¿Hinduismo intolerante?
Publicado el 01 de mayo 2010
Juan Pedro Casiraghi
¿Tolerancia o intolerancia religiosa en
la India?
La violencia de los fundamentalistas hindúes contra las comunidades cristianas de Orissa y contra los musulmanes de la India plantea
interrogantes sobre la tradicional tolerancia
religiosa del hinduismo.
El hinduismo: ¿tolerante o intolerante? Occidente se ha encontrado siempre con dificultades para interpretar las religiones y la cultura de la India. Durante siglos se ha puesto el acento sobre su espiritualidad y su cultura milenaria, cuyo inicio se remonta a casi tres mil años antes de Cristo. Hoy, sin embargo, se prefiere resaltar el crecimiento sobre el producto interno bruto y el excepcional desarrollo de sus capacidades informáticas que han hecho de Electronic City, cerca de Banga-lore, la Silicon Valley india. Ambas lecturas están parcialmente distorsionadas. Al interpretar los distintos sentidos del mundo indio, existe el riesgo de dejarse condicionar por preconceptos y dejarse encasillar por la realidad india en un esquema prefabricado.
También en el debate muy vivo hoy, sobre el pluralismo y la tolerancia religiosa, el hinduismo goza de la fama de ser el ejemplo de una religión capaz de coexistir pacíficamente con otras tradiciones religiosas. Pocas guerras han tenido lugar a lo largo de los siglos en nombre del hinduismo, así como, en general, los hindúes han presentado poca resistencia a la entrada y al surgir de otras religiones en su propio contexto social.
Un hombre como Mahatma Gandhi, un hindú devoto, tolerante y no violento, que hace de la fraternidad de todas las religiones la causa de su existencia, no podía sino nacer en una India caracterizada por una multiplicidad de grupos étnicos, lingüísticos, religiosos y culturales cuyas relaciones eran funda-mentalmente de pacífica convivencia.
Movimientos nacionalistas
Esta imagen ha sido de alguna manera deteriorada por la aparición en India de un movimiento nacionalista hindú, y el nacimiento de un partido, el Baratilla Janata, también nacionalista, que triunfó en las elecciones parlamentarias en febrero de 1998. La coalición de gobierno de inspiración nacionalista cayó poco después, en abril de 1999, pero las tensiones dentro del gobierno de la Unión India y con el vecino Pakistán no disminuyeron. Los enfrentamientos armados entre India y Pakistán ya agravados en marzo de 1990 a causa del apoyo pakistaní a los movimientos autonomistas de Kashmir, son retomados en noviembre y en julio de 1999, después de que las fuerzas pakistaníes habían atravesado la línea de control fijada por las Naciones Unidas.
En ese tiempo, otra fuerza política de inspiración nacionalista, el Movimiento de Liberación Tamil, ha agravado la situación política del país. Una campaña electoral con un saldo de 280 víctimas precede a las elecciones de 1991. Las elecciones fueron suspendidas por el asesinato de Rajiv Gandhi, víctima de un atentado de los llamados tigres tamil, aunque éstos negaron toda responsabilidad. Una semana más tarde, Marasimha Rao fue nombrado sucesor de Rajiv Gandhi como líder del histórico Partido del Congreso.
También la violencia recientemente ejercida contra las religiones “extranjeras”, como el Islam o el Cristianismo tiene su dolorosa historia. En 1992 se registraron tristes hechos de violencia de los fundamentalistas hindúes contra la población islámica en la ciudad de Bombay y de Ayodhya. Los enfrentamientos entre las dos comunidades se desencadenaron a causa de la destrucción de la mezquita de Ayodhya que causando más de 1300 muertos y se extendieron a los países vecinos como Pakistán y Bangladesh.
En febrero de 2002 otra ola de violencia contra las comunidades musulmanas recorrió el estado de Gujarat en el occidente de India. Más de 2000 personas fueron asesinadas. La violencia se centró sobre todo en las mujeres que sufrieron violaciones en grupo antes de ser quemadas. Los rebeldes hindúes incendiaron y saquearon comercios, casas y mezquitas.
Cerca de 15.000 musulmanes fueron expulsados de sus casas. Según un informe de Amnistía Internacional el gobierno de Gujarat y la policía del estado no hicieron lo suficiente para defender a la población civil.
Pluralismo religioso y tolerancia
De los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes se ha pasado recientemente a los linchamientos y persecución de las comunidades cristianas, realizadas por fundamentalistas hindúes, que acusan a los cristianos de un indebido proselitismo. Los cristianos en la India, católicos y protestantes son una pequeña minoría. Frente al 83% de hindúes y el 11% de musulmanes, los cristianos constituyen apenas el 2% de la población.
