Que nueva vajilla comprar

Publicado el 01 de junio 2010

J. Altavista

Por motivos de trabajo tengo que viajar a otra ciudad. Elijo hacerlo en AVE. Son poco más de dos horas. No llevo nada para leer, ni música para escuchar… prefiero un poco de tiempo de silencio que cada día resulta más difícil de conseguir.

Me siento con la esperanza de que mis neuronas descansen un tiempo.
Misión imposible. En los asientos de atrás dos personas están continuando una discusión sobre la situación económica, los recortes que vienen, quién ha roto los platos en la actual crisis económica, quién debe pagar la compra de nuevos platos y quién decidirá qué tipo de vajilla se comprará.
Resulta imposible no escuchar lo que dicen. Su tono de voz es alto. Aparentemente tienen posturas distintas.

En realidad los dos están de acuerdo en que la vajilla la rompieron los poderes económicos y financieros. Los dos están de acuerdo en que los platos rotos los van a pagar los trabajadores y los pensionistas.

La diferencia está en qué nueva vajilla hay que comprar… es decir, cuál debe ser el modelo económico a partir de esta crisis.

Uno de ellos defiende que hay que “fortalecer” el sistema anterior. Según él fortalecerlo evitaría nuevas crisis. El otro propone un “cambio” del sistema con mayores controles, si no se hace, la crisis no se superará o volverá a repetirse.
Quería no pensar en economía durante el viaje. Porque la vida de las personas no se reduce al aspecto económico, sino que abarca muchos más ámbitos y más importantes.

Pero mis compañeros de vagón hacen que mi mente vuelva a centrarse en la economía.

No puedo dejar de oír los razonamientos de uno y otro.
Me parece insultante e inmoral que quienes han roto la vajilla de la economía, mandando a muchos miles de personas al paro y la pobreza, mientras ellos seguían con sus ganancias, quieran comprar, con el dinero de los más pobres, una vajilla que les siga dando beneficios a ellos.

Pero los poderes políticos siguen estando sometidos a los poderes económicos. Nos “venderán” el actual sistema económico como el único posible. Nos lo tragaremos. Quizás tengamos dentro de unos años un periodo de “aparente bienestar”… Luego volveremos a las andadas.

Distintas plataformas y grupos sociales, entre los que ha tomado protagonismo el Foro Social Mundial, y a los que se unido la Iglesia, especialmente en el Tercer Mundo, vienen proclamando desde hace años que “otro mundo es posible” y que para hacerlo realidad “otra economía es posible”.

Con demasiada frecuencia los cristianos hemos olvidado (o silenciado) las palabras de Jesús: “No podéis servir a dos señores; no podéis servir a Dios y al dinero” (Mateo 6, 24). Hemos hecho compatible lo que es incompatible a los ojos de Dios.

A pesar de todo lo que más me duele es que las ayudas a los países pobres van a disminuir hasta niveles mínimos. Mientras tanto seguiremos sacando (o saqueando) sus materias primas a precios irrisorios. Ello va a suponer un verdadero genocidio. Estaremos condenando a muerte a poblaciones enteras.
Claro que nadie se atreverá a plantear ante un Tribunal Internacional que el sistema económico es un “crimen de lesa humanidad”.

Tenemos que defender nuestro nivel de vida y bienestar.

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