La experiencia de Dios en el pobre (I)
Ramón Cazallas Serrano
Existe la mentalidad en muchos cristianos que en el trabajo misionero tenemos que ir para enseñar a rezar a los pobres, para llevarles espiritualidad. ¿Nos hemos preguntado alguna vez que tal vez debemos aprender de ellos a rezar y a vivir una cierta espiritualidad?
Publicado el 01 de mayo de 2009
Doña Jandira es una mujer fuerte, como tantas otras mujeres fuertes que encontramos en la Biblia. Vive en el “Sertao nordestino” del Brasil. Digamos en la región más pobre del rico Brasil. Se quedó viuda con ocho hijos y como eran pocos, adoptó otros dos. En la comunidad cristiana ella es animadora. Prepara a los novios para el sacramento del matrimonio, es ministro de la Eucaristía en las celebraciones y en la visita a los enfermos, anima la catequesis de adultos. Es el alma de la comunidad.
Era un día del Corpus Christi y fui a la comunidad de 2.000 habitantes para celebrar la Eucaristía y la procesión. Siempre que visitaba esa comunidad pasaba por la casa de Doña Jandira para recibir información sobre el camino de los cristianos. Entre café y café intercambiamos noticias de la parroquia y de su comunidad. Al final, cuando hice un gesto de querer ir para la Iglesia, ella me detiene y dice:
“Siéntese Padre, que quiero decirle una cosa”. Me diga, Doña Jandira, le respondí.
"Quiero preguntarle por qué hoy se celebra la fiesta del Corpus”.
Le di todas las explicaciones históricas y espirituales que motivan la celebración de la fiesta del Corpus.
“No estoy de acuerdo”, me responde.
“Entonces, Doña Jandira, suspendemos la procesión y la Eucaristía de hoy” le respondí.
“No es eso, Padre. Es que yo pienso que la fiesta del Corpus debería ser el día de la Visitación de María a Santa Isabel. Es el día en que por primera vez María saca en procesión a Jesús, lo lleva en su vientre hasta la casa de su prima que estaba en un lugar lejano. Todavía más Padre, debería ser en esa fecha el día de las Misiones, porque apenas concebido fue a llevar mucha alegría a su prima y al niño Juan”.
En el mundo de los pobres hay “muchas Doñas Jandiras” que nos dan clases de teología y espiritualidad. La fe simple y la espontaneidad en sus relaciones con Dios los hace creativos y fuertes a la hora de luchar contra las muchas pobrezas con la que se tienen que enfrentar. Las manifestaciones de la religiosidad popular nacen en situaciones y tienen sentido en la realidad concreta donde los “crucificados” de hoy se encuentra. Las críticas a estas manifestaciones nacen muchas veces de mentes racionalistas y bienestantes que nunca entenderán por qué el campesino que vive de los productos de la tierra hace una procesión para pedir la lluvia que le traerá el pan de cada día.
La fe del pobre como parte esencial de su vida
¿Por qué a veces encontramos fe en los pobres? ¿Por qué tienen el sentido de la trascendencia tan fuerte en su vida? Viviendo con el pobre se llega a un descubrimiento interesante. Se empiezan a ver las cosas de una forma bien diferente. El pobre vive en Dios, espera en Dios y lo ama porque en el fondo viene de muchas experiencias existenciales donde los otros, a veces los mismos cristianos, se han aprovechado de él, lo han explotado y se han enriquecido con sus bienes. ¿En quién confiar? Los místicos responderán que “sólo Dios basta”. Los pobres dirán “Dios es más”. Y en ese Dios confían, en aquel que les ha dado la vida que es su única riqueza.
El pobre nos enseña un nuevo tipo de experiencia de Dios, de oración que nos arranca de la tibia mediocridad en la que vivimos para llevarnos a experimentar a Dios en la vida dura del pobre, en la injusticia que grita. Orar en situaciones de conflicto donde muchos salmos son actuales porque el pueblo de Dios experimentó también esos conflictos. En definitiva la espiritualidad del pobre nos saca de la monotonía de una espiritualidad de armonía a tener “bien ceñidos los riñones” porque en cualquier momento tenemos que salir y enfrentar situaciones donde sólo Dios es nuestro protector.
La experiencia de Jesús en la Cruz
Y aquí tenemos otra característica de la espiritualidad del pobre. Diríamos que es el eje central. La imaginería y cuadros más presentes en la espiritualidad es Jesús en la Cruz, o en la flagelación, etc. Y todas ellas tienen el nombre de “Buen Jesús”. Hay santuarios que los pobres visitan haciendo muchos sacrificios. Hablando con ellos y a veces cuestionando esta manera de proceder la respuesta es clara: “Padre, de pobre a pobre”. Jesús pobre es el único que puede escucharles porque también él fue pobre, la cruz es la señal de la suprema pobreza que Jesús asumió. Cuando leen que Jesús fue crucificado por los sumos sacerdotes, los fariseos y las autoridades romanas y judías su respuesta es clara: “Padre, igualito que nosotros”. Experiencia de Dios en el fracaso y en la esperanza. Esto se convierte en confianza en el Padre, como Jesús en la Cruz, encuentran un Dios solidario y cercano. Esta presencia cercana de Dios la irán viviendo en los acontecimientos del día a día.
Todo esto lleva a una piedad simple, pura y libre ante el poder, a la tradición religiosa, a los afectos, a la muerte. Es la pobreza del hombre libre que han demostrado algunos laicos, misioneros y agentes de pastoral que han dado la vida por su propio pueblo.
La acogida y hospitalidad como espiritualidad del pobre
Dejo a parte los aspectos materiales de la hospitalidad que son impresionantes y que contrastan tanto con las alarmas, timbres y rejas que colocamos para nuestra seguridad. La puerta del pobre siempre está abierta y su cama será dejada al amigo que llega.
Quiero subrayar la acogida de mente y corazón para nuevas formas de pensar y de orientar su espiritualidad si se presentara la ocasión. Cuando se presentan sin prepotencias y dominación el pobre acoge y hospeda en su vida otras maneras de ver y de pensar, de organizar su existencia y hasta su vida espiritual. Lo importante es sólo Dios y su vida, lo demás es muy secundario. Con esta postura vemos surgir grandes figuras de pobres en lo social, político y religioso. Tener siempre la puerta abierta en la casa del pobre significa la apertura que tienen para aceptar y luchar por otro mundo posible, en lo social y religioso también.