Afroamericanos: La interminable
lucha por la libertad
P. José Svanera
Publicado el 01 de junio
2009
Esperamos, junto a toda la creación, la plena manifestación de los hijos de Dios insertos en la historia de ésta nuestra humanidad con todas su contradicciones desafíos y esperanzas (Cfr. Rm. 8, 19-20).
También nuestro pueblo afrocolombiano espera su Pascua, después de una penosa y larga esclavitud iniciada hace tantos años, cuando cristianos sin escrúpulos decidieron utilizar a millones de africanos a favor de sus sucios intereses económicos y los desarraigaron violentamente de su tierra.
Millones de personas fueron transportadas peor que animales en los barcos europeos que cruzaron el Atlántico, en la más completa desesperación.
Muchos, demasiados, murieron durante el largo viaje y los más afortunados llegaron a destino para ser vendidos como esclavos para los trabajos más duros y humillantes.
Mezclados entre sí, para cortar los contactos con sus propios familiares y con el grupo de origen, perdieron su lengua, la cultura, la identidad y se convirtieron en máquinas anónimas para el provecho de los dominadores. Una vergüenza para Europa que no puede ser olvidada, aunque parezca lejana en el tiempo.
Los esclavizadores no han podido sin embargo destruir la vitalidad de estos pueblos que han encontrado la fuerza para revelarse y continuar creyendo en la vida y en la posibilidad de un futuro para sus hijos en esta nueva tierra.
El fenómeno de los “Palenques”, poblados fortificados, en nuestra zona de los Montes de María y en tantos territorios americanos responde a este ansia de libertad asegurada solamente por una tierra propia para cultivar, para sobrevivir y desarrollar nuevas relaciones y una nueva cultura.
La gran mayoría que no ha podido huir a escogido igualmente mil formas de resistencia a través del canto, la danza, las narraciones orales, las tradiciones enseñadas sobre todo por las mujeres que siguen trayendo al mundo hijos y más hijos.
Hay quien afirma que el futuro no pertenece a quien ataca sino a quien resiste y el Afro, nuestra gente, continúa resistiendo y trayendo al mundo hijos, una grave amenaza para los faraones de turno.
La historia Afro en Colombia y en América es una epopeya de resistencia: primero a los españoles y luego a sus descendientes; al Reino español primero, y a la República independiente y democrática después. Sin que nunca se haya valorado su contribución con el trabajo, a través de las factorías y de la minería, a la riqueza de este país y hasta qué punto han sido protagonistas de la lucha por la independencia.
Sin embargo no participaron en el reparto de las tierras con los generales de la República y han debido contentarse con habitar en tierras inhóspitas y mal sanas.
En 1821 tuvieron un mínimo reconocimiento con la “libertad de vientre” y por tanto la posibilidad para los niños que nacían de no ser considerados esclavos. Sólo el 2 de mayo de 1851 el presidente de la República firma el decreto de abolición de la esclavitud que entro en vigor el 1 de enero del año siguiente.
La declaración oficial no modificó sustancialmente la situación de hecho y han nacido formas inéditas de marginación y de esclavitud. Entre 1960 y 1970 nuevos aires soplaron a nivel internacional y también en el pueblo afrocolombiano salieron a la luz distintos movimientos culturales que han ayudado a tomar conciencia de la identidad afro asumiendo con humildad, pero también con orgullo, la propia historia. Surgen organizaciones populares sobretodo en la costa del Pacífico que luchan por su reconocimiento como grupo étnico y por la propiedad colectiva de la tierra.
Finalmente la nueva Constitución política de 1991 ofrece los primeros instrumentos legales para trabajar los derechos políticos del pueblo negro que tras dos años de búsquedas y enfrentamientos desemboca en la “Ley 70” con la posibilidad de tener autoridad propia mediante los “Consejos Comunitarios”, la propiedad colectiva de la tierra para las “comunidades negras”, la participación en espacios públicos con “representantes propios”.
Queda por ver hasta qué punto esta ley se está llevando a la práctica. Pero no hay duda que para el pueblo afro colombiano se han abierto con la nueva Constitución nuevos horizontes en este gran país “multiétnico y multicultural”. Como misioneros nos sentimos identificados con nuestro pueblo en este largo y fatigoso éxodo de la esclavitud hacia la libertad en el nombre del Señor Jesús muerto y resucitado para que todos, también los afrocolombianos, tengan vida y vida en abundancia.
Procuramos caminar juntos, con discreción y afecto, respondiendo a la necesidad religiosa y hablando de Jesús de Nazaret, gozando y valorando la cultura afro en sus diversas y ricas manifestaciones, estimulando la autoestima y la iniciativa en todos los campos y creando espacios comunitarios para que puedan expresar lo mejor de sí en plena libertad.
Un camino esperanzador, largo y difícil, sin pretensión de grandes resultados, sino como afirmaba una religiosa austriaca que ha trabajado en esta zona durante muchos años: “sembrar, sembrar, sembrar y… sembrar…”.
Recordando al Maestro: “Si el grano de trigo no muere…”.