Inédito viable

Luis Aranguren Gonzalo *

 

Publicado el 01 de marzo 2009

En el libro Pedagogía del oprimido escribe Paulo Freire: “el inédito viable se concretiza en la acción que se lleva a efecto y cuya viabilidad no era percibida”. Escrito en 1970, de nuevo estas palabras cobran actualidad en tiempos de incertidumbre y de necesidad de nuevos paradigmas de actuación, como los actuales. Palabras imprescindibles y urgentes. El inédito viable es el tesoro que buscamos porque en ello nos va la mejora de la calidad de nuestro servicio voluntario a los más desfavorecidos, también nos compromete en la mejora del funcionamiento de nuestras organizaciones, y en ello nos jugamos la credibilidad de nuestro quehacer en nuestros pueblos, barrios y ciudades.
En el año 2009 hablamos de la necesidad de buenas prácticas, también en el ámbito de la acción voluntaria. En definitiva, las buenas prácticas han de destilar el buen rastro que permitan encontrarnos con aquello que resulta ser nuevo y cuya viabilidad práctica se hace visible en este proyecto, en esta nueva iniciativa, en esta experiencia.

Las buenas prácticas sólo se pueden comprender correctamente desde la perspectiva del proyecto ético en el que se embarca la organización voluntaria cuando decide apostar por la creación de condiciones de vida mejores para los más débiles y generar una cultura de la solidaridad radical y no cosmética entre la ciudadanía, cuando decide poner en marcha iniciativas que de otra manera serían imposibles. Eso significa trabajar por ampliar las posibilidades de transformación y de humanización en los contextos en que habita cada organización cívica.

Por otra parte, este tiempo vertiginoso es siempre tiempo de despertar y no quedarnos dormidos. En otras palabras, no podemos estancarnos en lo que fuimos ayer, en lo que hicimos; hoy es tiempo de crear prácticas innovadoras que respondan a las nuevas necesidades sentidas y detectadas; y en estas circunstancias no cabe atrincherarse en el pasado.

Cuando conectamos la energía ética de cada persona voluntaria con el sustrato solidario que se domicilia en el interior de cada organización cívica se comienza a construir, sin apenas ser conscientes de ello, un depósito de microutopías que nos acompaña y está a nuestro alcance. Utopías que no nos dejan con la lengua fuera desde un dogmatismo ya fuera de lugar; utopías que actúan sobre la realidad local para cambiarla, aunque sea de a poquito, como nos repite machaconamente Galeano, sabiendo que esa es la única forma de probar que la realidad es transformable. Las grandes causas solo enraízan en lo concreto y accesible. La buena práctica bebe de esta mística en acción.

 

* Filósofo. Experto en Voluntariado.
Director de Ediciones de PPC