Siento vergüenza de mí mismo
Por J. Altavista
Publicado el 01 de marzo 2009
Ciertamente no soy ningún experto en economía. Bastante tengo que hacer funcionar a mis pobres neuronas para llegar a fin de mes sin que me queden muchas deudas. Pero basta un poco de sentido común para saber cuándo nos están tomando el pelo –y de paso vaciando los bolsillos- con razonamientos que sin duda encierran trampa.
¿Se acuerda de todos los líos que se armaron hace unos meses por el aumento de los precios de los combustibles? Ese aumento justificaba el que subiera el precio de cualquier cosa: alimentos, ropa, servicios, productos industriales, viajes…
Resulta que en siete meses el barril de petróleo bajó de 150 dólares a 40 dólares. Es decir bajó casi un 74%.
La lógica más elemental dice que los precios tendrían que bajar. Vanas ilusiones. Leo en un prestigioso diario que “el descenso del precio del crudo puede provocar un aumento de los precios”.
Más aún, se afirma que el precio del barril podría bajar en poco tiempo hasta los 24 dólares… con lo que los precios aumentarían aún más.
El razonamiento del articulista tiene “su” lógica. Si el barril de petróleo está a 150 dólares, eso atrae mecanismos especulativos y financieros, si está a 40 dólares se deja de invertir en exploración y explotación. La disminución de inversión por parte de las petroleras agudizará la crisis económica.
Paralelamente se reducirá la inversión en energías alternativas, como la solar o la eólica. Los gurús de la economía dicen que el barril de petróleo debería volver a los 100 dólares de precio para que su explotación sea rentable.
El argumento tiene su lógica, pero carece de todo sentido común. Salvo que aceptemos que nuestro sistema económico, basado en la mayor ganancia a cualquier precio, carece de todo sentido común.
Si has sido capaz de leer hasta aquí y has entendido algo, te felicito. A mí me costó darle bastantes vueltas.
Todo este embrollo del precio del petróleo no es más que una muestra clara de cómo funciona la economía internacional.
Posiblemente, tanto tú como yo pagamos las consecuencias, pero mal que bien conseguimos sobrevivir.
No puedo dejar de pensar en tantos pueblos que se ven sometidos a un sistema económico y comercial tan injusto –no sólo ahora a causa de una crisis- sino desde hace muchos años y tienen que ver con impotencia cómo sus generaciones más jóvenes o escapan a otros países, o se ven condenadas a morir de hambre.
Y mueren sin entender por qué. La Madre Tierra sigue siendo generosa en producir alimentos. Y mientras en Europa podemos disponer de productos de cualquier país del mundo, en muchos de ellos no tienen qué llevarse a la boca.
“Ayudamos” a esos países para que produzcan lo que nosotros necesitamos… cada vez son más los que producen mayoritariamente un único producto destinado a la exportación. Si la población de esos países se “reduce” a causa del hambre, tendremos mayores ganancias.
Vivimos en un mundo intrínsecamente injusto, insolidario y homicida.
Una de las cosas positivas que me está dejando esta crisis económica, es que siento vergüenza de mí mismo y de la sociedad en la que vivo.