Sri Lanka

Se consigue la paz, a alto precio,
tras 26 años de guerra

El Ejército de Sri Lanka asestó el último gran golpe a los “Tigres Tamiles”, que el 17 de mayo anunciaron su rendición en una guerra abierta con el Gobierno ceilandés.
Según ha comunicado una fuente militar, el líder del Frente de Liberación de la Tierra Tamil (LTTE), Vellupillai Prabhakaran, habría muerto en la zona de combate cuando intentaba huir de la cruenta ofensiva militar ceilandesa.

Redacción y Agencias

Publicado el 01 de junio 2009

Los orígenes del conflicto en el país asiático se remontan a la época de la independencia de Sri Lanka (entonces Ceilán), en 1948, cuando se evidenciaron las tensiones entre la mayoría, predominantemente budista, y la comunidad tamil, mayormente hindú.

La ofensiva final del ejército gubernamental contra los Tamil, iniciada en diciembre de año pasado, ha supuesto la muerte de más de 8.000 civiles que se encontraron atrapados en medio del fuego de ambos bandos y fueron víctimas de bombardeos indiscriminados.

Ni los medios de comunicación, ni las ONG han tenido acceso a la zona de los combates. Ambas partes han manejado la información según sus intereses.

Comunicado de gobierno
«Podemos anunciar de manera responsable que hemos liberado a todo el país del terrorismo», se ufanó el jefe del Ejército de Sri Lanka, el teniente general Sareth Fonseka, a la espera de que el Gobierno aporte pruebas sobre la muerte del máximo líder rebelde. De momento, las únicas imágenes que ha mostrado la televisión estatal son las de su hijo, pero está claro que las tropas de Colombo han conseguido barrer a la guerrilla tamil de su último bastión al norte del país.

El anuncio del Ejecutivo fue acogido con regocijo por parte de la mayoría cingalesa, que se echó a las calles para celebrar la victoria lanzando petardos y fuegos artificiales, y con «desesperación» por parte de los tamiles exiliados.
De confirmarse la muerte de Velupillai Prabhakaran, el Gobierno de Sri Lanka no sólo habrá acabado con la guerra civil que sacude desde hace décadas a esta isla del Océano Índico, sino que habrá cortado de raíz la posibilidad de que el líder rebelde reagrupara a otra insurgencia desde el exilio.

El problema de los refugiados y desplazados
El Gobierno de Colombo ha pedido ayuda a la comunidad internacional para atender a los más de 250.000 refugiados y desplazados civiles que en las últimas semanas consiguieron sobrevivir a los combates, después de meses de soportar la lucha sin cuartel en que se habían enzarzado el Ejército y los LTTE. Unos les bombardeaban, los otros les retenían como escudos humanos.

La Unión Europea ha pedido una investigación independiente de los hechos ante las acusaciones cruzadas de genocidio y violaciones de los derechos humanos.

Ni los LTTE escucharon los llamamientos de la comunidad internacional para que se rindieran, ni el Gobierno, convencido de que ésta era su oportunidad para acabar de una vez por todas con la guerrilla, aceptó un alto el fuego para permitir la salida de los civiles.

China y Rusia han impedido hasta ahora que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas abordara la cuestión de Sri Lanka. Ambos países, con derecho de veto y buenas relaciones con el Gobierno de Colombo, consideraban la guerra "un asunto interno".

Una guerra devastadora
Los Tigres Tamiles fueron fundados en 1970, exigiendo la creación de un Estado independiente para la minoría tamil en el noreste de Sri Lanka.
En julio de 1983 desataron la guerra civil al matar en una emboscada a 13 soldados de la mayoría cingalesa. Como consecuencia de este atentado, estallaron en toda la isla disturbios contra la minoría tamil, cuya radicalización ayudó a engrosar las filas de los rebeldes.

Desde que, el 5 de julio de 1987, el capitán Miller estrellara un camión lleno de explosivos contra una base militar y matara a 40 soldados, los Tigres Tamiles han cometido más de 160 atentados suicidas. Entre sus víctimas destacan importantes mandatarios como el ex primer ministro indio Rajiv Gandhi, asesinado cuando hacía campaña en 1991 por su apoyo al Gobierno de Colombo contra la guerrilla tamil, y el propio presidente de Sri Lanka, Ranasinghe Premadasa, muerto en 1993.

Durante los años 80 y 90, los Tigres Tamiles controlaron un tercio de Sri Lanka y pusieron en jaque al Ejército con osados ataques que golpearon a la propia capital, Colombo, e incluso a su aeropuerto internacional y al santuario budista más sagrado del país. Por todo ello, la guerrilla liderada por Prabhakaran, el Tigre Número 1, fue incluida por Estados Unidos y la Unión Europea en la lista internacional de organizaciones terroristas.

El fracaso de las conversaciones de paz con el Gobierno, las deserciones y la ofensiva lanzada por el Ejército han acabado con los Tamiles, arrinconados desde principios de año en una estrecha franja de terreno.

Los tamiles son un grupo étnico del sur de la India con lengua y cultura propias. En el Estado indio de Tamil Nadu («Tierra de los Tamiles») -de donde proceden- son 60 millones. En el país vecino, Sri Lanka (antigua Ceilán), son menos de 4 millones y representan sólo un tercio de la población, pero sus pretensiones independentistas han mantenido en jaque a todos los gobiernos que se han sucedido en Sri Lanka en los últimos 26 años. A nadie escapa que esto ha sido posible gracias a la ayuda de los «hermanos tamiles» de la India, entre otros benefactores exteriores.

El mayor precio de esta guerra son los más de 70.000 muertos que ha dejado en el camino, a lo que hay que añadir la situación económica en que ha sumido al país.

Un futuro incierto
Con la mediación de Noruega, se alcanzó un alto el fuego en 2002, que ninguna de las dos partes respetó totalmente hasta que el presidente Rajapaksa, que había ganado las elecciones con la promesa de acabar militarmente con los tigres, lanzó de nuevo al Ejército en su persecución. Aunque unos 200.000 tamiles han dejado la isla en estos años, los sociólogos temen que el resentimiento generado por la brutalidad de esta última operación militar pueda impedir que los tamiles se integren de nuevo entre la comunidad cingalesa y resurja la violencia. Los cingaleses están divididos entre la conveniencia o no de otorgar a los tamiles una amplia autonomía en el noreste de la isla.

Posiblemente estos 26 años de guerra y muertes injustas, sean la consecuencia de una más de las independencias concedidas por los potencias europeas a sus antiguas colonias, sin tener en cuanta las diferencias étnicas, culturales y religiosas de los nuevos países que iban naciendo.

Como en tantos casos, los países europeos tienen un grado de responsabilidad en la tragedia vivida en Sri Lanka.


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