El hinduismo incluye, por otra parte, una amplia variedad de credos y prácticas religiosas. La ausencia de un credo común en un único Dios puede considerarse la principal razón de la tolerancia hindú hacia las demás religiones.
En las Escrituras Hindúes se encuentran de hecho distintos intentos de mantener un equilibrio entre el reconocimiento de la diversidad y la búsqueda de la única realidad.
Este equilibrio entre la unidad y la diversidad a veces se encuentra en un dios personal y a veces en una realidad última no personal.
Contra los cristianos de Orissa
En el inicio de la furia de los fundamentalistas contra los cristianos está el homicidio del Swami Laxmanananda Saraswati, guía espiritual del Vishwa Hindu Parishad, el movimiento de los nacionalistas hindúes en el estado de Orissa. Un comando de unas 30 personas bien armadas, irrumpió en su ashram y lo asesinó. La acción fue revindicada por los guerrilleros Maoístas del People’s Liberation Revolutionary Group. “Hemos matado al Swami –dijeron- porque mezclaba la religión y la política”.
A pesar de esta reivindicación, los seguidores del Swami Saraswati inmediatamente culparon a los cristianos. La acusación no es casual. Desde hacía tiempo, el Swami Saraswati conducía una durísima campaña contra las conversiones al cristianismo.
Acusaba a los misioneros de comer las vacas sagradas y de “comprar” bautismos entre los llamados “tribales”, una población indígena de casi 500 grupos que junto a los kanikar, los muthuvan, los urali y los mala arayan son todavía considerados parte de los dalit, los intocables, de los sin casta, a pesar de que la división en castas esté oficialmente abolida en la India.
Un año después de la oleada de violencia en el estado de Orissa mas de 100 cristianos han muerto a manos de los fundamentalistas hindúes; de éstos al menos 57 eran dalit, así como miles de refugiados has visto destruir sus casas y sus propiedades.
Iglesias y escuelas católicas y de otras confesiones cristianas han sido destruidas en Orissa.
¿Cuál es la causa de la violencia?
La violencia en Orissa ha afectado al menos a 392 poblados, cerca de 500 personas han perdido la vida, 54.000 han debido abandonar sus casas y 180 iglesias han sido destruidas. Pero ¿qué es lo que ha hecho desencadenar la furia de los hindúes? ¿La conversión al cristianismo de los tribales de la India? ¿El miedo de perder la propia identidad religiosa en una India democrática y liberal? ¿La globalización que pone en crisis los esquemas tradicionales? ¿La influencia de occidente en muchos aspectos laico e indiferente, con su poder económico y cultural?
La postura de la Iglesia
Según algunos obispos de la India la causa de la actual persecución contra los cristianos no es religiosa sino nacionalista y política; especialmente del partido nacionalista Bharatiya Janata unido al movimiento Rastrilla Swayan Sevak, que ha inspirado a distintos grupos fanáticos.
Los obispos de la India no aceptan las acusaciones de proselitismo forzado, a través de recompensas o de engaños, porque las comunidades cristianas “siguen ofreciendo sus servicios a todos los sectores de la sociedad india sin ninguna discriminación”. “Las acusa-ciones infundadas de conversiones fraudulentas -continúan diciendo los obispos- se deben a los intereses de grupos que quieren polarizar la sociedad en base a sus creencias religiosas”.
El portavoz de la Conferencia episcopal ha afirmado que tras los ataques Orissa los cristianos son ahora obligados a convertirse al hinduismo y a saquear y destruir sus propias iglesias.
Por otra parte, si la mayoría de las religiones presentes en la India conviven de modo pacífico, algunos gobiernos de La Federación han puesto en marcha y ampliado las leyes sobre la anti-conversión y no intervienen de manera oportuna y eficaz para contrarrestar la violencia hacia las comunidades cristianas locales.
Estos hechos llevan a pensar que la violencia contra los cristianos, católicos o protestantes, no son simplemente una estrategia sociopolítica, sino la expresión de un integrismo religioso que busca imponer el hinduismo en toda la India, incluso en las regiones del nordeste y la zona meridional del país.
Esta violencia –afirman los obispos de la India- está humillando la antigua civilización India y valores como la no violencia, la tolerancia, el respeto por las religiones, el derecho a la libertad de conciencia y de religión que la India ha guardado celosamente durante siglos y que la Constitución ha puesto como fundamento de la nación.
En la India hay necesidad de un diálogo profundo desarrollado en el respeto recíproco. La iglesia católica en India nunca ha dejado de promover el diálogo y lo continuará haciendo “poniéndose de parte de los pobres, de los enfermos, sin mirar si son hinduistas, musulmanes o católicos”. “Sólo un verdadero diálogo interreligioso –ha expresado el arzobispo de Bombay- permitirá eliminar toda posible causa de tensión y de enfrentamiento entre los grupos religiosos y étnicos de la India”.