Guinea Bissau
Víctimas de la corrupción y de la violencia
Publicado el 01 de junio 2009
Leonídio Paulo Ferreira
La suma del prestigio intelectual de Amílcar Cabral y la capacidad de lucha del PAIGC (Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde) dio a Guinea-Bissau un papel especial en las guerras de liberación africanas. Pero fue la única colonia portuguesa en África que proclamó la independencia de forma unilateral, incluso antes de la revolución del 25 de abril de 1974 en Portugal. Luego se convirtió en un país asolado por los golpes militares y por la pobreza.
Ahora amenaza transformarse en un narco-Estado. A no ser que el doble asesinato del Jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas y del Presidente de la República, posiblemente por responsabilidades cambiadas, lleve a los guineanos a dejar de lado un camino que no traería nada positivo a los 1,7 millones de personas que viven en este pequeño país de África Occidental y a a la búsqueda de un camino de futuro.
La sala donde el Presidente Nino Vieira fue encontrado muerto estaba totalmente ensangrentada. El hombre cuyo destino se identificaba con las últimas décadas de Guinea-Bissau, tanto como guerrillero como después en el papel de Presidente, murió de la misma forma que gobernó: por la violencia. Queda, sin embargo, saber si el doble asesinato, en la misma noche del 1 al 2 de marzo, del Jefe del Estado Mayor, el general Tagme Na Waie, y del Presidente de la República João Bernardo “Nino” Vieira, fue un simple ajuste de cuentas mutuo entre dos viejos enemigos o si está directamente relacionado con el reciente camino de Guinea-Bissau hacia un narco-Estado. Con las instituciones frágiles, una población pobre, y una costa llena de islas, la antigua colonia portuguesa ha ganado importancia como lugar de tránsito de la cocaína sudamericana que entra en Europa. Lo mismo aconteció en otros países de la región como Ghana, Costa de Marfil o Nigeria, pero la debilidad el Estado Guineano, con sucesivos golpes militares y asesinatos políticos, convierte al país en un lugar más fácil para los cárteles que controlan el tráfico. La incertidumbre sobre lo que pueda acontecer, tiene en vilo a la mayoría de la población.
En las elecciones legislativas del año pasado la abundancia de los medios de propaganda política en un país tan pobre, llevó a que varios partidos intercambiasen acusaciones de estar sometidos al dinero proveniente de los narcotraficantes.
Con la independencia reconocida por Portugal en 1974, Guinea fue gobernada hasta 1980 por Luis Cabral, depuesto por un golpe no sangriento liderado por “Nino” Vieira. Ya entonces, las justificaciones de los golpistas tuvieron que ver con la corrupción, si bien era obvia la voluntad de acabar con el predominio de los cabo-verdianos en las élites.
Acabó en esa época el sueño de Amílcar Cabral de ver a Cabo Verde y Guinea unidas políticamente. En 1975, un Nino despótico volvió a mostrar nuevamente su fuerza, esta vez torturando y matando a los dirigentes del PAIGC acusados de intentar destituirlo. Las torturas llegaron a sacar los ojos o castrar a personas opositoras. Pero incluso el todopoderoso Nino comprendió a partir de 1999, que era tiempo de democratizar el régimen, dadas las presiones tanto internacionales como internas.
En 1994, ganó las primeras elecciones pluralistas de la historia de Guinea, derrotando en la segunda vuelta a Kumba Ialá, un balata, étnia mayoritaria en la guerrilla del PAIGC y a la cual pertenecían los dirigentes torturados en 1985.
Nino, miembro de la tribu de los papéis, se convirtió en un maestro en aparentar estar por encima de las divisiones tribales y religiosas y en cautivar, por la admiración, pero también por el miedo, a una población guineana que carecía de referentes más allá del líder y del partido oficial.
En 1998
el poder de Nino
se tambalea por primera vez de forma seria, cuando el general Ansumane Mané le devuelve las acusaciones de estar involucrado en el tráfico de armas hacia los rebeldes de Casamansa que luchaban contra Senegal. Veterano de la lucha contra el ejercito colonial portugués, el general Mané cercó Bissau y Nino consigue resistir gracias al apoyo proporcionado por Portugal.
Se percibe que Senegal, la antigua colonia francesa, ambiciona una perdida tutela sobre el país y Portugal se esfuerza para encontrar una solución negociada.
Una fragata portuguesa es enviada a las cosas guineanas, algo inédito desde los años 70. Un año más tarde, la guerra civil se reaviva y Nino se ve obligado a huir del país. El PAIGC vota su expulsión por traición y será en el norte de Portugal donde el guerrillero encuentra su refugio.

Guinea intenta entonces
la estabilidad del post-ninismo, pero la violencia continúa. Ansumane Mané ha muerto, Kumba Ialá, finalmente presidente, es destituido. Después de la muerte de Veris Seabra, Jefe del Estado Mayor, Nino decide regresar a Guinea y ya en el país arriesga todo y se presenta como candidato, derrotando al hombre propuesto por el PAIGC.
Curiosamente, su prestigio todavía se mantenía propiciando un extraño regreso al poder por vía de las urnas de un político destituido por las armas. Pero después de la victoria de Nino en 2005 se acentúa la sospecha de que Guinea está a merced de los narcotraficantes. Con la mayoría de la población viviendo con menos de un euro por día y los militares y funcionarios públicos cobrando sueldos miserables, la corrupción se expande de forma alarmante.
Por ejemplo una gran incautación de droga, cerca de 600 kilos de cocaína, desaparece misteriosamente. Otra incautación también de la misma magnitud, es quemada a la vista de representantes de la ONU y de la prensa, mostrando que no todo está perdido en la lucha contra los narcotraficantes. Pero la unidad del Estado no existe.
Nino, el jefe de las fuerzas armadas Tagme y el primer ministro Carlos Gomes Júnior se detestan y son incapaces de crear un frente común para salvar su país.
Ahora después de la tragedia del 1 y 2 de marzo, la clase política, los militares, prometen salvaguardar la unidad nacional. El gobierno continúa en funciones. Celebró funerales de estado tanto a Tagme como a Nino, y el presidente interino, Raimundo Pereira, tiene como misión organizar elecciones presidenciales en el plazo de dos meses.
El futuro es incierto para un país que desde su independencia se ha movido entre la violencia y la corrupción.
