¿Un Guantánamo asiático?

P. Bernardo Baldeón

Publicado el 01 de junio 2009

 

En este número de Antena Misionera nos hacemos eco de una buena noticia: después de 26 años de guerra, muerte, sufrimiento y destrucción, Sri Lanka (la antigua Ceilán) ha alcanzado la paz, al derrotar las fuerzas gubernamentales al Frente de Liberación de la Tierra Tamil.

Sin duda queda pendiente un largo trabajo de reconciliación nacional, a fin de que la población Tamil se pueda sentir parte de la comunidad nacional viendo respetadas sus condiciones de comunidad étnica dentro del país.
El fin de la guerra se ha conseguido a base de una acción militar a gran escala del gobierno de Colombo.

Los Tamiles se vieron reducidos en una pequeña zona del país donde ya había más de 250.000 personas viviendo en campos de refugiados. En cuatro meses el número de refugiados en la zona ha aumentado a una cantidad que se calcula entre las 300 y 400 mil personas. La mayor parte de ellos civiles que se han encontrado entre dos fuegos y al no poder desplazarse hacia otras zonas han ido a parar a los campos de refugiados.

El gobierno sospecha que miembros del Frente Tamil se han escondido en esos campos. Motivo por el cual ha prohibido la presencia de extranjeros en la zona. Tanto a miembros de la ONU, de la Cruz Roja Internacional, o de las Organizaciones No Gubernamentales.

La Cruz Roja ha tenido que suspender después de varios años su ayuda en la zona, al menos tres peticiones de Naciones Unidas han sido desoídas por el gobierno, las ONG han tenido que retirar a su personal, los medios de prensa internacional tienen prohibido al acceso a la zona.

Si los 250.000 refugiados que antes vivían en los campos del norte la isla, y que ahora alcanzan casi los 400.000, dependía para su subsistencia de la ayuda internacional, ahora han visto cortada cualquier tipo de asistencia médica y alimentaria.

Para el gobierno ceilandés todos los pobladores de los campos de refugiados son sospechosos de ser guerrilleros tamiles. No importa que la inmensa mayoría sean ancianos, mujeres y niños.

Con la excusa de mantener y asegurar el fin de la guerra, el gobierno ha puesto en marcha una política que podría llevar al país a un genocidio de consecuencias imprevisibles.

En realidad Sri Lanka se enfrenta a dos posibles salidas. Una sería el buscar la reconciliación nacional, lo que implicaría reconocer un mínimo de autonomía del pueblo Tamil. La otra salida sería terminar con el pueblo Tamil a través de las armas o del hambre.

Buscar la reconciliación sería la solución más lógica, pero también la más complicada. Por el momento el gobierno parece pensar más en la segunda salida. Para ello está convirtiendo el norte del país en un inmenso “Guantánamo asiático”, donde todos los miembros de los campos de refugiados se convierten en sospechosos de ser guerrilleros tamiles, incluidos mujeres y niños.

La presión internacional es cada vez más fuerte, y ¡ojalá que alcance sus frutos!

De momento parece que la solución más fácil es destruir al “supuesto enemigo”, antes que construir un sistema donde se pueda vivir en paz, respetando la diversidad de los pueblos.

Y, por desgracia, el caso de Sri Lanka se repite, bajo otras formas, en muchos lugares de la tierra.


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