Era “palabra de Dios”
que no supimos escuchar

Publicado el 01 de marzo 2010

J. Altavista

Hace unos días me puse a escribir estas líneas, pensando en la cercanía de la Semana Santa.

Cuando iba por el segundo párrafo suena el teléfono. Me comunican que Fernando, un amigo de hace muchos años, ha sido internado de urgencia en un hospital.

Dejo lo que estoy haciendo y voy al hospital. Pregunto en recepción y me dicen que está en la Unidad de Cuidados Intensivos. Subo hasta el tercer piso y me encuentro con su esposa y sus dos hijos. No saben el diagnóstico, pero me dicen que está mal. No puedo entrar a verlo.

Paso un par de horas con la familia. Nadie da novedades y vuelvo a casa.
Al día siguiente me llaman para decirme que Fernando ha fallecido.
Ayer se celebró el funeral. Muchas preguntas bombardeaban mi cabeza. No era una muerte lógica.

Con todos esos interrogantes fui a la Misa de despedida. Suponía que el sacerdote invitara a la resignación y repitiera esas frase vacías que se suelen decir en los funerales.

Debo reconocer que el sermón me sorprendió. El cura comenzó reconociendo que poco o nada podía decir de Fernando ya que no lo conocía.

Nos dijo que Dios envió a su hijo Jesús como “palabra”… y que si todos somos hijos de Dios, todos somos “palabra de Dios” para los demás.

Dejó un largo tiempo de silencio invitándonos a cada uno a recordar que era lo mejor que podíamos rescatar de la vida de Fernando. Y en aquello “bueno” que podíamos recordar, escuchar a Dios que durante años nos habló a través de la vida de Fernando.

No fue una persona “perfecta”, pero en lo que pudo vivió haciendo el bien a quien lo necesitaba sin pedir nada a cambio. De forma gratuita, sin darle publicidad, riéndose de quienes le decían que era un iluso por su bondad. Poco le importaba lo que los demás pensaran de él. Eso es lo que yo rescaté sentado en el banco de la parroquia.

Han pasado unos días. Vuelvo a sentarme a escribir sobre la Semana Santa y no puedo dejar de pensar que en la vida de Fernando se reflejan buena parte de las actitudes de Jesús de Nazaret durante su vida y frente a su muerte.
Muchas veces tenemos una imagen de Jesús como si fuera un “extraterrestre”, alguien ajeno a nuestro mundo. Mientras que a nuestro alrededor tenemos a muchas personas que viven de acuerdo con los valores manifestados por Jesús.

No son perfectos, pero son “palabra de Dios” para cada uno de nosotros. Sería bueno que sepamos escucharla antes de que les llegue la hora de la muerte.
Me lleva a pensar que si estamos llamados a anunciar la “Buena Noticia” de Dios, si somos misioneros, no se trata de enseñar complicadas doctrinas, imponer leyes y normas difíciles de cumplir o pertenecer a un determinado grupo religioso. Quizás la cosa sea más fácil. Ayudar a las personas a sacar la bondad que hay dentro de cada uno, aprender a escuchar lo que Dios nos dice a través de cada persona.

Si de Jesús pudo decir Pedro: “pasó haciendo el bien”, de Fernando podemos decir: “fue un buen hombre”.

A nuestro alrededor hay mucha más bondad de la que creemos. Esa es una “Buena Noticia” y fuente de esperanza.

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