Los preferidos de Dios

De 2003 a 2005 José Jimeno y Ana López, un matrimonio de Zaragoza, junto con Yobana Lasala, todos ellos Laicos Misioneros de la Consolata estuvieron trabajando en Guayaquil (Ecuador).
Su trabajo se centró con los campesinos desplazados a la periferia urbana por el fenómeno de El Niño, dando una especial importancia al área de la educación, pero compartiendo su trabajo diario por mejorar las condiciones de vida.
A cinco años de su vuelta a España les hemos pedido que compartan lo que ahora recuperan de su servicio misionero.
Nos confiesan que al cabo de tanto tiempo les salen más reflexiones que experiencias. Lo vivido hace cinco años lo releen hoy a la luz de la Palabra de Dios.
Las experiencias directas se convierten en criterios evangélicos que marcan su vida. Es la riqueza de la misión.
En nombre de los tres, Ana nos cuenta cómo ven hoy lo vivido en tierras ecuatorianas.

Publicado el 01 de marzo 2010
Ana López


Hay pasajes del Evangelio que adquieren un significado especial según el contexto en que se escuchan.

Eso es al menos lo que pensé, o mejor dicho, sentí, cuando llegamos a Guayaquil Jose (mi marido), Yobana (mi amiga y compañera de comunidad) y yo.

La parábola de Lázaro
En concreto me vino a la mente el pasaje de Lázaro y el rico. Cerros y cerros llenos de casitas de caña y construcciones imposibles rodeaban el corazón financiero de una ciudad llena de contrastes. “Entre vosotros y nosotros hay un abismo…”le dice Abrahán al rico en ese pasaje, y también provocó en mí la ineludible sospecha de que acabaremos pidiendo perdón a tantos Lázaros por nuestra ceguera.

La zarza ardiendo
Al llegar al barrio, de nuevo otro pasaje bíblico: Moisés descalzándose al contemplar la zarza ardiendo. Nosotros también descalzándonos, en este caso porque la estación de lluvias provocaba que el lodo nos llegara a los tobillos. Y sin embargo, algo simbólico tras el gesto: la sensación de adentrarnos en terreno sagrado, donde miles de pequeñas zarzas arden cada día en el fuego de la necesidad y la exclusión, pero sin llegar a consumirse. Y en medio de todo Dios hablando.

Experiencias compartidas
A partir de ahí, 2 años y medio de experiencias compartidas: clases de computación e inglés, filas interminables de cuadernos por corregir, canciones y más canciones, reuniones con los comités a horas intempestivas…y miles de actividades que hoy, con el paso del tiempo, se van diluyendo pero que han destilado en mí una certeza incontestable:
Dios está ahí, con ellos, y ellas, pequeño, en el pesebre de su casita de caña, frágil, vulnerable. Y esperamos simplemente haberles sabido transmitir de boca y con el corazón que son los preferidos de Dios, que son muy importantes, que hacen milagros cada día, y que su inquebrantable dignidad sigue iluminando nuestra vida, 7 años después de haberles conocido.

Con palabras prestadas
La mejor forma, quizás la única, de resumir nuestra experiencia es tomar prestadas las palabras del poeta:

 

Existe un lugar donde intuyes
La riqueza de las formas sencillas
Donde lo esencial se destaca
Contundente en un mundo
A menudo plano
Y una brillante abundancia
Se esconde tras la pared gris
Donde lo viejo es hermoso
Para los ojos inocentes
Y la imaginación se convierte
En una manera de alcanzar siempre
Lo inaccesible
Allí conviven lo hermoso y lo extraño
Porque sólo allí se logran imposibles

 

Nosotros hemos estado allí. Lo hemos vivido con muchos hermanos a los que recordamos con cariño.

Damos gracias por el tiempo compartido. Y que tanto nos ha enriquecido.



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