Voluntarios de la Solidaridad

Globalización y convivencia

Luis Aranguren Gonzalo*

Publicado 1 de marzo 2008

Uno de los datos de nuestro tiempo es la globalización entendida como el fin de los sectores compartimentados y el inicio de una era macada por el flujo relacional, el mestizaje y la puesta en escena del paradigma de la complejidad en todas sus dimensiones. También en la esfera de la solidaridad la globalización tiene consecuencias evidentes que se constituyen en oportunidades históricas.

No me refiero solo al hecho de que en este mundo globalizado nos encontremos todos más cerca, el planeta se haga más pequeño y las distancias espacio temporales se hayan achicado enormemente gracias al poder de las tecnologías de la comunicación. Más bien quiero reflexionar en voz alta sobre un cambio de lógica que los agentes de solidaridad han de tener en cuenta en el contexto de un mundo globalizado.

Con frecuencia hablamos de solidaridad y voluntariado enmarcado en la acción entre colectivos diversos: infancia, inmigrantes, personas sin hogar, cooperación al desarrollo, mujeres maltratadas, y un amplio abanico donde se mueven los sectores más desfavorecidos de nuestro entorno cercano y lejano, local y global. Con ser ésa una labor de primer orden no hemos de olvidar que la globalización que se ha visto acompañada de un enorme flujo migratorio, especialmente en España, ofrece el reto de la convivencia cívica como posibilidad de construir desde cada barrio, pueblo y ciudad un espacio público realmente armonioso, pacífico y justo.

La convivencia nos corresponde a todos; no es cosa de los poderes públicos implementarla; sí encauzarla y facilitar el campo de juego. Y ahí los agentes de la solidaridad se convierten en protagonistas de primer orden donde poder desenmascarar prejuicios, estereotipos y sospechas frente al otro diferente y en co-protagonistas de la enorme labor que tenemos por delante tratando de habitar realmente ciudades y pueblos desde el sabor amable de la convivencia pacífica y humanizadora.

La convivencia no exige números ni atraviesa los estándares de calidad que se solicitan desde las subvenciones, pero entiendo que se trata de una urgencia de nuestro tiempo y conlleva la mentalidad de que todo agente de solidaridad, voluntario o no, es ante todo un agente de sensibilización y en su hacer personifica que es posible un modo de vivir juntos desde la voluntad de encuentro y no de confrontación.

* Filósofo. Experto enVoluntariado de Organizaciones Sociales.
Director de Ediciones de PPC


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