La Iglesia y el SIDA en África

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Cosa impensable hace pocos años, el parlamento de Kenia trató el tema del SIDA. A nivel oficial era casi un “tema tabú”. La presión de las grandes farmacéuticas, que viven de las enfermedades era muy fuerte. Muchos pensaban que las soluciones solo podrían llegar desde el Norte desarrollado.
El 1 de diciembre de 2010, con ocasión de la Jornada Mundial contra el SIDA, entró en vigor una ley sobre el tema. Se llevaba discutiendo desde 2006. Un largo camino que esperamos continúe para seguir buscando soluciones desde el lugar.

 

 

La ley que se va poniendo en práctica poco a poco –aquí todo va lento- autoriza a los tribunales a imponer una multa de 500.000 chelines (unos 5 mil euros) o bien siete años de cárcel a quienes, sabiendo que están enfermos, infectan a otra persona, al menos que ésta esté al corriente del riesgo que corre.

 

Una pregunta surge espontáneamente: ¿es suficiente una multa o unos años de cárcel para convencer a los africanos de la necesidad de parar la infección del SIDA?

 

¿No se debería recurrir a medios mejores, más convincentes y seguros, que responsabilicen a las personas? Desde hace mucho tiempo en África, mujeres, hombres y niños sufren esta grave enfermedad, pero pocos son los remedios y muchas las dificultades para acceder a ellos. Incluso los gobiernos no están en condiciones de dar una respuesta efectiva al problema. ¿Y la Iglesia? ¿Cuál es su compromiso frente a la pandemia del SIDA en África?

 

El papel de la Iglesia
En un programa televisivo emitido por la “Catholic Radio and Television Network” (CRTN), el sacerdote canadiense Michael Czerny, fundador en Nairobi del “African Jesuit Aids Network”, ha explicado de qué manera la Iglesia católica atiende a los enfermos de SIDA, a partir de su propia iniciativa, puesta a punto en 2002, que consiste en una red de sostén, animar y comunicación.

 

A quien le preguntaba cuál es la importancia del trabajo de la Iglesia frente a los enfermos de SIDA y los seropositivos, el padre Czerny no ha dudado en afirmar que la Iglesia es la principal organización en África y en el mundo en la atención a estos enfermos. Su actividad es amplia y variada.

 

Desde el punto de vista médico, la Iglesia ofrece el 25% de los servicios relativos a la cura del SIDA. Si consideramos solo a África, este dato llega al 40% o más. Fuera de las grandes ciudades africanas, donde no existen centros de asistencia, llega al 100%. Normalmente los únicos lugares de tratamiento en las zonas más periféricas son los hospitales católicos, administrados por las diócesis o las congregaciones misioneras.

 

Más que un problema sanitario
El SIDA y el HIV, según el entrevistado, no son solo una infección o una grave enfermedad, es, sobre todo, un enorme problema cultural, social, familiar y personal. Es necesario considerar a la persona enferma en su totalidad.

 

Una persona seropositiva puede dirigirse a la Iglesia y a los hospitales católicos para toda una serie de atenciones sanitarias, pero también como sostén, en el sentido de que tiene necesidad en primer lugar de ser aceptada como persona y de ser animada a vivir el mayor tiempo posible, de modo que no viva el SIDA simplemente como una condena a muerte. En este sentido la Iglesia no se puede limitar a ofrecer servicios médicos, debe presentarse también como ”madre”, que está presente y lo estará siempre, mientras sea necesario.

 

Acogido en una familia
Para el africano la familia ocupa un lugar muy importante en su vida. Por ello el Primer Sínodo sobre África definió a la Iglesia como “familia de Dios”. Es indispensable, por tanto, hacer sentir al enfermo que es parte de una familia, tanto si necesita atención médica, como si se le ofrece asistencia y ayuda.

 

Nadie tiene derecho a juzgarlo ni a hacer cálculos de responsabilidad. Cualquier forma de condena está totalmente fuera de lugar.

 

Solo así, como ha ocurrido varias veces, las personas enfermas podrán decir lo que un seropositivo dijo: “Cuando descubrí que era seropositivo, maldecía mi vida, destrozaba mi existencia a través de comportamientos perversos; nada me importaba. Ahora soy seropositivo, pero vivo de verdad e intento dar a mi vida un sentido responsable para mi familia y para los otros”.

 

Otra forma de entender la enfermedad
Lo anterior explica cómo el africano vive la enfermedad. No siente o percibe directamente el problema del contagio y cómo defenderse. El preservativo, a pesar de sus ventajas, no puede ser la única solución en África.

 

Las estadísticas demuestran que la distribución indiscriminada de preservativos no reduce de forma significativa la tasa de la enfermedad. Su uso como principal y única estrategia preventiva no alcanza los efectos esperados, en buena parte porque contrasta con la cultura tradicional africana. Es necesario un planteamiento más amplio.
En África, de hecho, existen otras normas sociales y éticas que dependen de la familia, de la comunidad, de la tribu y que no son fáciles de modificar o cambiar.

 

Y no olvidemos otros intereses económicos
No son solo las decisiones personales las que explican determinados comportamientos, existen otras normas que tienden a orientar a las personas en determinados momentos de su vida.

 

No olvidemos que detrás del problema del SIDA existen presiones ideológicas y grandes intereses económicos.

 

Un científico estadounidense, Edward Green, director del proyecto de investigación sobre el SIDA en el Harvard Center, ha afirmado que ha quedado sorprendido por la semejanza que existe entre lo que dijo en Papa en su visita a Camerún y los resultados de las recientes investigaciones científicas. Sostiene que solo un comportamiento sexual responsable incidirá a largo plazo sobre la pandemia del SIDA.

Una responsabilidad común
A pesar de todo, ha concluido el P. Czerny en su entrevista, el SIDA es un desafío para todos, europeos, asiáticos, africanos y americanos.

 

En África lo es de una manera especial: afecta particularmente a cada familia, a cada comunidad y se convierte en un grave problema para los países

 

Probablemente se necesitará tiempo para tomar conciencia y asumir que solo a través del compromiso se puede liberar a África de la enfermedad, el compromiso de vivir la propia sexualidad de modo responsable, asumiendo las dimensiones sociales y culturales de la enfermedad.

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P. Juan Pedro Casiraghi
07/02/2012