Organizaciones solidarias y…
educativas
Publicado el 01 de junio 2009
Ya sean pequeñas o grandes, veteranas o recién creadas, las organizaciones de solidaridad han de llevar impresa en su ADN la dimensión educativa en todo su quehacer, que no es solamente el hacer. Es la acción como construcción colectiva inteligente, reflexionado y puesto en estado de proceso de aprendizaje permanente, y por lo tanto sometido a la prueba de la verificación continua y de la correspondiente capacidad de mejora. Por organización educativa entendemos aquella que aunque trabaje en el medio ambiente o en la cooperación internacional, cuenta con una dimensión educativa en el proceso de selección, acogida y acompañamiento del voluntariado, en su trabajo formativo, en los cauces de participación, en su entraña más honda y querida como tal organización solidaria.
Por educativo no entendemos sólo aquello que educa, sino aquello que sirve para educar. Así han de ser las organizaciones de voluntariado: aptas, cualificadas y capaces de educar. Lo educativo ha de impregnar de tal medida a la organización que es toda ella la que se vive en un estado de aprendizaje permanente. Son organizaciones que aprenden y ayudan a aprender.
Lo educativo no es monopolio de la esfera escolar. Es más, debemos ir poco a poco caminando hacia la configuración de ciudades y barrios educadores. No hablamos de cosas espectaculares sino de una determinada mentalidad y lógica de trabajo, que además ha de ser compartido Lo extraordinario se esconde tras la vulgaridad de lo ordinario, que al fin y al cabo es el materia de trabajo cotidiano: lo próximo, lo cercano, lo de cada día. Ello permite que la organización esté presidida por una dinámica de cooperación que facilite que cada cual y en común estemos mejor y más ajustados a la realidad que somos, a la que nos enfrentamos y a las posibilidades con las que contamos para encararla con garantías.
Enseñanza y aprendizaje van de la mano, como ya nos enseñó Freire. Las organizaciones de solidaridad tienen por delante la tarea de repensar lo ya pensado y abrir nuevas vías de acción y de pensamiento. Desde esa disposición y buen ánimo, la organización solidaria será, además, organización que educa, y ello conlleva un plus de frescura por cuanto constituye un freno a esa especie de imparable tendencia de muchas organizaciones a convertirse exclusivamente en empresas prestadoras de servicios.
*Filósofo. Experto en Voluntariado
Director de Ediciones PPC