra forma el agua continuará siendo un área para la retórica política y las promesas vacías y no para la implementación de acciones profundamente necesarias”.

En síntesis, la denominada crisis del agua plantea la necesidad de una gestión más eficiente de este recurso. Y sobre la idea de que el agua es un bien compartido se asienta la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos (GIRH) que aspira a lograr una administración más eficaz y equitativa del agua a través de la cooperación. Entre sus propuestas está el exigir una nueva legislación internacional, fomentar la participación ciudadana, reunir a las organizaciones vinculadas con los recursos hídricos, devolver las responsabilidades de propiedad y suministro a las comunidades… La idea es maximizar los beneficios sociales y económicos de una gestión adecuada de los recursos de manera equitativa.


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