Destino: el Congo

 

Publicado el 01 de agosto de 2009

A mitad de junio, con cuatro maletas y mucha ilusión, partían de Barajas con destino a la República Democrática del Congo un joven matrimonio de Jaén: María Luisa Rodríguez y Alfredo Torres. Ambos son Laicos Misioneros de la Consolata.

Pocas horas antes de salir nos dejaron sus últimas impresiones, los deseos y los temores que les acompañaban.
Esto es parte de lo que nos contaban.

Hace dos años y medio que estamos casados, pero desde que empezamos a salir juntos comenzamos a estar en contacto con los misioneros de la Consolata y ambos son sentimos llamados a dedicar una parte de nuestra vida al trabajo misionero.

De los misioneros de la Consolata nos atrajo desde el inicio el espíritu de familia, la opción por los últimos y su sentido eclesial.

Llegar a hacer realidad ese deseo ha sido un camino largo. Participamos en el grupo misionero de Granada y en distintas actividades como campos de trabajo, ejercicios espirituales, el Camino de Santiago, Pascuas misioneras…
Terminados los estudios fuimos a Zaragoza para una formación más específica junto a las comunidades de laicos y los padres de la Consolata.
Luego hicimos un curso de misionología en Madrid, conviviendo con dos misioneros. Los últimos nueve meses los hemos dedicado al estudio del francés, el último mes en Francia.

Finalmente partimos para el Congo, donde vamos a continuar el trabajo de Susi y David (un matrimonio de Elche que regresa en estos días) en la “Maison Oscar”, en Isiro, al nordeste del país. Es un centro de formación y residencia de estudiantes a los que se da la posibilidad de prepararse para acceder a la universidad. El ámbito de la educación es fundamental para que los pueblos africanos puedan salir de su situación de pobreza e injusticia. Es la base de un futuro mejor.

Aunque nos han contado cómo es la situación, no es fácil saber qué vamos a hacer. Tendremos que escuchar lo que la realidad y las personas nos piden. Pero más allá del trabajo, esperamos se testigos del evangelio, respetando la cultura local y compartiendo nuestra vida con el pueblo congoleño.

Estamos dando un salto importante en nuestra vida y eso implica que en nuestro “equipaje” nos acompañan temores… pero los ponemos en manos del Padre Dios, conscientes de que a donde nosotros no lleguemos Él nos suplirá.
Vamos como matrimonio, pero nos sentimos enviados por nuestra familia de la Consolata y por nuestra familia Iglesia. Por eso sabemos que no vamos solos, sino que formamos parte de algo mayor y más rico…

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