Supervivientes: los otros pobres

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La Misión “ad Gentes” de la Iglesia siempre se vio como una actividad en la frontera. Normalmente en la frontera entre los cristianos y los no-cristianos. Eran claras las fronteras geográficas. Hoy la frontera pasa por situaciones humanas mucho más cercanas de lo que pensamos.

 

 

Al encargarme estas líneas se me pide que hable de los discapacitados mentales por ser personas que, a la hora de encarar la vida no cuentan con suficientes recursos para valerse con autonomía en la sociedad que vivimos. Esa sería su pobreza.
Algunas discapacidades hoy han quedado muy reducidas gracias a los avances de las ciencias médicas. Aquellas que se derivan de problemas perinatales, han tenido un feliz descenso hasta índices que, aunque varían mucho entre continentes, en el europeo está muy cerca de resolver casi del todo los traumas que se producían por dificultades en torno al nacimiento de un niño.

 

Supervivientes
Sin embargo, existen otros casos de los que vale la pena hablar, los derivados de anomalías cromosómicas que pueden detectarse durante el embarazo con una prueba, la amniocentesis. Entre esas anomalías, la más frecuente es el síndrome de Down, al que vulgarmente se llama “mongolismo”. En estos casos la ley española permite el aborto en los primeros meses. La consecuencia ha sido que los nacimientos de niños con este síndrome han disminuido en torno al 90%. A los pequeños que componen el 10% restante y que llegan a nacer, podríamos llamarles “supervivientes”. Han llegado a la tierra después de un duro control en el tiempo del embarazo de la madre. Se ha contado el número de cromosomas de sus células. En vez de los 46 que tenemos en nuestras células “los que nos consideramos normales”, ellos tienen 47, es decir, un cromosoma más. Y eso les somete a una muy severa criba. La ciencia, en este caso, ha sido camino para que se impidiera llegar a la vida a este grupo de seres humanos. Los que nacieron pertenecen a un grupo de auténticos supervivientes.
En la vida ordinaria llamamos supervivientes a los que han logrado sacar adelante su existencia en condiciones muy duras o en medio de catástrofes tremendas. Cada vez que se rescata una víctima –imaginemos los enterrados entre los derrumbes de Haití, o los que quedaron sepultados por un alud de nieve y se llegó a tiempo de liberarlos, o los que rescatamos a tiempo de una riada -, cada vez que eso ocurre, nos felicitamos todos, porque hemos arrancado a la muerte un ser que iba a ser su víctima. Es un superviviente: supervive, sobrevive.

 

Una pobreza no reconocida
Pero en el caso de los “síndromes de Down, el peligro de no culminar su recorrido vital no les viene de la naturaleza, que no tiene corazón; les viene de las personas, que lo tienen. Ese es su riesgo, esa es su pobreza, no tienen fuerzas para defenderse y caen en su gran mayoría, en un 90%.


Cuando es corto el número de ejemplares de una especie animal: el lince, el buitre leonado, los gorilas... se emplean mucho medios para evitar su desaparición. Con más razón que con los animales a los que se cuida de manera muy especial cuando corren riesgo de desaparecer, deberían las personas síndrome de Down ser declaradas especie protegida desde su gestación. Es un colectivo pobre en el sentido de que se le han arrebatado muchos de sus derechos a llegar a ver la luz de esta tierra, pero rico, muy rico en capacidades infrecuentes.
Voy a poner unos ejemplos: entre las discapacidades de la generalidad las personas Down está una primera que, desde luego yo quiero para mí. Están incapacitados para odiar, y aunque nos esforzásemos en enseñárselo con nuestros comportamientos, no aprenderían a hacerlo; no les sale, no pueden. ¿Es esto una pobreza? Si la generalidad de los hombres y mujeres nos pareciésemos a estas personas en esta “discapacidad”, desaparecerían las guerras, las persecuciones, las torturas o las esclavitudes.


Aun sabiendo que requieren atenciones especiales, la inmensa mayoría de estas personas son enormemente integradoras y terminan haciéndose ellas mismas un sitio en la sociedad por su capacidad de querer y de agradecer y por el afecto que muestran a quienes les rodean. Con motivo del triunfo de España en el Campeonato Mundial de Fútbol, hemos podido apreciar el comportamiento de Álvaro, el hijo Down de del Bosque. Vicente no se recata en afirmar de su hijo Álvaro es uno de los grandes regalos que ha tenido en su vida.


Resulta difícil hablar de determinadas pobrezas, sobre todo si se comparan con las limitaciones que arrastramos las personas que formamos parte de los oficialmente capacitados. ¿Qué persona Down ha comenzado una guerra? ¿Cuál de ellos ha sido capaz de torturar o de atentar contra alguien? ¿Quién de ellos es capaz de abusar de sus prójimos, arruinarles, traicionarles o difamarles? No sé de ninguna persona discapacitada que haya realizado ninguna de esas acciones.


Aunque hablo de personas pobres de sabiduría, si los miro a fondo tengo que reconocer que me parecen “ricos”, más ricos que muchos ricos.


En todo caso forman parte de un colectivo de SUPERVIVIENTES, a los que debemos mirar con sumo respeto. Ellos entran en los grupos humanos que más necesitan recibir el mensaje de un Dios que les ama incondicionalmente.


 

Xavier Ilundain S.I.

04/02/2011