Comercio y justicia

Un modelo de
consumo no apto para todos

Carlos Ballesteros *

Publicado el 01 de marzo de 2008

Se me ha pedido que para inaugurar esta colaboración con Antena Misionera reflexione acerca del comercio internacional y su incidencia en la construcción de la justicia (injusticia más bien creo yo, dado cómo está el mundo). Para empezar sería muy interesante repasar los complejos vínculos existentes entre la sociedad de consumo y el desarrollo humano. Estos vínculos pueden tener indudablemente efectos positivos, pues a medida que los niveles de consumo aumentan, mayor porcentaje de la población tiene acceso a la alimentación, a la salud, a la educación, a la información, lo que supone una transformación importante de la calidad de vida de las personas. Sin embargo, también pueden ser negativos. Las decisiones de consumo que se toman por parte de los habitantes de los países del Norte tienen importantes repercusiones sobre los recursos naturales del planeta, sobre la producción de materias primas, sobre la contaminación o sobre las condiciones de vida de los habitantes de los países del Sur.

El consumo es, sin duda, uno de los más importantes motores de la Economía. Consumir, comprar bienes y servicios, es una función esencial de los agentes económicos y una variable fundamental en el desarrollo de los países y de las economías y en la creación de riqueza. No en vano se conoce con el nombre de Sociedad de Consumo o Economía de mercado a aquella que se basa en el libre intercambio de bienes y servicios a cambio de un dinero y de la obtención de valor por parte de todos los agentes implicados. El problema es que ésta no es una forma de vida universalizable, pues no puede ser para todos. En efecto, los informes, cálculos y estudios más recientes de prestigiosos organismos supranacionales como el World Watch Institute, demuestran que si todo el mundo consumiera de la misma manera que se hace en los llamados países del Norte o industrializados, serían necesarios tres planetas más como el actual para atender las necesidades.

Para entender esta realidad habría que tener en cuenta tres aspectos íntimamente relacionados: pobreza, contaminación y consumo.

De ello seguiremos hablando en la próxima entrega.

* Profesor Propio de la Universidad Pontificia de Comillas,
Director del Progama E-4.
Coordinador del Grupo de Investigación
“El Consumidor y su Entorno”,
Militante social y activista por una economía
basada en las personas.

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